Hizo un pequeño puchero mientras se acomodaba en su silla, viendo su actividad de coloreo sobre su mesa, pensando en que hubiera sido más divertido todo si Dongjunie hubiera estado con él, pero no estaba.
Ese día el castaño había partido junto a su familia hasta las lejanías de Busan, en donde los abuelos del castaño vivían, por lo que no había podido recibir clases con él. Jamás había tenido todas las clases de un día solo y claramente no le había gustado nada.
―Bueno, príncipe. Hemos terminado hoy―aplaudió la maestra con melena de león, haciendo que el menor asintiera con una sonrisa ligeramente triste, entregándole su dibujo para que pudiera guardarlo en su carpeta― ¿Por qué esa carita larga?
El menor se tocó el rostro con confusión, no comprendiendo por qué su cara estaría larga.
― ¿Mi cara creció? ―preguntó preocupado, haciendo que la maestra soltara una risita mientras negaba, agachándose a la altura del menor.
―Es una expresión para decir que alguien está triste ¿Por qué está triste? ―su voz dulce hacía que el menor se sintiera en confianza, por lo que dejó salir un suspiro largo mientras soltaba su rostro.
―Es que extraño a Dongjunie―la pelirroja había pensado en aquello desde que vio al niño entrar al salón solo, pero quería saber si realmente esa era la razón de su tristeza, sintiendo su corazón cálido al escuchar que sí era así―Y se fue hoy.
Ella sabía que Dongjunie no estaría en las clases durante tres días, había sido informada de eso y junto a los otros maestros le prepararon material para que se llevara a su viaje y pudiera trabajar, pero no pensó que el pequeño príncipe echaría tanto de menos a su pequeño mejor amigo, aunque era algo claro, ante la relación tan estrecha que tenían.
―Oh, me imagino, ustedes son muy unidos ¿No? ―el menor asintió.
―Desde los pañales.
―Bueno, yo creo que podrías aprovechar este momento en que estas solo para hacerle algo bonito a Dongjunie ¿No crees? ―preguntó con una sonrisa bonita, haciendo que el príncipe inclinara ligeramente la cabeza al no comprender del todo.
― ¿Qué podría hacer, Noona? ―estaba interesado en aquello, porque aunque ya le había hecho un regalo hace poco tiempo, le gustaba darle cosas a su amigo.
―No lo sé, podríamos pensar en algo bonito que puedas hacer. He visto que a ambos les gusta dibujar y los cuentos―dijo lento, mientras pensaba en algo que se pudiera realizar― ¿Por qué no le haces un cuento con tus dibujos?
Sehun abrió los ojos con sorpresa, ya que no sabía que él podía hacer un cuento, pensaba que solamente las personas adultas podían hacer un libro de cuento, por lo que jamás se le hubiera ocurrido darle algo así a Dongjunie.
― ¡Sí quiero! Pero ¿Cómo hago un cuento? ¿Cómo se hace libro?
La maestra se levantó y caminó hasta el estante de los libros, sacando el cuento del oso y la liebre que les había dado el primer día de su prueba, abriéndolo para que se viera la primera página.
―En los cuentos, los dibujos cuentan una historia, también las palabras―señaló, viendo que el menor prestaba atención por completo―Puedes pensar en una historia corta y escribir un poco arriba, como este cuento que tanto les gustó.
Sehun tomó el libro y lo examinó, pensando en que no tenía demasiadas páginas, pero claramente pasaría bastante tiempo dibujando y coloreando, cosa que realmente no le molestaba.
― ¿Y para hacerlo libro? ―agitó el mencionado, dejando en claro de que quería saber cómo juntar las páginas de esa forma.
―En eso puedo ayudarle yo, así que no se preocupe por eso, príncipe. Llévese el libro y cuando termine, me lo regresa y haré que los dibujos se hagan un libro―sonrió mientras tomaba su bolso, ya que tenía que regresar a casa.
― ¡Bien! Gracias por la idea, maestra.
―No es nada.
