(...)
Al llegar al hotel encuentro a Adam esperándome en la entrada. Todo el cuerpo se me estremece de solo imaginar su reacción me pone los pelos de punta.
—Al pa-parecer Auron no es el único tras los pasos de Jonathan —le entrego el sobre y este lo abre inmediatamente. El asombro y el desconcierto abunda en su rostro y no tarda en soltar lo que estuve imaginando.
—Hija de perra.
¡Oye!
—No te permito que hables así de ella.
—No me digas lo que tengo que decir o hacer. Es una desgraciada que está buscando al mismísimo lucifer, está haciendo daño a su propia hija y menos mal que te diste cuenta antes. Enséñale esto —mueve los documentos— a cualquier persona, súmale lo que sientes y lo que sucedió entre ustedes y veremos si no dicen lo mismo que yo —sin esperar un resultado departe mía sigue repasando las páginas. Por cada pasada sus cejas se hunden más y más. Las venas de su cuello se resaltan y su pecho sube y baja sin parar a causa de su respiración—. Mañana mismo llamaré a Jonathan, debe enterarse de lo que se está aconteciendo y si es posible huir del país, allí no estará a salvo.
—¿Y piensas que en algún otro lado lo estará? No podemos arriesgarlo.
—Déjame pensar, todo esto es tan repentino ¿Qué tan lejos es capaz de llegar tu madre solo por vengarse? Apuesto a que ni si quiera lo hace por ti. No me convence, siento que se nos está escapando algo relevante, pero no sé qué es.
Mi visión se pierde detrás suyo, ni yo sé que está circulando por su cabeza que la obliga a maniobrar todo a su vil antojo. El frío aumenta en la calle y me abrazo débilmente. Adam guarda las hojas en el sobre y se acerca.
—Mírame —obedezco—, todo va a salir bien. Eso que está haciendo es ilegal y de alguna u otra manera pagará, no solo ella, sino el policía y el resto de sus cómplices. Se que sonará loco, pero —resopla con un semblante lleno de dudas y en milésimas de segundos mira arriba para luego volver a mi rostro— nos conviene.
Mis ojos se abren como los de un búho. Creo que tanta noticias malas por hoy le han afectado las neuronas.
—¿Es que te has fumado algo o qué cosa? Si son mayoría acabarán más rápido con él —muevo las manos a modo de desespero. Al detenerme las conduzco a la cabeza y niego varias veces, anonadada. No soportaría que mi madre sea la causante de su muerte, no soportaría que gracias a mí Jonathan muera. Todo gracias a que pude haberlo evitado antes.
No, la culpa de nuevo no.
—Sam, cálmate por favor. No te sigas haciendo daño —me detiene sosteniéndome de los hombros—. Nosotros no estamos solos, así como ella tiene a los suyos nosotros también podremos.
Lo observo con ironía.
—Estás muy mal. Tal vez esos chicos estén solos con sus propios talentos para hacer el mal, pero acuérdate que Auron también se involucra, tiene a un gobierno tras suyo y no se cansará hasta encontrar a Jonathan o a mí. Incluso puede que uno de ellos esté cerca y nosotros ni nos hemos percatado.
De pronto, siento a Adam tensarse sobre su sitio, aquella reacción me pone los pelos de punta. El frío continúa en aumento, pero nosotros seguimos aquí sin hacer algo. Parece formular varias cosas por su mente, ¿qué divagan?
—Ella —dice únicamente a modo de susurro. Sus brazos tiemblan, no tengo idea si es por el aire congelado o por la fuerza que ejerce sobre sus músculos.
—¿Ella?
—La chica que estuvo con él. Mañana por la mañana lo llamaré y acordaremos un plan de escape. Por ahora ve a descansar, de nada nos servirá razonar un ejército de ideas. Jonathan es muy inteligente, no creo que caiga.
—¿Que...Qué quieres decir con eso?
—Nada, ahora solo necesitas dormir, ya veré qué hacer.
Eso suena como una despedida, pero no quiero irme, me tiemblan las extremidades. Lo único que menos quiero hacer es regresar a la casa donde se resguarda una cruel líder.
