Al menos durmiendo pude volver a soñar con Joshua: los dos paseábamos de la mano por una montaña preciosa y, cuando alcanzamos la cima soleada, nos miramos profundamente a los ojos, nuestros labios se acercaron y nos hubiéramos besado de no ser porque apareció Swetlana. Estaba sentada sobre un semental, me miró y me dijo: "Yo soy tu padre". Me desperté horrorizada, cuando volví a tranquilizarme, mi mirada se posó en el móvil, que había puesto en modo silencio, y descubrí que tenía catorce llamadas perdidas. Todas eran de mi madre, que en los últimos diez años no me había llamado tantas veces como esa noche. Espantada y muy preocupada, la llamé enseguida y, al otro lado de la línea,oí un "¿Diga?" ahogado en lágrimas. -¿Ha ocurrido algo?-pregunté torpemente. Sólo oí un sile

