"Niñera"
Laia
Desde que era una niña he tenido que seguir las estrictas normas y reglas que me han impuesto mis padres. Ojalá pudiera decir que estoy conforme con el hecho de que vivo en una casa enorme, llena de lujos y comodidades, donde no me ha hecho falta nada material, pero no, para mí este "templo" al que le llaman hogar, a medida que pasan los años, siempre se ha sentido solitario, vacío, como una prisión.
Envidio la unión familiar de mis amigas, pues sus padres o familiares siempre están cuando ellas más los necesitan; en cambio los míos, nunca he podido contar con su presencia en eventos importantes de mi vida o con su atención.
Sé bien que ellos no son como los padres de mis amigas, que debido a sus sucios negocios tienden a obrar de manera distinta; a mantener un bajo perfil ante la sociedad, a ser precavidos, desconfiados, maliciosos, pero ¿qué hay de mí?
«¿De qué vale que me digan que me aman de la boca para afuera, cuando solo me demuestran lo contrario con sus acciones?».
Si pudiera cambiar los lujos, por unos mejores padres que fueran más atentos, amorosos y cariñosos conmigo, lo haría sin dudar.
Siempre he estado a cargo de los guardaespaldas que contrata mi papá que, en su mayoría, todos han terminado muertos por incompetentes.
No es la primera, tampoco creo que sea la última vez que deba ser testigo de ver la sangre correr. Este es el mundo en el que vivo, al que me cuesta tanto adaptarme y al que daría lo que fuera por no pertenecer.
Por primera vez, en mis diecisiete años de vida, mi padre me llamó para que fuera a encontrarme con él en el estudio. Es la primera vez que permite que entre, pues aquí es donde atiende a los amigos o las misteriosas visitas que recibe de ciertas personas que los he visto entrar, más no salir.
Cada sesión de la casa es espaciosa, lujosa y majestuosa, el estudio no sería la excepción. Es lo más parecido a una biblioteca por la enorme estantería que se situaba a vuelta y redonda, con libros organizados por género y color. El escritorio lucía impecable, con sillas de color cobrizo y tapizadas con seda. Para ser honesta, ya nada me sorprende, conozco perfectamente que no escatiman al momento de lucirse.
Mi padre se encontraba sentado en su respectiva y cómoda silla, mientras que al otro extremo y sentado en la silla al frente del escritorio, había un joven delgado y vestido en traje, de cabello castaño oscuro. Su corte de cabello era medio cónico, ocultando su frente, combinaba gradualmente a los lados y hacia atrás, logrando un acabado bastante elegante.
Imagino que será el hijo de un amigo suyo, pues a ningún guardaespaldas o empleado se le tiene permitido estar aquí, cuando ni a su hija se lo permite.
—Buenas tardes, papá—dije tímidamente.
Al notar mi presencia, el chico se levantó de golpe y me extendió su pequeña y pálida mano, pero toda mi atención fue a su estatura y a su singular aspecto de chico tímido y tonto, tal vez era culpa de esos lentes horrorosos y exageradamente grandes que traía puestos. Lucía bastante joven, no creo que pase de los veinticinco años.
Sus labios eran de grosor medio y rosados, su cara era ovalada y su piel se notaba a leguas que mantiene un cuidado bastante estricto y constante de ella, más su nariz era bastante perfilada. Sus hoyuelos le hacían ver algo tierno. A pesar de sus lentes, pude cruzar mirada con sus ojos rasgados y cafés.
«¿Será un matón de esos?». No lo creo, no luce como un matón, sino como un gatito o niño mimado y estudioso. Al lado de los otros hombres que mi padre ha traído, este luce excesivamente tonto e inofensivo.
—Laia, él es Dylan. Será tu nuevo...
—¿Mi nueva hermana? —le interrumpí, con evidente sarcasmo, obviamente por su aspecto medio afeminado.
En el semblante de mi padre noté el disgusto que eso le provocó, pero esa era la idea, tirarle la indirecta bien directa.
—No—se cruzó de brazos—, será tu sombra.
Mis planes para cuando me topara con mi padre hoy era mencionarle el partido de vóleibol en el que estaré participando mañana en el colegio, a sabiendas de que estaría perdiendo el tiempo, pues él no iría y daría una excusa en su lugar. Ahora con esto lo confirma.
Honestamente, iba a arriesgarme, porque guardaba una esperanza de que se presentara, pero con la presencia de este tipo aquí, ha dejado claro que ahora será mi nuevo niñero para evadir responsabilidades, porque es más fácil darle esa responsabilidad a alguien más y no ocuparse. Al final, si fuera por mí, ni iría, sino fuera que mis amigas y Dereck estarán allí.