La Riley que aun mantenía el satisfyer en su interior, se removió en la silla del restaurante donde cenaba con Knox y sintió como sus muslos se resbalaban entre sí. Su corazón estaba acelerado, sus manos temblaban sobre los cubiertos y sus ojos se mantuvieron en los de Knox cuando él sonrió tan solo un poco para demostrarle que él era quien tenía el poder en sus manos, solo con pulsar uno de los botones y elevarla a la estratósfera. —¿Jugaremos? —preguntó Riley. Knox miró a Riley al otro lado de la mesa. Estaba en ese punto que le fascinaba, cuando sus labios no profesaban lo que su cuerpo sentía. Lo que recorría cada terminación nerviosa en Riley, solo lo demostraría cuando despegara sus muslos y descubriera su humedad. Esa Riley ante él era la que le encantaba tener en su cama y la ú

