Capítulo 3

1940 Palabras
Un año después. Un nuevo comienzo Emily miró por última vez la casa donde había crecido. El rancho de su familia se extendía hasta donde alcanzaba la vista, el sol de la mañana dorando la hierba seca y el aire cargado con el aroma familiar de la tierra y el ganado. Sus padres se mantenían firmes, con expresiones de orgullo y tristeza a la vez. Su madre le acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja. —Vas a hacer cosas increíbles, cariño —le dijo con una sonrisa temblorosa. —No te olvides de llamar, y si necesitas algo, ya sabes dónde estamos —agregó su padre, dándole un fuerte abrazo. Asentí, tragándome las lágrimas. Había trabajado duro para llegar hasta aquí, y después de tantas desilusiones decidió salir del rancho de la familia. Pero no por eso lo hacía que fuera más fácil irse. Con una última mirada, subió al coche y se dirigió al aeropuerto. El vuelo a Boston transcurrió sin incidentes. Miraba por la ventanilla, viendo cómo el paisaje cambiaba de los vastos campos de Texas a la urbanización de la costa este. Cuando aterrizó en Logan International Airport, el frío de la ciudad la recibió con una bofetada. Acostumbrada al calor del sur, me envolví en el abrigo que con tanta insistencia me dio mi mamá y al salir a tomar un taxi me di cuenta de que todo cambiaría de ahora en adelante. ¿Para bien o para mal? Mientras el coche avanzaba por las calles de Boston, sentí una mezcla de emoción y nerviosismo. Las luces de la ciudad iluminaban los edificios históricos y los rascacielos modernos. Nada se parecía a su pequeño pueblo. Y ahora estaba realmente sola. Llego a mi apartamento, uno muy grande con cinco habitaciones, el cual había sido comprado por mis padres en una zona céntrica. Bastante decente, no muy lujoso, pero era suficiente para poder empezar mi nueva vida. Me dejó caer en la cama con un suspiro, exhausta, pero llena de expectativas y esperanzas. Me tomé dos días para terminar de organizar. De ir a conocer un poco el vecindario, postulé a varios puestos de trabajo. Hasta que una mañana recibí el llamado que tanto esperé. Fui seleccionada para ser encargada de estrategias de compras y ventas en S&M ENTERPRISE. Algo que sin duda me cambiaría mi vida laboral. El primer día A la mañana siguiente, me despierto temprano. Mi primer día en S&M ENTERPRISE comenzaba, y quería causar una buena impresión. Me visto con un traje profesional, recogí mi cabello en una coleta alta y tomé el metro rumbo a la oficina. La cual me quedaba a treinta minutos de viaje. Al llegar, mira por todos lados indecisa de ingresar, ya que la empresa era aún más impresionante en persona. Un edificio moderno con ventanales de cristal que reflejaban el cielo de Boston. Cuando llegué, me presenté en la recepción y me entregaron la acreditación. —El señor Mèdici quiere verte en su oficina antes de la sesión de inducción —me informó la recepcionista. He de decir que sentí un escalofrío de los nervios, es quedarme corta, así que Subí en el ascensor hasta el piso donde estaba la oficina del CEO. Cuando la puerta se abrió, la esperaba Sandra, la asistente del señor Salvatore Medici. —Por aquí, Emily. El señor Mèdici te verá ahora, me informa sonriendo de manera sincera. Entro a la oficina y encuentro al señor Medici sentado detrás de un elegante escritorio de madera oscura. Se veía imponente con su traje a medida; su presencia llenaba la habitación. —Bienvenida a Boston —dijo con su característico tono pausado. —Gracias, señor Mèdici Estoy lista para empezar. Él sonrió levemente y me estudió con su mirada celeste. Que podría doblegar a cualquiera. —Llamé a uno de tus profesores y me habló muy bien de ti. Dice que eres dedicada, inteligente y… obstinada cuando se trata de lograr tus objetivos. Y eso me gusta. Me sentí aliviada y, al mismo tiempo, incómoda con la intensidad de su mirada. Espero demostrarle que puedo estar a la altura del puesto. Salvatore se levantó y caminó hacia mí, extendiéndome una carpeta. —Esto es todo lo que necesitas saber sobre tu primera asignación. Estarás conmigo en una reunión esta tarde. Observa y aprende. Y una cosa más… Hizo una pausa antes de seguir mirando con sus ojos, los cuales recorrieron mi rostro con curiosidad—. No te dejes intimidar. Aquí, la gente respeta a los que se hacen respetar. Emily asintió, sintiendo que esas palabras tenían un doble significado. —Entendido. Mientras salía de la oficina, supo que su vida estaba a punto de cambiar. Este era solo el comienzo. Entre sombras y oportunidades Al salir de su oficina, Sandra con una sonrisa sincera me informa lo que debo saber más relevante como horarios y me lleva a mi oficina, la cual está al final del pasillo en la misma dirección de la del jefe. Me tiende otra carpeta en donde se encontraban los anexos de los demás departamentos y correos y todo lo que necesitaré. Pasé la mañana revisando la información de la carpeta que el señor le había dado. Eran documentos detallados sobre una adquisición que S&M ENTERPRISE estaba considerando. No tenía acceso a todos los datos aún, pero lo que pudo leer fue suficiente para entender que se trataba de un negocio multimillonario que afectaría y haría crecer la expansión de la empresa en la costa este. Me esforcé por analizar cada punto, anotando preguntas y observaciones. Sabía que no podía cometer errores en su primer día. Si quería demostrar su valía, dentro de la empresa, debía ser meticulosa. Los primeros desafíos La primera reunión con el equipo fue un torbellino de información, términos estratégicos y egos en juego. Nadie me conocía, y