Seis años después El tiempo era algo indetenible. El reloj no se detenía ante ninguna dificultad, ante las adversidades o los miedos. El tiempo podía ser lineal o curveado, dependiendo de la forma en la que las personas lo veían. Para Riley, Knox y Sophie, su tiempo fue una ondulación de altas y bajas, igual que una montaña rusa. Fueron años en los que Knox aprendió a cambiar un pañal, a sacar tiempo de su agenda para llevar a Sophie al médico, a quedarse en el hospital toda una noche con Riley para controlar una infección, o celebrar sus cumpleaños como si fuese la fiesta del presidente. Con la pequeña, traviesa y hermosa Sophie, aprendieron que el día tenía treinta horas y que no se podía estar más agotado que después de una noche entera de llanto y acunadas. Sophie llegó para cambia

