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1968 Palabras
Bufó bajito mientras sentía cómo la corbata era ajustada en su cuello, no estando demasiado apretada, pero sí siendo algo que no le gustaba para nada. Mantenía pantalones de vestir, una camisa blanca de manga larga y una corbata negra, su cabello había sido peinado de lado, según su padre para verse elegante, aunque él se sentía como un pingüino. ―Papi ¿Por qué debo vestirme así? ―Preguntó con un pequeño puchero, haciendo que el omega le viera con una sonrisa, ya que sabía que su niño no estaba del todo acostumbrado a vestirse tan formal, menos por una presentación. ―Porque vamos a recibir a los reyes y príncipes de Ulsan y debemos vernos presentables para ellos―le habló suave, haciendo que el menor se quejara bajito, sabiendo que no tenía otra opción―Pero cuando terminemos el desayuno con ellos, podrás ponerte tu ropa cómoda para las clases. La ropa cómoda no era demasiado diferente a la que usaba con normalidad, solamente que no era tan ajustado y los pantalones de vestir eran mayormente acompañados por camisetas de algodón o lino, por lo que la corbata y la camiseta era aquello que no le gustaba. Y claramente, su cabello aplastado. ― ¿Por qué los príncipes deben tener clases con nosotros? ―preguntó con algo de pena, sabiendo que sus padres le habían dicho que tenía que ser respetuoso, pero le era difícil con esos niños irritantes. ―Porque sus padres no quieren que pierdan dos semanas de clases, mi amor―se levantó del suelo al terminar de acomodar la ropa de su hijo―Yo sé que no son los niños más agradables, pero lo mejor es aguantar un poco. Yo no te obligaré a jugar con ellos si no quieres, igualmente con Dongjunie, solo les pedimos que sean respetuosos. El príncipe suspiró mientras asentía, ya que eso le gustaba de sus padres, que no le obligaban a hacer cosa que no quería, cuando ese desacuerdo tenía una justificación válida. Como jugar con los mellizos Chung. ―Está bien, papi. No seré malo, solo no quiero que estén muy cerca de nosotros siempre, son molestos―confesó, haciendo que el omega asintiera con una sonrisa, dejándole un beso en la mejilla. ―Si ellos hacen algo malo, debes decirnos, cariño―dijo Haneul mientras terminaba de acomodarse en cinturón, acercándose a los menores, tomando a su hijo para cargarlo―Ellos son muy…diferentes, tienden a tomar cosas que no les pertenecen y cosas así, pero si hacen algo que no es correcto, debes decirle a papi o a mí ¿Sí? El menor asintió, tomando nota mental de aquello. Al terminar de hablar, la familia real bajó a la entrada del castillo, en donde estarían llegando en pocos segundos, al haber sido avisados de que estaban recorriendo el camino de entrada a la zona del castillo. Haneul bajó al suelo a Sehun y ambos padres tomaron de su mano, dejándolo al medio. El auto se estacionó frente el castillo, y el menor apretó sus manos con algo de nervios, en especial cuando los primeros en bajar del auto fueron los dos mellizos Chung, sabiendo que todo sería complicado en aquellas semanas. ― ¿Por qué muchos reyes tienen hijos así de malcriados? ―preguntó Haneul en voz baja mientras veía a los niños ser retenidos por sus padres o al menos eso intentaban hacer. ―Puede que sean muy permisivos o nosotros solamente muy suertudos―habló igualmente bajito Jiho a su pareja, quien asintió mientras soltaba una risita. ― ¡Papá, suéltame! ―chilló el príncipe Wooju mientras intentaba correr, pero su padre lo tenía apresado por la camisa, estirándola al intentar correr. ― ¡Mamá, baja rápido que me duelen las piernas! ―se quejó la princesa desde dentro del auto, haciendo que la mujer bajara con mayor rapidez, para que la chica pudiera salir, aunque