El velo de Samantha se arrastró por el pasillo del hospital general. La chica que odiaba usar vestidos, que odiaba la idea del matrimonio y que jamás pensó que le llegaría el momento, se encontraba preocupada de que el parto de Riley se adelantase justamente cuando brindaron en la celebración de su matrimonio. Todos se encontraban felices disfrutando de la música, la comida y la fiesta, cuando Riley soltó un alarido de dolor seguido de que se le rompiera la fuente. Knox, quien estaba a su lado, miró el pozo de agua bajo sus pies y la mirada de preocupación de Riley. Faltaba una semana para la cesaria que el doctor le había programado, y por eso Riley no les prestó atención a los leves dolores en la zona baja del vientre y en la pelvis. Con Sophie apenas sintió dolor, y pensó que esa vez se

