Dereck me había invitado a su fiesta de cumpleaños hoy, pero el hecho de que tendría que conocer a sus padres me tenía muy nerviosa.
Nos vimos en el colegio, pero el regalo quería dárselo en la fiesta para no llegar con las manos vacías. Según tengo entendido, también invitó a nuestras amistades.
No sabía qué vestido usar para la ocasión. Quiero causar una buena impresión, pero tampoco quiero excederme. Según Dereck, sus padres son muy amables y están ansiosos por conocerme, pues ya están al tanto de lo nuestro, por lo que no debo ponerme nerviosa, pero ¿cómo se lo explico a mi cuerpo que no deja de temblar?
Al final, elegí un vestido de color verde esmeralda bastante elegante pero recatado. Es un color alegre y es el favorito de Dereck. De largo me quedaba un poco más abajo de la rodilla. Recogí mi cabello n***o en una coleta, dejando mi flequillo largo a ambos lados y haciéndole una vuelta con las tenazas. El maquillaje no quise que fuera exagerado, más bien uno que luciera natural y sencillo.
Inhalé y exhalé varias veces antes de salir de la habitación con rumbo a la entrada de la casa. Se suponía que mi padre llegaría en la tarde, pero no ha habido rastros de él.
—Luce muy bonita con el cabello recogido—Dylan me abrió la puerta del auto para que subiera.
—Gracias. ¿Y del traje qué? ¿No se ve bien?
—Se ve muy radiante, de hecho, creo que llamará la atención más que el cumpleañero. Con ese tono la localizan desde un avión.
Entrecerré los ojos, frunciendo el ceño.
—No sé ni para qué te pregunto— desvié la mirada.
Cuando puso el auto en marcha, acomodó el retrovisor para no perderme de vista, algo que me puso más nerviosa.
—¿Crees que deba regresar y cambiarme?
—Lo que dije fue una broma.
—De muy mal gusto.
—Lo lamento. Eso de hacer bromas no se me da bien.
—Ya lo he notado… ¿Crees que a los padres de Dereck les guste y no les parezca demasiado exagerado?
—Insisto, el color que mejor le sienta es el rojo, pero vestirse de un color distinto de vez en cuando no está mal. Estoy seguro que causará una buena impresión.
—Deberías estar más pendiente de la carretera.
No cruzamos más palabras, pero pareciera que estuviéramos jugando a quién mira más a quién a través del retrovisor.
«¿Qué estoy haciendo?», pensé.
Los nervios me tienen actuando como una subnormal.
[...]
Llegamos al local y le envié un mensaje a Dereck para avisarle que estaba aquí. No he podido calmar mis nervios todavía y siento un nudo en el estómago.
—¿Necesita que le acompañe? — cuestionó Dylan.
—Sí, por favor, ven conmigo. Creo que Dereck debe estar ocupado atendiendo a los invitados porque no me ha respondido.
Dylan no lo pensó dos veces para apagar el auto y bajarse. Le pedí que se mantuviera a mi lado y no atrás, porque mis piernas estaban flaqueando de los nervios. Jamás me había sentido tan nerviosa, es como si tuviera un mal presentimiento de esto.
Todo estaba impecable y reluciente, el ambiente se percibía alegre, aunque yo no podía sentirme así. El local estaba bien decorado para la ocasión, la música era bien movida y había más invitados de lo que llegué a imaginar.
Mis amigas me saludaron desde la distancia y me hicieron señas de que fuera hacia ellas, pero mi objetivo era encontrar a Dereck primero.
Localicé a Dereck en un rincón, hablando precisamente con sus padres. No quería que me viera tan pronto, porque no me sentía preparada aún para conocerlos, pero él vino hacia mí, dejándolos atrás.
—¿Por qué no me avisaste que llegaste, mi amor?
—Lo hice. Te envié un mensaje.
—Lo siento. Probablemente no lo escuché por la música—miró a Dylan y le sonrió—. Qué gusto me da verte aquí. Laia ya está en buenas manos. Si quieres, puedes disfrutar de la fiesta.
—Gracias por el ofrecimiento, joven, pero prefiero mantenerme al margen. Por cierto, feliz cumpleaños.
—Gracias— me miró sonriendo—. Ven, te llevaré a conocer a mis padres.
Quería darle el regalo, pero él me sujetó la mano para llevarme hacia ellos. La atención de ambos se posó en mí, no se habían movido, al parecer esperando que Dereck me trajera.
—Laia, ellos son mis padres; Kiran y Esmeralda.
Me sentí intimidada con la mirada de ambos. Sentía miles de alfileres atravesándome. Creo que no están muy a gusto con mi presencia y no entiendo la razón, si no he pronunciado palabra alguna.
—Encantada de conocerlos— logré articular, bajando la cabeza por respeto y obviamente por incomodidad y nervios.
—Igualmente— respondió Esmeralda.
—No puedo decir lo mismo— respondió Kiran con seriedad.
—¿Qué te pasa, papá? ¿Por qué le hablas así? —Dereck se veía sorprendido y disgustado.
—La honestidad ante todo—agregó Kiran.
Esmeralda le agarró el brazo a Kiran, sonriendo entre dientes.
—No le preste atención a mi esposo, a veces tiende a dejarse llevar demasiado por las apariencias. ¿Por qué no se divierten? La fiesta apenas está comenzando. Pásenla bonito— se alejaron de nosotros, sin decir nada más.
«¿“Por las apariencias”?», pensé.
—Perdona a mi papá, no sé qué le pasó. Él no suele ser así.