muchos me miraban con escepticismo. Después de todo, era nueva, joven y, además, la única que trabajaría directamente con el jefe. En el piso con don Medici, codo a codo con él. —Emily Anderson —me presenté con seguridad—. Estaré colaborando con el señor Medici en el proyecto de estrategias de ventas y logística. Un hombre de cabello oscuro y expresión fría me miró de arriba abajo, evaluándome como si fuera poca cosa, antes de hablar. —Nicolás James, jefe de inversiones —se presentó sin emoción—. No sabíamos que habíamos sido asignados a este proyecto. —El señor Medici me instruyó para que trabajara en él —respondí con calma, sosteniendo su mirada. —Interesante —musitó, pero no era un halago. Era más bien un juicio. Y no fue el único que recibí durante la reunión. No fue el único. Las miradas de los demás dejaban claro que yo tenía que demostrar mi valía. Durante la reunión, expuse algunos puntos clave de mi análisis. Sabía que tenía que mostrar seguridad, porque en este mundo, la duda es sinónimo de debilidad. Sin embargo, en cuanto abrí la boca, uno de los ejecutivos me interrumpió. —Disculpa, pero ¿de dónde dijiste que venías? —preguntó con tono desdeñoso. Respiré hondo antes de responder. —De Texas, aunque mi formación y experiencia en logística y gestión estratégica no dependen de mi lugar de origen —contesté con una sonrisa profesional. A medida que la discusión avanzaba, algunos trataban de ponerme a prueba con preguntas desafiantes. Querían verme fallar, que demostrara que no estaba a la altura. Pero no les di el gusto. Cada pregunta tuvo su respuesta, cada duda fue refutada con datos sólidos. Y, cuando la reunión terminó, noté cómo algunas expresiones habían cambiado. Seguían sin confiar del todo en mí, pero ya no me subestimaban. Sin embargo, el verdadero reto llegó después, en la reunión con los inversionistas. Estaban todos allí, hombres y mujeres con miradas calculadoras, esperando a que Salvatore hablara. Sin embargo, en un giro inesperado, él me cedió la palabra. —Emily, expón nuestra propuesta. Mi corazón latió con fuerza, pero no titubeé. Respiré hondo y avancé. —Buenas tardes. Como verán en los reportes que tienen frente a ustedes, hemos desarrollado un modelo de optimización de costos que permite una rentabilidad del 20 % en el primer año… A medida que hablaba, noté algunas cejas alzadas y miradas de sorpresa. Uno de los inversionistas me interrumpió. —Es un modelo agresivo. ¿Cómo garantizan que no se desplome en el segundo año? Tomé mi tablet y señalé una serie de gráficos. —Aquí están las proyecciones de flujo de efectivo y las previsiones del mercado. Los datos respaldan el modelo. Un silencio se apoderó de la sala. Salvatore sonrió, divertido. —Por eso la traje para que trabaje conmigo —dijo con calma. Cuando la reunión terminó, supe que había superado la primera gran prueba. Hubo un breve silencio, y sentí que había logrado mi primer pequeño triunfo. Callarle la boca al maldito viejo panzón. La reunión con los inversionistas Más tarde, cuando llegó el momento de la reunión con los inversionistas, el ambiente se volvió aún más tenso. Me habían dado un espacio para hablar, pero no esperaba recibir miradas desafiantes incluso antes de comenzar. —Señor Medici —comenzó uno de los inversionistas, mirando a Salvatore. — ¿Cree realmente que alguien con tan poca experiencia puede manejar este tipo de estrategias? El tono era burlón, condescendiente. Salvatore ni siquiera pestañeó. —No lo creo —respondió con tranquilidad. Por un momento, sentí que el aire se me atascaba en la garganta. Pero antes de que pudiera decir algo, él continuó: —Sé que puede hacerlo. Ese simple comentario hizo que varias miradas se giraran hacia mí. Algunos con incredulidad, otros con renovado interés. Tomé aire y me dirigí al inversionista que había cuestionado mi capacidad. —Aquí están los informes detallados con las proyecciones de crecimiento y los análisis de costos —dije, deslizando la carpeta con los documentos hacia él—. Si tiene alguna duda, estaré encantada de responderla. El hombre tomó la carpeta y la hojeó en silencio. Finalmente, asintió con un gesto casi imperceptible. —Interesante —murmuró. Esta vez, sí sonó como un halago. Salvatore sonrió con su habitual aire de superioridad. —Por eso la contraté —sentenció. Recuerda que no doy puntada sin hilo. Cuando la reunión terminó, supe que había dado un paso adelante. No había ganado la confianza de todos, pero al menos ya no era solo una desconocida con la que dudaban trabajar. Un nuevo reto —No dejes que te coman viva —me dijo Salvatore al salir de la sala de reuniones. —No pienso hacerlo —respondí con firmeza, tanto en mi voz, como en mi mirada. Él me observó por un instante, con esa expresión indescifrable suya. —Entonces creo que me quedaré a ver cuánto tiempo puedes seguir sorprendiendo a todos —dijo con una leve sonrisa. Mientras miraba por las ventanas de mi oficina, las horas pasaron, y supe que esto era solo el comienzo. Y que no pensaba dar marcha atrás. La jornada de trabajo terminó y debo decir que mi primer día en S&M ENTERPRISE había sido agotador, pero lo que más me quedó grabado no fueron las miradas de desconfianza o los comentarios mordaces de algunos ejecutivos, sino la forma en que Salvatore me observaba. No con desprecio ni con duda, sino con algo más profundo, más calculador. El hombre era un depredador en los negocios, y ahora, parecía haberme identificado como un desafío. Lo que no sabía era que yo no me dejaría devorar. Menos por un hombre como él.
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