Dos semanas después de que le diagnosticaran un fallo casi total a Gruñón después de años siguiendo a Riley, después de pelear con Sophie por el conejo de la suerte, y de estar en sus vidas por casi doce años, Gruñón les dijo adiós. Riley lo lloró toda la noche, aun cuando Knox le dijo que por su embarazo no podía sufrir, ella estaba tan deprimida por la pérdida del perro que los seguía a todas partes, que sentía el pecho apretado y las lágrimas solo se desbordaban por sus mejillas. El dolor que Riley sentía en ese momento, era inmenso. Ese perro fue el comienzo del cambio de Knox, y se hizo tan unido a él, que Knox le dijo a Riley que debían sepultarlo como si fuese un m*****o más de la familia. —Merece una sepultura —le dijo Knox. Riley sorbió por su nariz. —Y un funeral —dijo ella la