—¿Crees que pueda quedarme solo por esta noche? —pregunto de frente, sin temor a lo que pueda pensar.
El ex soldado me echa un ojo como analizando mis condiciones y asiente con la cabeza.
—Sam... —me llama desde atrás.
Luego de entregar mi identificación al guardia de seguridad entramos al pasillo y nos hallamos subiendo las escaleras. Ya no corre tanto aire, eso me alivia un poco.
—Dime.
—Confía en él.
—¿Cómo quieres que...?
Me corta la interrogante.
—Solo hazlo. Después él sabrá qué hacer.
Lo que acabo de oír no me da tanta esperanza, pero lo que sí reacciona en mí es la seguridad momentánea. Y suena egoísta porque puede que yo me sienta así ahora, sin embargo, él no lo está.
Llegamos al pequeño cuarto y es extra de mencionar que solo hay cosas básicas. Entre todo el orden logro divisar un cuadro donde aparecen varias personas reunidas en una sala. El ambiente se muestra muy agradable y lleno de energía. Entre todos puedo ver al padre de Adam, no necesito meditarlo para extraer la igualdad que hay en ellos, y al resto que sonríe alegremente al igual que una chica muy joven con cabello rojo vino que posa en medio. Pero algo me pregunto: ¿dónde está Adam?
—Ya puedes dormir —su voz grave hace que de un respingo y me despabila de mis pensamientos al sentirlo tan cerca de mi oído—. Por favor ahórrate las preguntas, a partir de mañana solamente debemos concentrarnos en eso. Y esta vez dormiremos juntos, está bien que esté acostumbrado a ser rígido hasta en la hora de dormir, pero eso no significa que tenga las mismas energías si sigo durmiendo en el suelo.
No pongo objeción y me dirijo a la cama.
—Buenas noches —me despido dándole la espalda algo incomoda y me cubro con la colcha. Es la primera vez que duermo con un "amigo".
—Deja de inquietarte, no es a ti a quien quiero en esta o en otra cama conmigo.
×××
A la mañana siguiente el mismo sonido de la alarma me despierta y Adam ya se halla de pie para hacer su rutina de ejercicios.
—Ni creas que vas a a dormir, debemos pensar qué hacer y llegar a clases temprano —contesta muy seguro y activo, como cada día.
Aún es de noche, los ojos me arden y mi cuerpo se deja llevar por el peso del cansancio. Aunque tenga razón, debemos ganarle al tiempo si queremos que todo salga bien.
—Cuando llegue al campo lo llamaré y coordinaremos.
—¿Y qué se supone que yo haga?
—Lo pensé con más calma y es mejor no involucrarte, puede que tu mamá pueda comprometer a tu padre o a tu hermano sin que se den cuenta y debes estar al tanto. No queremos hundirlos en el mismo agujero así que es mejor que sigas tu rutina de siempre: casa, universidad, universidad, casa.
Arqueo una ceja como quien quiere tragarse tal barbaridad. No pienso dejarlos solos. Al igual que ellos también es mi problema y debo estar ahí.
—No.
—Samara, no sabemos si Valezka está a la par con tu madre, recuerda que ellas dos se llevan muy bien; y por parte de Zoe no tendrás de qué preocuparte, puesto que la expulsé. Pero te pido que le eches ojo a la morena, si es posible vuélvete su amiga e investiga todo.
—Jamás haría tal cosa. No la usaré para mi beneficio.
—Por favor, hiciste casi lo mismo con Jonathan —responde con las manos alzadas como quien no entiende una situación.
—Sí, y mira a qué nos llevó —vuelco los ojos y me levanto de la cama.
—Pudo ser peor.
—Lo intentaré —desanimada, me propongo ir al baño y asearme lo que pueda.
Dos horas después regreso a casa y no logro ver a mis padres, deben seguir durmiendo, supongo. Ya ni sé si creer en mi propia familia cada vez que mueven un dedo.
Suspiro. Extraño mucho a mis amigos, ¿qué será de ellos?
