—Cielos. Justin se pasó una mano por el cabello. —Siento mucho que te haya hecho daño —dije. —No es tu culpa —afirmó. Claro que lo era. Una persona más inteligente habría dejado a Lucio en el momento en que él puso las manos sobre ella. Tal vez merecía perderlo todo; era un castigo mínimo por la destrucción que había provocado en todos. Estábamos sentados en el sofá de la sala de estar de Daryl, hablando en voz baja, mientras Daryl hacía su maleta e investigaba lugares adonde ir en su dormitorio. Fisher vigilaba afuera, junto a la puerta principal, comunicándome los verdaderos planes mediante mensajes discretos. Después de salir de mi departamento y llegar aquí, di un relato detallado de todo lo que había pasado y de lo que Lucio había confesado. Una y otra vez, parecía, acorralada po

