CAPÍTULO UNO

3221 Palabras
La campana de mi alarma suena. No, no me quiero levantar. Quiero dormir todo el día, que en mi almohada queden marcadas las facciones de mi rostro, que mi sábana me cubra de la luz solar que se atreven a darme calor. Diablos, no necesitaré esto. Mi sábana se corre hasta toparse con el suelo. Me volteo para seguir durmiendo. Todo es una mierda, no quiero nada. Nada. —¡Samara, a levantarse! Hoy es tu primer día de clases —Mabel intenta darme ánimos con esa frase tan alentadora. Si supiera que está desmotivándome el triple.   —Ya voy. No quiero tener nuevos compañeros, eso implicaría ser amable y por ahora no me apetece ni fingir; no quiero visitar nuevas aulas y conocer materias de las cuales prefiero atender en otro momento que no sea hoy, ni mañana... tal vez hasta que todo se solucione y por fin pueda ser yo misma, ser libre y no atarme a lazos del pasado que, por lo visto, todavía me persigue como líquido ponzoñoso por mi ser. En pocas palabras, refiero a la nota de ayer que recibí en mi cama. Boto el aire alojado en mis pulmones y me incorporo. Sin calzarme, voy al baño y me adentro a darme una ducha. Con la astenia masacrándome en cada sentido, me seco con una toalla, me mudo de ropa y, sin notar la apariencia de mi cabello, bajo a la sala. Mi madre, con la misma expresión endurecida de todos los días, sirve el desayuno sobre la mesa. Mi padre y mi hermano ya esperan para iniciar con engullir los alimentos. Tomo asiento. —¿Es tu primer día de clases y te vistes así? —me regaña mirándome con indiferencia y señalándome de arriba abajo con su mano. En los ojos de Will se refleja la desaprobación hacia su mujer. —¿Desde cuándo me has juzgado por mi vestimenta? —arrastro la silla dispuesta a pararme— Ya estoy harta de tu actitud. —¡Desde que no echaste a ese tipo tras las rejas! Todo lo que veo en ti me da repulsión y vergüenza —el timbre suena deteniendo lo que pudo haber sido una escandalosa pelea a estas horas de la mañana. Ella expulsa humo por los orificios de su nariz y yo voy desacelerando mi respiración. Discutir sobre ese asunto ya no tiene sentido; mi madre sigue sumida en mi "errónea" decisión. Entiendo que la decisión que iba a tomar tendría sus consecuencias, y muy duras hasta la actualidad, pero nunca se me cruzó por la cabeza que tendría el desprecio más grande del ser que me dio la vida.  Mi padre es quien va a la puerta a atender, y para añadir un motivo más a refugiarme en mi cuarto y no salir, es la indeseada aparición de Valezka, con mochila en mano y sonriendo inocentemente, bajo el umbral de mi casa. Pero lo peor es que vino acompañada de esa chica. ¿Qué ideas le habrá metido en la cabeza para que continúe a su lado? —Buenos días, Will —saluda muy animosa la chica de cabello marrón y se asoma a un lado para poder verme—. Buenos días, Sam. Aunque hayan sido poco tiempo en que iba con Patrick a mi anterior universidad, extraño que sea él quien me recoja. Reluzco una sonrisa sin energía. Ya veía venir la presencia de Valezka; sí, ha estado buscándome varios días con la intención de charlar y he evadido sus invitaciones, este día no iba a ser la excepción. En cambio, Zoe, a simple vista, se le puede notar que fue obligada por ella a venir aquí. Sus facciones de aburrimiento y de querer largarse de una vez se percibe a kilómetros de distancia. —¿Vienes con nosotras? —pregunta, la que una vez fue mi amiga. —No me queda de otra —digo sin más. Con el desayuno en la mano y la mochila cargada sobre mi espalda me despido de Dani y voy hacia mi padre para hacer lo mismo. Este me observa con negación, pena y enfado, toda una mezcla de imperfecciones que no van para nada con su verdadero semblante, al no acercarme a Mabel. Encojo los hombros y sonrío sínicamente haciéndole entender que dejé de ser hija de esa señora y me convertí en la vergüenza de la familia. Terminamos, según yo, con mucha impaciencia en pasar por una calle muy larga poblada de restaurantes públicos y gente empresaria, calculando el tiempo exacto en terminar: aproximadamente diez minutos en cruzar. Demonios. Si me tardaré diez minutos en llegar a clases solo por atravesar esta avenida me inclino por tomar el bus o cortar camino. —Preciosa, ¿paso a buscarte a la hora del descanso? —escucho a Zoe hablarle a Valezka, tan cariñosa y desinteresada de qué pudiera ver o pensar. Si supiera que estoy