Pasa una hora y voy haciendo mis quehaceres y seguido de culminar organizo mi maleta. El timbre de la casa se hace escuchar y deduzco quien es. Con tranquilidad me encamino a la puerta y no me sorprende ver solamente a Valezka.
Le hago pasar.
—¿Estás segura? Imaginé que ni querrías venir conmigo.
Ordeno muy bien mis palabras y contesto:
—Por favor, toma asiento —apunto al mueble de mi sala. Ella, con extrañeza, sigue mi señal—. He sido muy dura contigo y no te voy a mentir estoy muy molesta, pero solo fueron momentos difíciles que debo aprender a manejar. Empecemos de cero, ¿qué dices? —en estos momentos me siento terrible. No quiero alegrar el corazón de alguien que alguna vez me decepcionó en el pasado, pero es un riesgo personal que debo correr.
—¿Estás bien, Samara? Me cuesta creerte de la noche a la mañana, más aun con lo que Adam me dijo...
A penas oigo su mención mis cinco sentidos están en posición de marcha dispuestos a atender. Val parece reflexionar. Si hacemos una comparación entre ella y yo pues de su parte se ve que le cuesta mecanizar sus pensamientos, sus ojos se arrastran de un sitio a otro y sus dedos palmean el otro. No hay seguridad. Cuando me inclino hacia adelante esta parece asustarse y retrocede al siguiente cojín del mueble. Sabe que cuando algo me interesa le dedico mi completa atención, a pesar de que tenga una premonición de que sea mentira o no.
—Te escucho.
—Verás... —y ahí otra vez, sus dedos juegan sin control.
—Y sin mentiras —recalco.
—O no, no, no, no...Será la verdad. Él acusó a Zoe injustamente por su actitud en defensa y la expulsó, luego, como al parecer quiso desahogarse con alguien más, me vio a mi y me envió a dirección hoy por la mañana —las lágrimas se le escapan— ¡El entrenador me odia, Samara! —se apega a mi hombro en busca de consuelo— Y eso no es todo. Me dijo cosas horribles, que no quería vernos juntas, que si lo hacía me iba a expulsar y si era posible él se haría cargo de hacerme sufrir por el resto de mi vida si me acercaba a ti. También me echó en cara su noviazgo y que en pocas palabras me hizo sentir insignificante cuando me dijo que soy una lesbiana de mierda, que por ese motivo principal fue que te alejaste de mí y no por lo que ni yo sé qué habrá sido. Todo pasó tan repentinamente en el hospital que ni si quiera tuve explicaciones. Nadie me las quiso dar. La pasaste mal, lo sé, ¿pero te has preguntado cómo es que me siento? —su brazo rodea mi cintura y la mitad de su cuerpo cubre el mío apegándose en espera de un gesto mío.
¿Cómo? No tiene sentido. Si esta mañana fue él quien me dijo lo contrario, que me acercara a ella aunque para otras intenciones. En ningún momento habló mal. Añadiendo que con lo poco que lo voy conociendo y a pesar de su rigidez no seria capaz de decir eso. Tiene una visión de la vida muy entrenada por lo que fácilmente puede distinguir entre lo correcto y lo que no, posee una personalidad intacta y enderezada, no obstante jamás se rebajaría a disminuir a otros solo por sus gustos. Por último no somos novios; que tenga entendido solo le hizo saber que somos mejores amigos según aquella tarde después de la universidad.
Paralelamente, jamás me pregunté que estaría pasando dentro de ella, sea verdad o no lo que haya dicho se debe sentir horrible. La posición en que estamos me atrae al pasado cuando ella llegaba mal a mi casa y se echaba en mis piernas para desahogarse toda la tarde y después veíamos películas. Aunque todo haya sido un engaño la pasé muy bien a su lado.
Lástima que solo puede haber una amistad. No siento lo mismo que ella sentía, o sentirá todavía.
—Me cuesta creerte —me pongo de pie.
—¿Cómo puedes ser novia de alguien tan horrible? ¿Te das cuenta de lo que me hizo? ¡Yo también soy víctima! —exclama con el rostro enrojecido.
