Mentiras al descubierto

1600 Palabras
Narrador omnisciente Esa noche el aura de tal casa es total silencio, pero uno incómodo y tanto que se vuelve molesto. Zoe no asistió a clases esta mañana, por lo que no pasó a casa de su chica ¡Ya qué!, se lo había dicho la noche anterior. Por parte de Valezka, solo intentaba descubrir qué era eso que Zoe tanto ocultaba. —¡Ya no me ocultes nada y dime la verdad! —vocifera la ojigris al punto del quebranto— Sé que no fue coincidencia que ella al ver nuestros rostros haya cambiado de actitud en especial hacia mí, si lo único que hice fue ir a verla a penas me enteré de su desaparición ¡Me echó como a una rata callejera! Zoe, cruzada de brazos y sus piernas y mostrándose tan desinteresada, contesta: —Solo hice lo que debiste hacer desde un principio. Además, si no hubiera sido por mí no estarías aquí y no sabrías la verdad —pronuncia con abundante tranquilidad. ¿Y qué le iba a afectar esa tristeza que Val sentía por su rival? La odiaba, la odiaba demasiado. No iba a permitir que su chica fuera a los brazos de esa mal nacida. Por esa razón aceptó estar con Mabel. Porque Valezka lo vale, insaciablemente lo vale. —¿De cuál verdad hablas? —se coge los cabellos y los estira hacia atrás. Comienza a desesperarse. Se acerca a la ventana por un poco de aire, pero ni eso es suficiente, se quiere ahogar con el propio oxígeno que sus pulmones reciben. —Esa chica de la que todavía sigues templada —voltea los ojos— ¿Por qué no entiendes que no quiere saber nada de ti? —Zoe se puso de pie— Me tienes aquí y tú sigues arrastrándote por esa zorra. Entonces Valezka se deja guiar por su instinto girándose como el exorcista y arremete contra la morena, una jaloneada de cabello y dos cachetadas que la tumbaron al suelo no fueron suficiente para desquitarse con la ira que se introdujo en su ser apenas oyó ese calificativo hacia Samara. —No te permito...que hables así...de ella —ralentiza cada palabra que expone con advertencia, veneno e ira. Su pecho sube y baja con rapidez. La morena no tiene escapatoria, es consciente que si tiene que estar a la mano de Mabel no podría estropear la cercanía de su enamorada. —Está bien, está bien... —se cubre la cara para protegerse de los golpes, al mismo tiempo conservando la calma, esa que desde un inicio empezó a colmar a Valezka— Yo fui la que le dijo todo eso aquella noche, por eso se alejó de ti. —¿De qué hablas?  —El mensaje. A partir de ese entonces la ilusión que tiene hacia Zoe se destruye como un misil atacando una casa, a un pueblo entero. Fue ella quien rompió la amistad.  Eso significa que...Los mensajes que estuvo enviándole a Samara en todo ese tiempo jamás le llegaron porque cabe la probabilidad de que Zoe los haya eliminado. Pero eso es casi imposible... —¡Tú me mentiste!  —No mi pequeña, aquí las dos somos mentirosas —lanza la segunda carta. —¿Por qué me incluyes?  Se relame los labios y sonríe —Te conozco linda, harías lo que fuera para tenerla de vuelta aunque sea como amiga, no te cuesta nada engañarla y apuesto a que eso mismo hiciste —el rostro de Valezka es indescifrable, ¿cómo podía saberlo? —Tú no sabes nada —musita—, no entiendo que fue lo que me llamó la atención de ti, me has arruinado ¡Arruinaste la vida que tenía! No importa si llegábamos a ser algo ella y yo, el cariño que le tengo es tan inmenso que me pude haber conformado con su amistad si lo nuestro no era correspondido, hasta no habría problema en estar a tu lado. Pero lo peor es que te dejaste llevar por tus celos enfermizos y mira ahora. —No me hagas reír —se limpia una lágrima imaginaria— echándome la culpa. Si te conviene mantenerla a salvo entonces por tu bien deberás alejarte de ella. No, no puede, no quiere. Es más, tiene la esperanza de que se vuelva a iniciar algo entre ellas, qué importa amistad, porque algo claro que tiene es que esa mañana ella le dijo que quería empezar de cero. A partir de ahí todo fue rosa aunque haya querido ocultarlo, pero finalmente se desplomó tal ilusión por terminar discutiendo. Hablando de Zoe, se arrepintió notablemente de haberla defendido, en haber mentido por ella. Me odia, Sam me odia, ni en clases me dio la cara cuando me pasaron al final y tuve que sentarme a su lado. Y todo por su culpa...Zoe. —No quiero verte nunca ¡Largo de mi casa! —a golpes y empujones la conduce hasta la salida de su cuarto. Quiere estar sola, quiere tener toda la noche para sí misma y desahogarse por lo tonta que ha sido. Estuvo con un monstruo. —No sabes lo que haces, ¿estás escuchando? Te están advirtiendo que te alejes de ella. Yo solo quiero lo mejor para ti, si sigues tratando de estar a su lado solo vas a empeorarlo y ella puede salir perjudicada, ¿quieres eso? —varias risotadas salen a la luz de parte de la blanquiñosa. —Por favor, Zoe, contigo ya no deseo nada. A partir de este momento te alejarás —justo cuando piensa ponerle fin a la situación Zoe agarra sus cabellos y la acerca a ella de manera posesiva y agresiva. Valezka se queja de dolor e intenta arañarle la mano y los brazos, pero es inútil. —En menos de que lo esperes ella estará muerta y no te quedará otra opción que venir a mí —la zarandea—. Ya verás que tuve razón y bajo ningún motivo dejaré que ella se te aproxime a ti o yo misma la acabaré —deja de presionar su cuero cabelludo y acaricia suavemente la mejilla, esta está resbalosa por las lágrimas que repentinamente salieron debido al inmenso dolor. Sí, seguía siendo suya—. Si prometes ayudar esto no volverá a pasar, no me hagas enfurecer a la próxima, sabes que odio lastimarte y no quiero armar un escándalo como la primera vez —los ojos de Valezka se agrandaron al traer ese terrible y vergonzoso momento a su cabeza—. Muy bien, me agrada que lo tengas en cuenta. Cuídate, preciosa. Y su presencia se esfuma en cuestión de segundos. Inversamente, Valezka no siente la necesidad de ir hacia su cama y de inmediato su cuerpo se desvanece por los suelos. Gruñe de impotencia, sus manos se transfiguran en puños y da varios golpes sobre el piso, gritos y más gritos se expanden por los aires. Diez en punto de la noche, las manos de Valezka están magulladas y rojas de la fuerza con las que azotó al suelo. Entre sus sollozos hace reminiscencia de su infancia; poco a poco va parándose, no es momento de llorar, piensa con una débil sonrisa implantada en el rostro. Esos paseos, esos juegos, esas risas que compartían cuando eran tan solo unas niñas...Con el paso de los años solo fue hundiéndose en la incertidumbre de creer, o asegurar, que sentía cierta atracción hacia su mejor amiga. Prefirió tomar la alternativa de retener ese gusto, interés y seguir con la cadena amistosa. Hasta que cayó el día de su viaje sin retorno y su mundo se desmoronó al saber que no volvería a tener a Samara a su lado. Empezar una nueva vida sin su mejor amiga le iba a caer muy bajo, pero no se percató que con la llegada de Zoe, su compañera de salón, todo iba a cambiar, y no para bien. Recién lo acepta. Desde hace minutos acepta que hizo mal al aceptarla como enamorada solo para olvidarse de Samara. Estuvo equivocada. Para variar, vivió en un engaño y no estaba en sus manos anular aquello. Así que, reuniendo todas las buenas vibras suficientes, agarra su celular y hace lo menos pensado. —Sam, soy yo, Valezka, ¿estás bien? —pregunta intentado no tiritar. No quiere que Samara se entere el daño que Zoe le propuso, no puede hacer nada. Hasta hace poco no podía aceptar su capacidad para dañar y amenazar, pero ahora está más que segura la gravedad que dejaría si cumple con lo prometido. Algo está claro y es que su ex mejor amiga anda en peligro. Dios, quiere morirse. —S-Sí, acabo de llegar a casa, te hablo luego —sin darle chance de responder corta la llamada dejando a Valezka con la palabra en la boca. Ese agrío sabor que se va evolucionando en su garganta solo significa una cosa. Por el tono de su voz, el titubeo al intentar afirmarle su interrogante y la corta despedida podría predecir que solo estaba pasando por problemas. Y ella no está ahí para protegerla. Quiere ir, está a un pie de la entrada para salir e ir en su búsqueda, pero tres letras que forman un nombre femenino le atraviesan la mente: Zoe; sinónimo de venganza, salvajismo, posesión y celos, eso la detiene. Sabe perfectamente que –le cueste decirlo- su aún enamorada nunca incumple sus promesas. Traga saliva nerviosamente. —Debo ir, no puedo quedarme aquí, la conozco y sé que no anda bien —con contundencia susurra hacia sí misma— ¿Qué debo hacer? 
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