revolviendo mis objetos de la mochila para buscar mis audífonos. Al poseerlos tomo cada casco y lo entierro en mis oídos, luego enciendo mi celular e investigo cualquier canción al azar de mi álbum y la reproduzco. Las dos muchachas están delante de mí, por lo que no es de su interés en saber si sigo presente o no, bueno, hablo más por Zoe. La otra le responde muy bromista y divertida sin percatarse de mi aburrimiento. No es que no quiera, pero ahora estoy sintiendo una huella vacía intensificándose de a poco en mi interior ¿A esto lo llaman soledad? Estoy trayendo a mi mente toda la experiencia que he vivido y quiero contárselo a alguien. Quiero sentirme escuchada. Me siento sola, no tengo a nadie y, lamentablemente, está pasando porque así lo quise, porque así lo quiero. —...Yo te aviso —la canción Rise de State of mine concluye, y justo cuando eso se acontece oigo a Valezka responder un: "yo te aviso". No pretendo ser impertinente en su conversación, sin embargo, ocurre que la curiosidad corroe a muchas personas, así que lo que hago es pausar la canción siguiente y empiezo a oír lo que cuchichean. El parque al que fui hace unos días está a poca distancia de que la atravesemos, en pocas palabras, está a dos casas y un instituto aliado con la universidad. Ya estamos cerca. —¿Lo dices en serio? Es que no sabes lo que estás diciendo, ella ya no quiere saber nada de ti —Zoe voltea hacia mí para corroborar que no esté husmeando y vuelve a su lugar al verme palmeando mis piernas al ritmo de cualquier supuesta canción que se expanda por mis auriculares— ¡Entiende! Te trató como basura aquella vez en el hospital... —Y es por eso que sigo insistiendo, quiero saber por qué fue que me trató así ¿No entiendes que en mucho tiempo no me he comunicado con ella y esa actitud inesperada es la que recibo? No hay razón alguna. Veo que la chica se tensa sobre sus propios pies, hasta puedo decir que está deteniendo sus pasos, sin embargo, vuelve a retomar el ritmo anterior y consigue dar a su lado. —Pe-Pero me estás diciendo que en varias ocasiones has querido conversar con ella y te ha rechazado, ¿por qué insistir? —farfulla. Discretamente repite la acción de antes y yo finjo perderme en el parque en que, por no decir cotidianamente, también suelo distraerme— Debes dejarla ir, si Samara no quiere tu amistad... —No me rendiré, fue mi culpa, le oculté un hecho, y conociéndola bien eso le habrá afectado más que decirle la verdad de mis sentimientos y quien sabe, romper la amistad, pero quiero recuperarla y saber cómo fue que llegó a enterarse. Quiero volver a ser su amiga... —chasquea los dientes— Ya veré qué hacer con... —de pronto, un silencio exasperante hace aparición y en segundos se esfuma— nada, olvídalo. —¿Hacer con? —quiso saber Zoe, elevando sus perfectas y delineadas cejas. —Nada, por favor no insistas. Hasta yo muero por saber qué había cruzado por su cabeza. En la única forma en que llegué a saber sobre su relación fue cuando iba con Jonathan en el aeropuerto, las vi juntas y eso me partió el corazón, enterarme de algo que ella siempre mantuvo oculto ¡Ay! Ni sé porqué me afectó tanto, será que odio que me oculten las cosas. Añadiendo ese mensaje de texto que esa mujer me envió; enlacé cada hecho y de allí tuve una idea general de qué estaba sucediendo. —Encima que voy a soportar que estudien juntas debo pensar que algo estás manteniendo en secreto —la mirada de Valezka no es para nada amigable, y por lo visto Zoe lo sabe, ya que su expresión de furia cambia al instante. Conozco a esa chica de, ahora cabello ondulado, y no le gustó para nada lo que su enamorada le había soltado— Ok, no diré nada más, pero lo hablaremos luego —advierte la chica de cabello oscuro y rodea su cintura para seguir no sin antes lanzarme una molesta ojeada. Las ganas de escupir fuego por la boca y decirle a cada una sus verdades no me faltan, así que me muerdo la lengua para evitar hacer o decir cualquier estupidez. La universidad que está al frente mío es gigantesca y demasiado llamativa; ventanas cristalinas resplandecen en los tres edificios de al fondo, y en el cuarto, que es el principal y que se aloja en medio, consta de una ancha entrada de dos puertas de vidrio. Por fuera unos cuantos árboles bien cuidados adornan el campo en general, sin embargo, dos hacen la diferencia, los cuales se ubican a cada lado del edificio