LOCURA, UN ESCAPE Y UNA DECISIÓN. El sonido del teléfono irrumpió en la quietud de la habitación, vibrando sobre la mesita de noche de mármol. Emma entrecerró los ojos, irritada por la interrupción, pero al ver el nombre en la pantalla, una sonrisa ladina se dibujó en sus labios. Adrián Volkov. Descolgó con parsimonia, disfrutando del momento. —Dime que tienes buenas noticias —susurró con tono aterciopelado, acariciando con sus uñas perfectamente esmaltadas la copa de vino a su lado. La voz de Adrián llegó con la urgencia de quien ansiaba agradar. —Emily vuelve al país. Pero no es la misma. Algo cambió en ella. Emma arqueó una ceja y se incorporó levemente en la cama. Su sonrisa se ensanchó. —¿Cambió, dices? —murmuró, jugueteando con un mechón de su rubia melena—. Qué interesante.