Sehun se había comprometido totalmente a hacer un cuento en los días que Dongjunie estuviera afuera, por lo que tomaría su tiempo libre para comenzar a colorear, pero sabía que no solamente era eso, sino que tenía que hacer una historia.
Algo que no tenía idea de cómo haría, al menos no en ese momento.
Pero recordó que en el castillo hay personas que saben mucho de libros, como la amable mujer que trabajaba en la biblioteca del castillo, por lo que quería que alguno de sus padres lo llevaran ahí.
No dudaba en que podía pedirle ayuda a alguno de sus padres, pero pensaba que la mujer de la biblioteca sabía hacer libros, por lo que ella era la indicada.
―Hola, papá―saludó cuando, al entrar a la oficina, vio a su padre alfa ahí, quien le recibió con brazos extendidos y una sonrisa.
―Hola, mi vida ¿Cómo estuvieron las clases hoy? ―el menor dejó el libro y su mochila sobre el escritorio de su papá y se lanzó entre risas para abrazarlo, siendo tomado y subido al regazo ajeno.
―Bien, pero extrañé a Dongjunie―comentó ahora más emocionado, porque la idea de hacer un libro realmente le había llamado la atención.
―Oh, entiendo. Hablamos con sus padres y podrán hacer llamada en unas horas, a las cuatro ¿Está bien para ti? ―Sehun comenzó a asentir con una enorme sonrisa sin pensarlo demasiado, ya que él quería hablar con el castaño.
Claramente no le contaría del libro que iba a hacer, era secreto.
―Claro papá, siempre quiero hablar con él. Gracias por hablar con ellos―se apegó al pecho del mayor, quien lo abrazó con una sonrisa enternecida, sabiendo que su hijo era un cachorro hermoso y agradecido―La señorita me dijo que podía hacer un libro.
Al mayor lo vio con curiosidad.
― ¿Un libro?
―Sí, haré muchos dibujos de una historia y se lo daré a la señorita para que lo haga libro…así―se estiró para tomar el libro del oso y la liebre, agitándolo para mostrar que las páginas no se caían―Y se lo daré a Dongjunie cuando regrese.
El mayor soltó una risita encantada, tomando el libro que el menor le tendía, viendo los dibujos de cada página.
―Eso es muy lindo de tu parte, cariño―le dio un beso en la coronilla, el menor acomodándose sobre el pecho ajeno para poder ver el libro también― ¿Necesitas algo para hacerlo? Solo pide y papá lo pedirá para ti.
El menor comenzó a pensar mientras movía los pies, sabiendo que necesitaría muchos crayones.
―Necesito crayones, páginas como las de un libro y jugo de zanahoria con naranja―el alfa asintió mientras volvía a colocar el libro en el escritorio.
― ¿Y el jugo de naranja para qué es?
―Porque dibujar es cansado, papá. Lo beberé.
El rey alfa se había comprometido a conseguirle lo pedido para después del almuerzo, por lo que el menor se mantuvo entretenido en su habitación mientras tanto, no fue aburrido, porque su padre omega llegó a hacerle compañía durante varias horas, por lo que no fue demasiado pesado.
Cuando terminaron de almorzar, su padre le dio los materiales necesarios en una caja de plástico, en donde podría guardar todo al finalizar, por lo que corrió rápidamente hasta la oficina de sus padres y se sentó en su espacio de trabajo, ansioso por poder comenzar con la historia, aunque no tenía ni idea de cómo comenzar.
La señorita de la biblioteca.
Recordó, lamentándose de no haberle dicho a sus padres que quería ir a verla, dudando que lo dejaran ir en ese momento, ya que ambos estaban trabajando.
―Papás―llamó en voz baja, no queriendo interrumpir, pero no logrando comenzar con su historia.
Ambos padres lo vieron rápidamente, esperando con una sonrisa a que dijera algo.
― ¿Cómo hago una historia? ¿De qué?
―Bueno, puedes hacer una historia de lo que quieras, cariño―comenzó Jiho―Una historia de Dongjunie y tú, en alguna aventura divertida.