principal y son más conocido como: árboles ornamentales. Sus hojas, en el clima otoñal, cambian de color a rojas, violetas, amarillas y marrones, hasta que les llega la hora de partir de sus raíces. Por finalizar, un símbolo de la bandera alemana cuelga desde el borde de la torre estudiantil. Todo emana calidad y excelencia profesional. Respiro  profundamente; hoy es mi primer día, espero no me lo arruinen, o arruinarlo yo misma. —¿Vamos? —Valezka se dirige hacia mí. Las tres vamos en dirección a la entrada. Zoe empuja la puerta para hacernos pasar, o bueno, eso pensé hasta que se interpuso en mi camino y seguir adelante. Por poco no me golpeo con la misma. —¿A dónde? —ella niega divertida, haciéndose a un lado y mostrándome el amplio e iluminado pasillo compuesto por los tan comunes casilleros verdes, unos cuantos ventanales a cada lado y más al fondo los salones que nos esperan para recibirnos. —Recuerda que tenemos los mismos horarios y cursos —menciona ella, tan feliz. Justamente el recuerdo de Valezka comentándome con esmero y alegría respecto a su carrera de medicina se estrella como un meteorito sobre la tierra contra mi cabeza ¿Cómo pude haberme olvidado de su profesión? ¡Agh! Odio esa carrera. A la justa escogí psicología y adentrarme al mundo de la medicina iba a ser fatal, aparte que abarca más tiempo tendría que empezar de cero haciendo a un lado todos mis conocimientos aprendidos de mi antigua carrera. Quiero irme. —Me avisas si paso por ti en el receso, cuídate, amor —le da un beso en la coronilla de forma posesiva y se aleja de nosotras moviendo las caderas de un lado a otro ¿Qué mas puedo decir? Tiene buen cuerpo. Ya veo porqué Valezka le echó el ojo. Desde que perdimos comunicación no he vuelto a dirigirle la palabra, no me atrevo y no pienso gastar oxígeno para hacerlo. Pero detesto ser orgullosa o resentida, no me siento tranquila. Ya la perdoné, aunque, tal vez por lo que estoy sintiendo, no sea suficiente. Mientras observo el sitio, sin decir nada, percibo los nervios de la joven de cabello ondulado, como si quisiera decir algo, pero después de meditarlo guarda silencio. Me da algo de incomodidad y lástima verla así. Intentar hacer lo que sea por querer saber algo de mí o simplemente obtener mi atención. Quizá esté exagerando un poco y solo me esté dejando llevar por mi fragilidad emocional, por todo lo que pasé con ella, momentos de unión y diversión... No, no me dejaré llevar. Tengo tanto que navega a contra viento y marea en mi interior que hace opresión a mi corazón y lo sensibiliza ante cualquier hecho. Sí... eso debe ser. Además, Jonathan no deja de naufragar en mi cabeza ¿Dónde y cómo estará? —Si vas a decir algo solo dilo —expreso seriamente, sin hacer contacto visual. Puedo escuchar el atoro del aire entre su conducto respiratorio, por poco no se atraganta. Seguramente no se esperó a que le hablara. —¿Me... Me hablas a m-mí? —su semblante es impresionante, tal cual fanática frente a su artista favorito de en sueño. —No seas tonta —digo, únicamente. Se acomoda los lentes y, muy tímida, se esconde una mecha ondeada detrás de su oreja. —Eh. Yo...bueno...sí... —balbucea sin saber qué decir. Admito que me entretuvo esa actitud por un segundo. Me hace sentir una bravucona en desafío. —¿Sí qué? —cuestiono a secas, ocultando mis ganas de sonreír. —Es que... yo... no lo malinterpretes, sé cómo eres y tuve en mente que estudiar la misma carrera que lyo te iba a ser difícil y muy extenso, por lo que... —deja de articular durante un momento. Continúa— me trasladé de carrera —aquel mensaje me aturdió totalmente ¿Sino estudia medicina, entonces qué?—. Estoy en la misma línea profesional que tú, por lo que también llegaría a ser estudiante de psicología. Y no te preocupes, continuarás el ciclo que te corresponde. Si te preguntas, me aprobaron por mis conocimientos en base a los cursos medicinales. Estoy anonadada. Mis ojos siguen tan abiertos que de costumbre ¿Se cambió de carrera por mí? Sigo impactada. Y pensar que ya estaba haciendo un sinfín de problemas por imaginarme en un salón tratando de prestar atención a un curso que no me interesa aprender. Pero, no me dejaré llevar. Si ella quiere respuestas, así como le aclaró a Zoe antes de llegar a este centro, entonces las tendrá no por mí, sino por la otra, tarde o temprano tendrá que confesar que fue ella quien envió aquel