Esmeralda
Nuestra relación no puede estar atravesando un mejor momento. Hemos aprendido a convivir, a salir victoriosos de cualquier circunstancia o dificultad que se nos presente.
Me enamore del hombre que es, de su manera tan retorcida de amar y ser conmigo. Me enamore hasta los huesos de sus demonios.
El camino no ha estado pavimentado de rosas, por supuesto que ambos hemos enfrentado situaciones complejas, pero la clave está en sentarnos a dialogar al respecto.
Los dos hemos cambiado mucho, tenemos nuestros negocios en conjunto y por separado. Antes nos manteníamos en las sombras, pero de la noche a la mañana hemos subido como la espuma, dándonos a conocer y dando mucho de qué hablar. El éxito se lo debo a todo lo que he aprendido de él.
Vivimos cada día como si fuera el último; con mucha adrenalina y pasión.
Aunque muchas veces con palabras se le haga tan difícil expresar sus sentimientos, con los hechos me queda más que claro que él es el único hombre con quien quiero estar.
Dereck se ha convertido en un hombre; a pesar de lo rudo que físicamente aparenta día tras día, es un bombón de azúcar con nosotros. Siempre ha sido independiente, estudioso y bien amoroso. Eso es algo que con el pasar del tiempo nunca cambia.
Lo he criado como una madre lo haría, es solo que tengo claro que no soy su verdadera mamá. Según la ley, es nuestro hijo, pero no puedo verlo de esa forma. Para mí es como el hermano que nunca tuve. Para Kiran, es como si fuera una pequeña versión suya, de la cual busca arduamente defender con uñas y dientes. Los dos lo mantenemos lejos de nuestros negocios y círculo de amistades. Ahora bien, no por eso le prohibimos que tenga una vida normal, al contrario, de mi ejemplo aprendimos.
Desarrolló las mismas ansias de comerse el mundo que Kiran. Le gustan las artes marciales, especialmente el boxeo, y ha tenido entrenamiento desde pequeño. Ahora que en unos días cumple su mayoría de edad, él mismo ha tomado la decisión de independizarse. Me recalca que no nos va a abandonar por completo, pues para él somos su única familia.
A veces hago retrospectiva de lo que sucedió con su verdadera madre y, por un lado me alegra que haya tenido la oportunidad de tener una mejor vida, pero por el otro lado, sé que una parte de él aún debe guardar buenos recuerdos de esa mala mujer. Y digo buenos, porque él no es un niño rencoroso y, tal vez por eso busca la manera de, en muchas ocasiones, justificar lo injustificable y perdonar lo imperdonable.
De hijos; Kiran y yo nos hemos vacunado contra ellos. Kiran, al igual que yo, pensamos que fue suficiente con criar y sacar adelante a Dereck. Aunque no descartamos la posibilidad en un futuro, por ahora queremos vivir el presente sin más responsabilidades.
Mirando a mis chicas a través de la vitrina de mi despacho, procuro que la trituradora de papel haga su trabajo exitosamente, destruyendo cualquier evidencia que pueda ser utilizada en nuestra contra. Los tacones de Mónica resuenan por su coqueto caminar y la alcanzo a ver deteniéndose frente a mi puerta y con un leve toque de aviso la abre, cerrándola detrás suyo. Por el expediente que trae a la mano, no es difícil descifrar que hay buenas noticias.
—Cambia esa cara de constipación crónica, aquí nadie más te verá.
Expulsa el aire, ensanchando una media sonrisa y bajando la cortina.
—Debo causar una buena impresión ahí fuera— se sentó en la silla frente a mi escritorio, cruzando sus largas piernas y extendiéndome el expediente.
—¿No hubo ningún contratiempo?
—¿Alguna vez te he fallado?
Le di una ojeada a los documentos, especialmente a las cifras que depositó en cada cuenta.
—Navegué meticulosamente en la base de datos, descargué toda la información bancaria de los socios, miembros y solicitantes, recopilando también los códigos de acceso. Antes de que restablecieran el sistema, tuve el tiempo justo para depositar la cantidad fija en cada cuenta bancaria. La cantidad fluctúa por encima de los 3. 2 millones.
—Cuando tengas la cifra exacta me la pasas. Asegúrate de realizar los cambios. Principalmente del retiro. No quiero sorpresas.
—Despreocúpate, Esme, estoy en eso. Te exijo unas vacaciones luego de esto.
—¿Vacaciones?
—Sí— se levantó de la silla, yéndose a mi espalda y masajeando mis hombros—. Me encantaría visitar las Bahamas. Nos lo merecemos después de todo lo que hemos pasado. Imagínate; el sol, la arena, el agua cristalina, la brisa, degustando un exquisito cóctel con un paraguas azul como decoración— soltó un suspiro cansado.