Eso sonaba divertido para el menor.
―Piensa en una historia divertida que quisieras hacer con Dongjunie y dibujas todo―complementó el alfa.
―Oh, gracias, los amo―les lanzó un beso antes de regresar la vista a sus páginas en blanco, escuchando cómo sus padres le regresaban el beso.
Comenzó a imaginarse en diferentes aventuras con Dongjunie, en el campo jugando y recolectando fresas, incluso se imaginó que eran lobos, aunque aún no podían transformarse porque eran pequeños, pero pensó que todo eso era muy divertido.
Su historia no tenía mucho sentido, pero no le importaba mucho.
Había logrado hacer cuatro dibujos ese día, por lo que se sintió satisfecho y realmente cansado.
Guardó sus crayones nuevos y las páginas en la caja de plástico, tomándolo con cuidado para entregárselo a sus padres y que lo guardaran.
Se quedó dormido en el regazo de su padre omega mientras este trabajaba junto a su otro padre, garantizándole que le despertarían a la hora de la llamada con Dongjunie, porque no quería perdérsela por nada del mundo y se sentiría muy mal si dejaba al castaño colgado.
Cuando fue despertado, estaba en la habitación de sus padres, acomodado en la cama.
―Hola, mi amor―Haneul le acarició el cabello, viendo a su niño estirarse después de un descanso merecido―Ya es hora de la llamada, Dongjunie no tardará en llamar.
El menor asintió mientras se sentaba sobre el colchón, manteniendo su mirada sobre el teléfono, ansioso de que sonara de una vez por todas. Tuvo que esperar varios segundos, dejó de contar cuando llego a cien, por lo que no sabía exactamente cuántos, pero sentía que eran muchos.
Cuando comenzó a sonar chilló, tomando rápidamente el mencionado con ambas manos, colocándolo contra su oreja.
― ¡Sehunie! ―escuchó la voz del menor detrás del teléfono, haciendo que su emoción reventara de golpe.
― ¡Dongjunie!
―Te extrañé mucho, con la abuela hicimos gelatina, te guardé una gelatina de fresa―comentó el castaño mientras se acomodaba sobre el sofá, viendo con emoción a sus padres, quienes seguían guardando las gelatinas con su abuela en la nevera.
―Muchas gracias, me gusta la gelatina y más si la hace Dongjunie―apegó más el aparato en su oreja, acomodándose sobre la cama―Yo también te extraño.
―Pero pronto nos vamos a ver, no te preocupes que iré pronto―habló emocionado, haciendo que Sehun sonriera en grande, sintiendo sus mejillas doler ligeramente.
―Cuando vengas, tengo una sorpresa―comentó y aunque no tenía planeado contarle eso, las ganas eran más fuertes.
― ¿Más sorpresas? Sehunie me quiere mucho, me da muchas sorpresas.
―Sí, te quiero mucho y tú me quieres mucho, así que te doy sorpresas―suspiró―Mándame un beso.
Lo último lo pidió en un susurro, sintiéndose avergonzado de que sus padres pudieran escucharle, por lo que hizo lo posible por ser sutil.
― ¿Cuántos besitos quieres? ―le preguntó Dongjunie igualmente susurrando, haciendo que Sehun soltara una risita nerviosa, como siempre que hablaban de ese tema.
―Muchos, pero como es en teléfono, mejor tres―definió, dándole un número exacto a su mejor amigo.
Dongjunie comenzó a hacer sonidos de besos lo más bajo posible, haciendo que Sehun riera también, como si estuvieran haciendo una travesura.
Ellos lo veían así.
―Cuando regrese serán más, ahora tres―dijo ahora más alto el castaño, ya que eso no era secreto.
―Sí, esperaré y me los das cuando te dé tu sorpresa.
Ahora que había encontrado una recompensa mayor que la sonrisa del castaño, su entusiasmo por seguir con su libro era mayor, pensando en que haría la mejor historia que el menor haya leído en toda su vida.