perfectamente podía bajarse por el otro lado. Sehun sintió agobio por primera vez después de hace mucho tiempo, pensando en que debía hacerle caso a sus padres cuando le decían que le enseñaban para ser un buen niño. ― ¡Reyes y príncipe de Busan! Un gusto verlos―habló en alto el rey mientras se acercaban, el príncipe de Ulsan escapándose de su agarre, pero siendo rápidamente tomado del brazo. ―Un gusto recibirlos en nuestro reino―dijo Jiho con una sonrisa mientras los tres daban una reverencia, haciendo que Sehun no pudiera despegar su vista de los mellizos, quienes también lo veían. ―Príncipe Sehunie ¿Cómo ha estado? ―preguntó con una sonrisa el hombre, haciendo que el menor lo viera, sonriéndole amistoso. ―He estado muy bien, rey hyung, gracias―sonrió encantador, haciendo que ambos reyes de Ulsan suspiraran encantados, viendo al pequeño tan educado y tranquilo. La princesa Ruda, quien tenía ocho años, se cruzó de brazos. ― ¿Podemos entrar ya o nos quedaremos más tiempo aquí? ―habló de forma descortés, ganándose un golpe en la cabeza de parte de su madre, solo logrando que la niña chillara molesta y comenzara a quejarse sin parar. ―Se le dirigirá a la alcoba que se les ha ordenado y podemos reunirnos en el comedor para el desayuno cuando estén listos, mi mejor amigo y su familia estarán presentes en la comida―los reyes asintieron encantados, ya que conocían a la familia y los apreciaban mucho. ―Gracias y lamento esto―se disculpó la reina Suni, dando una pequeña reverencia mientras tomaba a su hija, ya que su esposo estaba demasiado ocupado con su hijo. La familia pasó junto a ellos, viendo cómo comenzaban a lucharse en las escaleras para poder subir sin que los niños salieran corriendo como bestias, al menos intentando que no fuera así. ―Ay, mi niño. Gracias por ser tan hermoso y obediente―jadeó Jiho mientras levantaba a su hijo, comenzando a darle besos en las mejillas logrando que el cachorro se carcajeara encantado. Yejun, Juwon y Dongjunie llegaron al comedor y claramente el castaño se sentó al lado de su mejor amigo, después de haberle abrazado fuertemente y de haber revisado que su mejilla ya estaba mucho mejor, solamente quedando una sombra morada de lo que había sido el golpe. Los niños comerían en la mesa grande, porque realmente no querían dejarlos solos con los príncipes de Ulsan, por lo que habían colocado adaptadores para que los niños alcanzaran a comer cómodamente. ―Es increíble que esos príncipes sean tres años mayores que nuestros niños y son un desastre―se quejó Yejun cuando vio que los mencionados entraban en el comedor, sus padres detrás de ellos, notándoseles realmente cansados. ―Es porque no han conocido realmente a los hijos del rey de Daegu, el pobre está viendo a quién darles el trono ajeno a sus hijos, porque ellos siguen siendo un desastre, también. Los niños se sentaron rápidamente sobre las sillas, el mellizo quedando junto a Dongjunie, quien se sentía notablemente incómodo. El castaño intentó moverse más cerca de Sehun, pero claramente no podía hacerlo, por lo que simplemente mantuvo la vista lejos de los hermanos. ―Esperamos que disfruten el desayuno, si quisieran repetir plato, no tengan pena en pedirlo―habló Haneul a los reyes, quien asintieron encantados. ― ¿Cuántas veces puedo repetir? ―preguntó Wooju, haciendo que los adultos presentes aguantaran un suspiro cansado, porque hasta sus voces eran irritantes como ellos. ―Las que tu estómago aguante―dijo Jiho con una sonrisa falsa. Dongjunie se acercó a su amigo, quien hizo lo mismo cuando lo notó. ― ¿Puede comer mucho? Yo me lleno con un plato―dijo en un susurro, viendo cómo los empleados empezaban a llegar con las bandejas con comida, empezando a