Corrió por su habitación, tomando las cosas que su padre le había pedido que guardara en su pequeña mochila, sabiendo que tenía que llevar todo y no dejar nada importante.
Iría en poco tiempo a ver a Sehun, quien aún tenía su mejilla amoratada, pero un poco menos hinchada. La búsqueda de un nuevo maestro se estaba tomando más tiempo de lo que normalmente tardaba, en especial porque el rumor del maestro abusivo había llegado al pueblo, haciendo que algunos se sorprendieran, porque se sabía que el príncipe era bastante obediente.
Por lo que la vacante había sido anunciada y maestros se postulaban todos los días, tanto mujeres como hombres.
― ¿Está listo, jovencito Kim? ―preguntó una de las sirvientas, haciendo que el castaño separara la vista de su mochila y viera a la mujer, sonriéndole y dándole una pequeña reverencia.
―Sí, solo debo ponerme las sandalias de goma―habló, mostrando su pie descalzo, ya que amaba andar sin calcetines por la habitación, la cual utilizaba solamente en casos de emergencia y cuando su familia se quedaba ahí también.
Aquella era su habitación del castillo para descansar, si fuese necesario, por lo que tenía cosas ahí.
Se acercó a donde había dejado sus sandalias de goma, colocándoselas mientras se acomodaba la mochila sobre su espalda, tambaleando un poco.
―Listo, estoy listo―sonrió, tomando la mano de la empleada para que ambos pudieran llegar a la habitación del príncipe, para ir juntos al salón cuando se pudiera.
Habían pasado tres días desde el incidente de la cachetada y los niños habían reducido ligeramente sus clases, en especial cuando era la hora del medicamento de Sehun, ya que le hacía dormir. Ese día dejaría los medicamentos, para solo quedarse con las pomadas y Dongjunie se había nombrado a sí mismo el colocador de pomada oficial, por lo que les pedía a los padres de su amigo que lo dejaran hacerlo.
Al llegar a la habitación, Dongjunie abrió la puerta con suavidad, estirando para poder ver a su mejor amigo, notando que estaba ordenando igualmente su mochila, por lo que abrió la puerta por completo para entrar.
― ¡Buenos días! ―saludó, haciendo que el menor sonriera en grande, acercándose.
―Buenos días, Dongjunie ¿Comiste bien? ―ese día habían comido con sus padres, cada uno en su casa, por lo que no se habían visto hasta ese momento.
―Sí, papá nos hizo un desayuno muy bueno―corrió hasta la cama para poder dejar la pequeña mochila, abriéndola para rebuscar dentro―A papi también le gustó, cocina rico.
De su mochila sacó la pomada que le aplicaban a Sehun en la mejilla por lo que el menor se subió sobre su cama para poder ser curado, quitándose la parte de arriba del parche, dejando lo amoratado a disposición del castaño.
―Papi me enseñó a colocar la pomada con más cuidado―comentó, subiéndose a la cama también para poder quedar más cerca―Para que no sea molesto.
Sehun cerró sus ojos, dejándose curar.
Dongjunie colocó pomada blanca sobre su dedo índice y del medio, juntándolos para que pudiera colocarla correctamente, bastante concentrado en realizarlo. Colocó la cantidad indicada y dejó el tubo sobre la cama con cuidado, no queriendo ensuciar nada, comenzando a acercar sus dedos al rostro.
Posó sus dedos con cuidado, moviéndolos para poder esparcir la pomada sobre toda la mejilla, sabiendo que debía acariciar con cuidado hasta que la pomada no se viera mucho en la piel, solamente quedando algo brillante.
―Me gusta que me pongas la pomada―habló Sehun con lentitud, porque no quería moverse demasiado e interrumpir el trabajo de su mejor amigo, haciendo que el castaño riera bajito.
― ¿Te gusta que sea doctor? ―Sehun abrió los ojos, ya que ahora solamente el menor masajeaba para que penetrara en la piel.
―Sí, eres un doctor bonito―detalló, haciendo que Dongjunie soltara una risita encantada, un poco nervioso.