—No suena mal. Aunque deberíamos coordinarlo con las demás. Todas han hecho un buen trabajo, debo premiarlas de alguna manera.
Miré el reloj de mi pulsera y notando que ya es hora de visitar a mi esposo, me levanté de la silla.
—Termina de triturar estos últimos documentos. No te olvides de quemar los trozos.
—¿Acabo de llegar y ya te vas?
—Tengo asuntos más importantes que ver tu cara.
—Eso sonó muy grosero.
—Esa fue la intención—le hice un guiño.
Me encontré con Catalina en la entrada de mi negocio y me abrió la puerta del auto para que subiera, viéndola tan desprevenida no pude evitar darle una nalgada para disfrutar de su reacción. Ella, aparte de ser mi mano derecha y guardaespaldas, se ha convertido en una amiga. Siento que nuestra conexión es muy estrecha. Tal vez porque de cierta manera me trae recuerdos de Kimberly.
Conmigo se ha abierto de tal manera que la seriedad que antes la distinguía, cambió por completo por una actitud un poco más infantil y sosegada. Y saber que detrás de su belleza y encantadora forma de ser se oculta alguien tan sádica y voraz. A pesar de vestir tan masculina, sus cualidades y características femeninas se notan a simple vista. Me gusta verla con su cabello ondulado y n***o suelto y sin esos lentes oscuros que ocultan sus ojos azabaches.
—No ha perdido esa mala costumbre, señora.
—Has bajado mucho la guardia. Esta vez sí has saltado. Deja ese formalismo o voy a castigarte. ¿Hiciste lo que te encargué?
Me miró a través del retrovisor y asintió. Rebuscó en la galería de su teléfono y me lo extendió. A medida que deslizaba las fotos, más sangrientas se volvían.
«Nada mal. Un problema menos».
—No le quedarán más ganas de buscarte problemas— sonrió.
—Fíjate que no lo pongo en duda. Has hecho un buen trabajo, Cata. Tan pronto me dejes regresa a la casa. Quiero que estés al pendiente de Dereck.
A pesar de que se ha ganado parte de mi confianza, con Dereck no quiero cuentas.
—Cuenta con eso.
Tan pronto llegué a la cabaña donde me estaba esperando mi esposo, accedí al interior con sumo cuidado. Los hombres de Kiran estaban guardando en bolsas negras las extremidades de lo que parecía haber sido alguna vez un hombre. Alcancé a verlo sentado en la silla que para él viene siendo como un trono, pero para llegar a él debía cruzar el charco de sangre y tripas que habían regadas en el suelo. No quiero ensuciar mis tacones. Me gustan mucho para verme en la obligación de desecharlos.
Kiran se percató de mi titubeo y vino a socorrerme. No faltó que le pidiera nada, pues sus brazos me levantaron en el aire y cruzamos hacia su trono, donde se sentó conmigo encima.
—Mi esposo siempre tan atento y considerado— rodeé su cuello con mis brazos.
—Tardaste mucho en llegar, princesa. Pensé que tendría que ir por ti.
—Lo bueno siempre tarda en llegar.
—Por eso siempre tardo en venirme.
—¿Por qué será que imaginé que dirías algo así?
—Espero no te hayas olvidado de la actividad de Dereck mañana.
—Claro que no. Dejé todo planchado en la oficina, mi amor.
—Cuando salgamos de allí, vamos a celebrar. Próximamente es su cumpleaños y su graduación, por lo que ya tengo un regalo en mente para darle.
—Déjame adivinar, ¿lo mismo que me regalaste cuando cumplí mis dieciocho? —enarqué una ceja.
—Pues ya es un hombre y se sabe cuidar muy bien, por lo que es momento de que abra sus alas y se eche a volar por su cuenta. Él quiere independizarse, pero no pienso permitir que se niegue a recibir de nuestra parte su primera casa.
—¿Le compraste una casa?
—Estoy haciendo los trámites.
—Ojalá la acepte. Por cierto, me tienes muy molesta.
—¿Ahora qué hice?
—Esta mañana te fuiste sin despertarme.
—Tenía unos asuntos urgentes que atender y si te despertaba, sé que iba a terminar quedándome. ¿Qué? ¿Me extrañaste? — llevó mi cabello por detrás de mi oreja.
—Sabes bien que me gusta despertar contigo.
—¿Conmigo dónde? ¿Entre tus piernas? — enarcó una ceja, mostrando esa perversa y maliciosa sonrisa que lo caracteriza.
—¿Para qué te digo no si sí?