repartirlas a los presentes. ―No sé, quizá es como un cerdo―comentó con gracia, haciendo que Dongjunie riera también. El empleado dejó los platos frente a ambos niños, quienes agradecieron con una sonrisa encantadora, dando una pequeña reverencia. Cuando el empleado dejó el plato a los príncipes de Ulsan, estos los tomaron de golpe y comenzaron a comer sin mirar a quien se los entregó, siendo descorteces. ―Se dice gracias―dijo Dongjunie con pena, pero firme, haciendo que los mellizos lo vieran con molestia. ―No me importa. ― ¡Woojunie! ¡No le respondas así! ―lo regañó su madre, haciendo que el niño se quejara y siguiera comiendo, ignorando las palabras de su progenitora―Lo lamento, cariño. Eres una dulzura. El castaño negó con una sonrisa. ―No es nada, gracias. Los niños vieron su comida, notando que les habían preparado un desayuno diferente, en donde había tocino y huevo cocido, solamente que el huevo de Dongjunie estaba revuelto y el de Sehun estrellado, por lo que ambos menores vieron con atención la yema del huevo. ― ¿Puedo reventarla? ―preguntó el castaño, el príncipe asintiendo rápidamente, dándole su tenedor para que la reventara. Sin embargo, cuando el castaño iba a acercar su tenedor a la yema, el mellizo estiró su mano para reventarla con su dedo sucio, haciendo que ambos niños jadearan con molestia y que Sehun lo viera con rabia. ― ¡Wooju! ―lo regañó su padre. ―Solo es un huevo, no es nada importante. Dongjunie hizo un pequeño puchero, acomodándose sobre su asiento nuevamente, ligeramente decepcionado. ―Papi, el mellizo puso su dedo en mi comida ¿Puedo cambiar el huevo? ―preguntó mientras estiraba su mano por debajo de la mesa, tomando la de su amigo, para que no se sintiera mal por lo sucedido. ―Claro que sí, mi vida―una de las empleadas se acercó rápidamente y tomó el plato, yendo a la cocina para colocar uno nuevo―Pueden ir a comer a la mesa pequeña, no se preocupen. Los reyes de Ulsan vieron con pena cómo Haneul se levantaba para tomar a los niños y sacarlos de los asientos, para que puedan tocar el suelo e ir a la mesa más pequeña, para que comieran solos y tranquilos. ―De verdad lo lamentamos, esto no se pasará sin un castigo―dijo Kwan, el rey de Ulsan, haciendo que los niños negaran rápidamente. ―Ustedes no deben disculparse―dijo Sehun, haciendo que Dongjunie asintiera, de acuerdo. ―Se los compensaremos, gracias por ser tan lindos―habló la reina Suni, guiñándoles el ojo, haciendo que los niños se emocionaran. Yejun se encargó de llevar el plato y vasos de los niños, dejándolos en la mesa pequeña para que comieran en paz. En poco tiempo, la empleada llegó con el plato y el nuevo huevo, también llevando dos vasos con Yogurt y galleta, la mujer agachándose cerca de ellos. ―El cocinero Minjoon les manda estos yogures y dice que no les hagan caso a esos niños―dijo ella con una sonrisa, haciendo que los niños chillaran bajito con emoción, porque les gustaba mucho el yogurt con galleta. ―Por favor dígale a hyung que gracias―dijo Sehun. ―Claro que sí. Ambos niños dejaron cerca sus postres y Sehun le dejó la yema a Dongjunie, ambos comenzando a reír bajito cuando la yema reventó y el líquido amarillo comenzó a derramarse suavemente hacia un lado. ―No debemos enojarnos, son niños raros―dijo Sehun al castaño, haciendo que él asintiera. ―Tienes razón, son niños molestos. Siguieron comiendo tranquilamente y gozaron la hermosa vista que tenía su postre. Dongjunie mostró con emoción sus postres a sus padres, quienes le sonrieron encantados, sabiendo que se merecían algo de compensación por lo que tendrían que aguantar. ― ¡Yo también quiero postre, no es justo! ―Lo siento, ya se acabó.
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