—Está bien, no te preocupes. De igual manera, creo que fue muy prematuro todo esto.
—No, Laia. Estamos saliendo, llevamos casi un año de novios y muy pronto vamos a vivir juntos. ¿Cómo va a ser prematuro que te presente a mis padres? Yo… hablaré con ellos, ¿sí?
—No, no te preocupes. Disfrutemos de la fiesta. Es un día muy especial para dañarlo— le extendí el regalo, intentando disfrazar la tristeza que por dentro me consumía, pues nada había salido como quería—. Espero te guste. Feliz cumpleaños.
Su inesperado y fuerte abrazo casi me aflojaba las lágrimas que estaban amenazando con salir.
—Mi amor, no tenías que hacerlo. Para mí tú eres mi mejor regalo.
Sentí que se separó de mí demasiado rápido. No entendía la razón, hasta que oí la voz de mi padre detrás de mí.
«No puede ser. ¿Cómo supo que estaba aquí?».
—Muy bonito, muy bonito.
Me volteé para verle la cara a mi papá. Venía acompañado con dos guardaespaldas y Dylan estaba tratando de acercarse a él.
—Sr. Husman, permítame explicarle…
No permitió que Dylan le diera ninguna explicación, simplemente le interrumpió.
—¿Así que tú también la has estado encubriendo? Tú y yo tendremos una larga y tendida conversación.
Estábamos llamando mucho la atención de todos a nuestro alrededor.
—¿Qué haces aquí, papá?
—¿Qué hago aquí? — miró a Dereck, quien no encontraba qué decir o hacer—. ¿Así que tú eres el sinvergüenza que ha estado detrás de las bragas de mi hija? Espero sea la última vez que te vea cerca de ella.
—No hagas más escándalo, papá. No sé qué haces aquí, ni por qué te haces el padre más preocupado por su hija delante de toda esta gente, porque jamás has sido uno para mí.
—Sr. Husman, es un placer tenerlo en mi fiesta de cumpleaños. Es lamentable que haya tenido que enterarse de nuestra relación así, pero ni modo. Mi nombre es Dereck Harper. Su hija y yo estamos saliendo, y con todo el respeto que usted se merece, no, no voy a renunciar a ella por su advertencia.
Mi padre tenía una expresión bastante aterradora, una que jamás había visto en él. Diría que no tanto por la situación, sino más bien por la respuesta firme de Dereck. Quizá porque no esperaba que él fuera tan directo.
Los padres de Dereck se detuvieron frente a él, alejándonos a los dos. Estaba casi segura de que se conocían, porque noté que mi padre titubeó por unos segundos al verlos fijamente.
—Sr. Husman, ¿a qué debo el honor de su visita? — le cuestionó Kiran, poniendo sus manos en los bolsillos.
—Qué gusto me da saludarlos. Lastimosamente, no estoy de visita, estoy de salida. He venido por hija, solo espero que mantenga a su hijo quieto.
—Lo mismo va para usted—Kiran entrecerró los ojos, dándole una ligera mirada a Dylan.
—Llévense a mi hija de aquí— les ordenó a sus hombres, pero Dylan se detuvo en medio.
—Yo la llevaré a la casa, señor.
Iba a quejarme, porque no estaba de acuerdo con nada de lo que estos idiotas querían decidir por mí, pero Dereck me miró y negó con la cabeza. Me hizo un gesto de que obedeciera, o eso fue lo que entendí.
Solo para no hacer más escándalo y seguir alimentando esas miradas curiosas de los chismosos, preferí callar y seguir a Dylan a la entrada del local.
—¡No puedo creerlo! ¡Este es el maldito colmo! — me detuve, antes de bajar las escaleras de la entrada.
—La llevaré a casa.
—¡Maldición! ¿Por qué se tuvo que arruinar así la noche?
Al cabo de unos minutos, mi padre también salió en compañía de sus dos hombres.
—¿Qué hacen todavía aquí? ¡Te he dado la orden de que la lleves a la casa! — le gritó a Dylan.
Él no tenía la culpa de nada, era yo quien se negaba a seguir las órdenes.
Lo miré furiosa, apretando los puños y rechinando los dientes.
—Nunca estás cuando te necesito, ¿con qué derecho vienes a meterte en mi vida, en mi relación y en mis asuntos ahora? ¡Te odio! ¡Maldita sea!
Pude darme cuenta de que le impactaron mucho mis palabras. Tal vez debía alegrarme de que por primera vez le hubiera afectado algo que salga de mí, pero en el fondo, no, no me sentí bien. En realidad, no lo dije porque lo sintiera, más bien fue por el arrebato de enojo.
—Bien. Nos vemos en casa— bajó las escaleras ligero para subirse a la Lincoln en la que vino con sus hombres.
—Vámonos a casa, señorita— insistió Dylan.
En el mismo instante que aceleraron, la camioneta explotó, provocando un horripilante estruendo capaz de causar un agudo chillido en mis oídos y dejarme sorda por unos breves instantes. Dylan me cubrió con su cuerpo, por las partes que salieron expulsadas por doquier de la camioneta tras la explosión. El aire caliente acarició mis piernas y brazos desnudos desde la distancia.
Saqué fuerzas de donde no las tenía para apartar a Dylan y mirar hacia lo que quedaba de la camioneta en llamas, sin poder creer lo que había ocurrido en tan solo un abrir y cerrar de ojos. Por todos lados había partes incendiadas, pero no lograba localizar a mi papá.
—¡Papá!