El castaño terminó de colocar la pomada y separó su mano del menor, sonriendo al ver su trabajo realizado con éxito. Buscó la pequeña tapa del cilindro y lo tapó, bajándose de la cama para poder guardar la pomada en su caja y luego en su mochila, porque sabía que debía ser ordenado.
―Papá me dijo que hoy conoceríamos a una maestra y que diremos qué nos parece, solo estaremos unos minutos con ella y después iremos a jugar al jardín―dijo emocionado, acomodándose el parche―Nos dejó usar la manguera del jardín, pero me tendré que quitar el parche.
El parche se utilizaba específicamente para poder evitar que Sehun se rasguñara accidentalmente sobre el golpe o que se retirara la pomada ante algún movimiento, por lo que se lo dejaban en momentos de distracción, o sea, la mayoría del tiempo.
―Me gusta mucho jugar con la manguera―asintió, regresando a la cama para poder sentarse al lado de Sehun, ya que tenían que esperar a que alguno de los reyes llegara a recogerlos, para llevarlos con la maestra.
― ¿Crees que la maestra sea buena? ―preguntó Sehun, haciendo que el castaño se encogiera de hombros.
―No sé, no quiero pensar mucho eso―confesó, haciendo que el pelinegro suspirara, tomando la mano del menor sobre el colchón.
―Papi dijo que habría seguridad en el salón―agregó, haciendo que el castaño sonriera.
― ¿Papá va a estar en clase? ―preguntó ilusionado, haciendo que Sehun riera bajito.
―No sé, pero quizá sí. Espero que esta maestra sea buena―pidió con una mueca, haciendo que Dongjunie se acercara a él, intentando animarlo.
―Si es mala, la empujo y corremos―dijo con una sonrisa rectangular, idéntica a la de su padre omega, haciendo que sonriera también―No te preocupes.
―Gracias, eres el mejor amigo―se acercó para darle un beso en la mejilla al castaño, haciendo que este chillara bajito, apenado.
Poco tiempo después llegó Haneul a la habitación, tomando la mano de los niños para poder guiarlos al salón, siendo el que estaba al lado del que usaban anteriormente y donde había pasado el problema.
Dos alfas de la tropa estaban en la puerta, dentro del salón y había tres más en el pasillo. Por lo que estaba asegurado completamente ante cualquier emergencia.
―Bien, quiero recordarles algo―dijo el rey alfa, agachándose frente a ellos para que lo vieran con atención―Nadie tiene el derecho de gritarles o golpearlos aquí, mucho menos sus maestros. Si algo pasa, los alfas de la tropa actuarán y si les dicen algo en secreto, deben decírnoslo ¿Sí?
―Síp, papá.
―Síp, Haneul hyung.
El alfa sonrió, dejándole un beso a cada uno en la frente y uno más en el parche a su hijo.
―Bien, vendré por ustedes en media hora―se levantó del suelo, manteniendo el agarre en ambos para avanzar hasta la maestra, quien los veía con una sonrisa amable.
―Chicos, ella es Ri Hwan, una maestra a prueba―ambos niños dieron una reverencia a la mujer, siendo correspondida por ella, haciendo que su cabello rojo voluminoso se moviera.
Ambos niños vieron su cabello con asombro, porque era rojo y voluminoso.
―Tiene cabello bonito―le dijo Dongjunie sin pensar, haciendo que la mujer sonriera en grande, dando otra reverencia más pequeña.
―Muchas gracias, jovencito Kim. Ustedes también tienen cabellos hermosos.
―Bueno, los dejo para que se presenten un poco más y comiencen la clase de prueba―se despidió el rey alfa con una sonrisa para los niños, sonriéndole igualmente a la maestra, pero por cortesía, porque aunque tenía buenas referencias y se notaba confiable, aún no podía dejarse llevar.
―Gracias, mi rey―se despidió la mujer para después dar un paso hacia atrás, tomando tres cojines grandes y colocándolos en el suelo.
― ¿Vamos a dormir? ―preguntó Sehun con real curiosidad, haciendo que la maestra riera nuevamente.