De repente su rostro se transforma al de uno muy molesto. Nos vemos como dos personas a punto de tener un enfrentamiento físico.
—Cálmate, no quiero que vayas a despertar a mis padres. Solo quiero que estemos bien, no vayas a exagerar con tus dramas.
La escena de lo que hizo cuando estaba con Adler en el almuerzo y cuando llegó Adam me dio a conocer a la verdadera Valezka, una muy atrevida y sin temor a hacer sentir inferiores a otros, posesiva y malcriada.
—¿Hacer qué? ¿Enamorarme de mi mejor amiga y no decirle nada por temor a perder nuestra amistad?
En ese entonces mi padre desciende por las escaleras interrumpiendo la charla y desatando el cargazón que casi da inicio a presentarse entre nosotras. Nos visualiza con el ceño fruncido.
—Buenos días chicas ¿Por qué la discusión tan temprano? —a continuación sus ojos atrapan los míos— Tu hermano sigue durmiendo y ha sido una noche difícil para él, peor que no te vio en tu habitación —quiero hablar, pero la mano en alto de mi padre silencia mi voz inmediatamente—. Lo platicamos luego, llegarás tarde a clase.
Y sin más desaparezco de la casa. No volveré a fallarle a Daniel. Diablos, su proceso iba muy bien, se supone que ya lo había superado. Me imagino que habrá querido ir al baño y al pasar por mi habitación se dio cuenta que no estaba. La paranoia debió volver a invadirlo, a recordar escenas de esa noche donde quedó con secuelas de un trauma.
Esta vez tomo el bus y en pocos minutos me deja tan rápido que me pongo a pensar ir nuevamente en transporte mañana mismo.
Le resto importancia a Valezka el si estará aquí o no, da igual, está conmigo en las mismas clases.
El reloj marca las ocho de la mañana y nos toca cursar metodología. Odio esa materia. Como lo supuse la morena pasa la vergüenza de toda la clase por llegar tarde y el profesor la manda al último asiento como castigo.
Sin embargo, creo que el castigo es para mí, dado que el único asiento libre es el que está a mi lado.
ADAM
Tengo hambre. Tengo tanta hambre que me comería un elefante. No, que sean dos. No he tomado un buen desayuno y eso no es bueno para el ritmo corporal que debo mantener si soy entrenador.
Aidan, el bravucón que enfrenté hace poco en los vestidores, lo envío a las bancas como castigo. Por hoy perderá esta clase y solamente lo apreciará desde su posición. A continuación, Adler, el amigo de Samara, hace acto de presencia y en vez de que pueda estar otro día en las bancas lo traigo al grupo para ver su desenvolvimiento en la cancha. Me enteré que quiere postular al equipo de fútbol y puede que hoy sea su oportunidad de entrar.
En medio del campo, luego de ordenar a los chicos que troten diez vueltas alrededor de la cancha, les doy quince minutos de descanso y aprovecho para llamar a Jou. Me alejo de todo el bullicio y me posiciono tras la bancas. Desde aquí nadie puede verme ni oírme.
Al tener el aparato en mi mano de forma veloz ingreso a llamadas recientes y doy click en su nombre. A la primera no me responde así que vuelvo a insistir.
—¿Jonathan? ¿Qué es...? —oigo mucho movimiento a través del parlante, al igual el esfuerzo que hace para vomitar. No está nada bien— ¿Estás arrojando? —hasta que hago memoria de las borracheras que se ha estado dando por los problemas y me arrepiento de sentir compasión por él— ¡¡Eres un estúpido!!
—Por lo visto no necesitarás esto —esa desconocida voz femenina hace que sacuda mis teorías mentales hacia Jonathan. Adicional a esa voz, se oye como si movieran varios objetos y entre ellos el casquillo de una pistola. Puedo reconocer ese sonido, ese y el de varios tipos de armas gracias a mi tiempo en el ejército—. Ella estará muy feliz —finalmente se escucha el golpe de una puerta cerrándose.