mensaje. Por otra parte, no debo quedarme callada, a pesar de su interés y esfuerzo por querer recuperar mi amistad, muy aparte de su sospecha por mi reacción en el hospital, merece un agradecimiento. —Agradezco mucho lo que hiciste —me limito a responder y ladeo una pequeña sonrisa. Ella bate sus pestañas muy contenta, y de inmediato su semblante se transforma. —Sam, hay algo que quisiera preguntarte —y antes de que siguiera con lo que yo tengo previsto, la campana nos interrumpe—. Olvídalo, será después, ahora tenemos clases de construcción de pruebas. Asiento y me conduce hacia el salón, muy emocionada. Cuánto quisiera estar en el mismo estado que ella. Las clases estuvieron muy entretenidas, mis compañeros son muy amigables y los profesores son muy pacientes a la hora de una explicación. No imaginé que saliera satisfecha y con varios apuntes en mi cuaderno. En la hora de descanso, precisamente en el comedor, ansiaba estar lejos de todo y todos, tener un momento a solas y dejar que mi cerebro maquinara otras cosas que no sea sobre mi futuro, sino más bien de mi presente. Valezka se ofreció a hacerme compañía, pero como bien claro dije no quería estar con alguien, así que no me quedó de otra que pararme de mi asiento y ubicarme en otra mesa vacía. Y, para variar, apareció Zoe con sus indirectas de: "déjala ir, ella ya no te quiere", "¿hasta cuando vas a seguir insistiendo?" …La conocía, con palabras no iba a entender, así que tuve que actuar de tal forma en que se diera cuenta que sí o sí necesitaba estar absolutamente sola. En la tarde, toda esa representación molesta que mantuve cautiva durante el día disminuye de golpe cuando, a punto de traspasar las puertas de salida, Valezka reaparece. —¿Te acompaño a casa? Dudo por unos segundos. Se me retuerce los intestinos al ver a Zoe a su lado, presiento que si le digo que sí solo traería problemas en el camino y/o disgusto conmigo. En la mañana hicimos un intercambio de palabras y no estuvo nada mal, sin embargo, con su enamorada de guardián, seguramente, no será igual. Sus celos enfermizos, sus escupitajos cada vez que rechazo a mi ex mejor amiga, con justas o tontas razones, sus molestas indirectas que ya me están sacando de quicio... Lo más probable es que en cualquier día mi puño impacte contra su linda cara. —No, puedo ir sola, gracias —ladeo una sonrisa, esta vez sincera, y le hago entender que prefiero tener mi espacio personal y evitarle cargas con ya sabe quién. Ella capta mi insinuación visual y asiente un poco seria. —D-De acuerdo, mañana paso por ti... —pero cuando quiso continuar, Zoe, que se halla a su costado, ya la conducía en sentido contrario de la acera. La indefensa chica se deja llevar. Niego con mucha decepción y tristeza y me doy media vuelta para retornar a casa. Toco el timbre de la entrada y, después de varios segundos de espera, mi hermanito me recibe con un grande abrazo. Sus brazos rodean mis caderas y los míos acarician su cabello con mucho afecto... Ese que dejé de tener cuando me fui de su lado. En la sala, mi padre se gira a verme y me deposita un beso sobre mi frente, a su vez me envuelve con un solo brazo. —¿Mabel? —interrogo, asomando mi cabeza por cada esquina de la sala. —Salió, volverá mas tarde. —¿Te dijo dónde? —pregunto, resignada. Will traga saliva, un poco tenso. —Sí hija, pero quiero que estés tranquila, lo conversaremos después —soba mi mejilla con ternura y desaparece por las escaleras no sin antes detenerse a medias a darme un aviso muy extraño—. Lo olvidaba, en la estancia principal te espera un hombre, dice que es tu amigo. Encojo el ceño, confusa. —¿Te dijo su nombre? —indago, dirigiéndome a la puerta de la otra pequeña sala para abrirla y entrar. —¿Acaso no lo conoces? Dijo que son amigos desde la secundaria. Muy bien, aquello hace que mi cerebro se desordene más de lo que ya está. Me acerco y abro la puerta encontrándome con un hombre observando la mediana ventana con un libro en la mano, aparentando relajo y serenidad. Achino los ojos y no tardo en identificarlo cuando este eleva la mirada hacia mí. —Samara... —me nombra cerrando lentamente el libro con la intención de acercarse. Se encuentra muy sorprendido. Me quedo perpleja sobre mi sitio y de mi cuerpo no hay señal de una respuesta, aunque de mis labios sí ¿Cómo supo dónde vivo? —¡¿Adam?! 
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