―No ahora, pero sí vamos a hablar y presentarnos un poco, así que pueden sentarse sobre el cojín que más les guste―señaló los mencionados, siendo tres en total.
Sehun vio el cojín rojo, el cual le llamaba mucho la atención, por lo que se sentó sobre él. Dongjunie quería sentarse al lado de su amigo, por lo que tomó el cojín verde y lo movió con cuidado, quedando más cerca del príncipe, ambos riendo por eso.
―Muy bien, empecemos. Si tienen alguna pregunta, pueden levantar la mano y le daré la palabra.
La clase comenzó primero con la presentación, la maestra diciendo que tenía 35 años y los niños pensaron que era de las maestras más jóvenes, además de que su cabello parecía la bonita melena de un león.
La clase fue buena, la maestra dándoles un libro con dibujos bonitos que explicaban modales, siendo equitativos para ambos, en donde ninguno se viera con un inferior, sino que comieran como iguales, cosa que era el objetivo real de la clase.
Al finalizar, los niños ayudaron a guardar los cojines en los espacios correspondientes del mueble, ayudando a la maestra a dejar las cosas en orden.
―Muy bien, hemos terminado la clase de hoy ¿Alguno tiene una duda? ―preguntó la maestra, viendo que los niños se notaban tranquilos, por lo que sabía que había hecho las cosas bien.
― ¿Usted será la maestra siempre o vendrá otra? ―preguntó Sehun, haciendo que la mujer sonriera con mejillas abultadas, agachándose a la altura de los niños.
―Pronto vamos a conocer la respuesta ¿Les gustó la clase? ―preguntó sin malicia.
― ¡Sí!
―Entonces, esperemos que podamos vernos de nuevo―se levantó y vio que el rey Haneul estaba entrando, con una sonrisa de lado―Rey Haneul, hemos finalizado.
―Muy bien, gracias, maestra Ri―la saludó también, recibiendo las manos de los niños, para poder irse―Denle una reverencia a la señorita.
―Gracias, señorita Ri―dijeron ambos niños un poco descoordinados, dando la reverencia.
Salieron del salón de clases, el rey notando que los niños estaban muy animados, por lo que no dudaba tener una buena reseña sobre la clase de ese día, pero igualmente querían conocer más.
―Iremos un momento a la oficina y después podrán jugar en el jardín con la manguera, solo queremos saber cómo estuvo todo―habló el alfa, haciendo que ambos niños asintieran, emocionados.
Cuando llegaron, los padres de ambos niños estaban esperando, recibiendo a sus niños para escucharlos.
― ¿Cómo estuvo la clase? ―preguntó Jiho mientras veía a ambos con emoción, ya que después de haberlos visto llorar con desesperación, ahora verlos felices era reconfortante.
―Muy divertida, la maestra tiene un cabello rojo muy bonito―dijo Sehun mientras estiraba sus manos sobre su cabeza, dejando en claro que era voluminoso.
―Y leímos un cuento con dibujos bonitos, no gritó ni golpeó―agregó Dongjunie, mostrando que no había marcas en sus brazos o rostro.
―Eso es lo importante, pequeños. Bueno ¿Ahora quieren ir a jugar en el jardín? ―preguntó Yejun, quien ya tenía el short de baño y la camisa de su hijo, sabiendo que Sehun también iría a cambiarse.
― ¡Sí!
Los niños se fueron a sus habitaciones para poder comenzar a cambiarse, claramente con algo de ayuda de parte de sus padres. Los niños amaban jugar realmente en el jardín, ya que podían jugar con la manguera y divertirse un rato, por lo que era algo bastante emocionante para ellos el poder ir ahí.
Se encontraron en el jardín y se vieron con sus camisas y shorts de baño, rápidamente Sehun tomando la manguera que el jardinero solía utilizar para comenzar a lanzarle agua a Dongjunie, quien chilló emocionado mientras intentaba esquivar el chorro de agua, haciendo que el divertido juego comenzara.