—¿Jonathan? —la línea sigue activa, pero él no atiende— ¡Responde! ¿Qué sucede? —Nada. No hay señales de vida. Cuelgo la llamada. Lo que me alivia es que no se percibió ni un disparo, así que solo fue una defensa por parte de ella.
Me estoy preocupando. Puede que ya hayan iniciado...Lo sabía, esa mujer tenía que ver. Le dije que la echara lo más antes posible, ¿qué rayos hacía en su casa? Jonathan no es nada ingenuo, me sorprende que la haya dejado seguir. Qué desastre se va a desatar pronto cuando nos veamos las caras. Solo me queda una cosa por hacer, llamar a Samara. Menos mal queda un poco de tiempo, el descanso es en general. Cuando me responde le digo para vernos inmediatamente en la cancha. Ella acepta sin enredos.
En cuatro minutos llega corriendo y por lo que ve en mi expresión me dedica una impactada y seria mirada.
—No te alarmes, pero parece que ya uno de los cuatro lo encontró.
Niega varias veces.
—¿Sabes quién de ellos? —balbucea un poco.
—Era una mujer y a lo que nos hemos informado es la única de los cuatro que vimos ayer en las fotografías.
—Mierda ¿Dónde está Jonathan?
—Se le oía muy mal, de pronto una mujer entró y lo amenazó con un arma —sus facciones son de terror—. No quiero asustarte pero quedó inconsciente. Antes que reacciones tengo otra idea, escucha con atención. Me pondré en contacto con unos compañeros de mi anterior "trabajo" —hago comillas en el aire con mis dedos— para tener apoyo y protección. Seguido llamaré a otro más, solo que este conoce a Jou, para que lo busque ahora mismo. Y concluyendo me comunicaré con Patrick, ya que parece ser un buen hombre sobre estos casos y su sed de venganza solo lo impulsará a actuar con más valentía, puede que nos sirva de algo.
—¿De algo? —cuestiona, un poco temerosa.
—Claro, porque muchas veces la rabia, el hambre de venganza, nos hace reaccionar sin razonar y puede que actuemos mal a la hora de atacar solo por dejarnos llevar, sin embargo, me voy a las decisiones que se toman rápidamente. No hay un "lo pensaré" o "veré". Sé que dirá sí a la primera. Aquella noche en la mansión de su ma... diré directora, demostró mucho al disparar a Jonathan solo porque te hizo daño. Eso dice mucho de él. Quizá no lo veas así, pero necesitamos a alguien más sin escrúpulos, lo necesitamos a él.
—Adam, él está en España en busca de la pareja de su madre. No creo que quiera volver aunque le digan que el asesino está aquí.
Carajo. Qué chica tan ciega. La acusación hacia ese tipo es la misma que el castaño español mencionó antes de viajar. Ojalá quiera el destino que coincida. No cuesta nada intentarlo.
—Haré que te des cuenta, mientras tanto seguiré haciendo lo mío. Todo deberá estar confirmado esta noche y tú sigue obteniendo información de Valezka. Te veo más tarde y te daré detalles.
Estoy retirándome del sitio hasta que mis pies detienen su caminar al notar que la ojiazul no camina conmigo, sino que sigue como estatua atrás. La miro por el rabillo del ojo.
—Me es difícil entablar con ella, aparte me dijo cosas que no sabría asegurar si son ciertas o no.
—¿Cuáles? —arqueo una ceja, confuso.
—Le dijiste cosas muy horribles.
Pongo los ojos en blanco, eso ya se veía venir.
—Jajajaja...Quiere hacerse la víctima, no le hagas caso. Quiere tenerte a su lado y alejarte de todo lo que anhelas ¿Te das cuenta?
Se queda pensativa.
—Puede que tengas razón. Ha estado comportándose como si yo fuera un premio el cual tener.
Claro que la tengo. Por favor, el que le diga que seré su peor pesadilla no significa que soy alguien malo ¡Por favor! No lo soy. Bueno...tal vez me pase un poco.
En fin, manos a la obra.
—Eso es muy cierto. Te veo esta noche —la despido alejándome de ella.