― ¡Ay! ―chilló el castaño mientras intentaba esconderse, haciendo que Sehun se mantuviera quieto, viendo el gran tronco del árbol en donde se escondía su mejor amigo―Te quitaré la manguera.
― ¡No! ―chilló Sehun con una sonrisa, haciendo que ambos rieran, el pobre castaño sintiendo algo de frustración por quitarle la manguera y mojarlo.
― ¡Sí!
El castaño corrió con agilidad para poder quitarle la manguera al príncipe, quien soltó una carcajada cuando esta fue arrebatada, siendo su turno para intentar escapar, aunque pronto pudo sentir un chorro de agua helada sobre su espalda, haciendo que se dejara caer de forma exagerada sobre el césped mientras se carcajeaba, siendo empapado por completo entre risas de Dongjunie.
Los trabajadores veían con una gran sonrisa a los niños, ya que eran bastante juguetones y amorosos entre ellos y era algo muy bonito de ver.
―Yo también quiero mojarme, toma―el castaño le dio la maguera a su mejor amigo, quien se paró rápidamente y la tomó con gusto, comenzando a mojarlo entre carcajadas― ¡Ay, está fría!
― ¡Tú me dijiste que te mojara!
― ¡Lo sé!
Ambos niños correteaban para poder quitar el frío de sus cuerpos, siguiendo con la manguera, hasta que de un momento a otro, la manguera no podía estirarse más ante su largo y la tensión, por lo que Dongjunie cayó de espaldas al suelo por el empuje que había generado la presión, haciendo que Sehun dejara de correr y fuera a ayudarlo.
Los guardias se acercaron con cautela, esperando ver alguna señal de dolor para ayudar al niño.
― ¡Dongjunie! ¿Dolió? ―el príncipe se lanzó sobre el césped húmedo, tomando las manos de su amigo para poder sentarlo sobre el suelo, viendo que el castaño seguía sorprendido.
Una carcajada hizo que todos soltaran un suspiro de alivio, pronto Sehun uniéndose a las carcajadas, antes de que Dongjunie tomara nuevamente la manguera y corriera más cerca del grifo, para poder seguir mojando a Sehun desde un lugar seguro.
Cuando pasaron varios minutos, los niños tuvieron que ir con sus padres para que se colocaran ropa cómoda y almorzar, por lo que se separaron en ese tiempo.
Les prepararon sopa para poder bajar el frío de sus pequeños cuerpos, los cuales tenían ropa cómoda y abrigadora. Los padres comieron junto a ellos, como era costumbre, sabiendo que tenían una noticia que comentar, pero tampoco sabían qué tan bien se tomarían aquella noticia, pero igualmente debían comentarla.
―Pequeños ¿Saben que se acerca el festival de verano? ―preguntó Jiho, haciendo que ambos niños despegaran la vista de sus platos, asintiendo emocionados―Y que, como todos los festivales, un reino hermano nos ayuda con los planes.
Ambos niños volvieron a asentir, no sabiendo realmente qué querían decirles.
―Bueno, pues queríamos decirles que el rey de Ulsan, la reina y los príncipes mellizos vendrán y se quedarán dos semanas antes de los días del festival―ambos niños dejaron caer sus cucharas sobre los platos, haciendo que los padres quisieran reír, porque sabían que no tenían una buena relación con los príncipes mellizos.
―Y como los niños lindos que son, serán buenos con ellos, quienes también los acompañarán en sus clases durante esos días.
― ¡Ay no! ―se quejó Sehun en voz alta, Dongjunie dejándose caer en el respaldo de la silla con los brazos cruzados―Ellos son molestos.
― ¿Por qué son molestos? ―les preguntó Juwon.
―Lloran mucho y siempre nos tiran del cabello cuando juegan―se quejó Dongjunie, quien tenía el cabello más largo entre los dos―La niña tiene voz fea.
―Bueno, pero intentaremos ser buenos ¿Sí? ―preguntó Haneul con una sonrisa, haciendo que los niños asintieran sin muchas ganas.
Ambos sentían incomodidad al estar con aquellos mellizos, pero no podían hacer más que aceptarlo e intentar evitarlos lo más posible.