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2266 Palabras
Saltó de la cama de un pequeño salto mientras corría con velocidad hasta su cajón, en donde guardaba sus calcetines y ropa interior. Sus pies se movían rápidamente sobre el suelo, sintiéndose realmente ansioso por poder saber cuántas monedas había recolectado. Sus padres querían enseñarle a ganar dinero por sí mismo, realizando algunas actividades extra que le hicieran ganar algunas monedas o billetes, los cuales podría gastar al final del mes como él lo deseara. Podrían ser dulces, juguetes o lo que su hermoso corazón de niño deseara conseguir. Normalmente compraba dulces del pueblo y los compartía con sus seres queridos, pero en esa ocasión quería ver algo más en el mercado central, por lo que les había dicho a sus padres que lo acompañaran a contar sus monedas para poder comprar algo después. Sacó el pequeño cerdo de barro que habían comprado en el mercado del pueblo, el cual era su alcancía y quien moriría ese día como sacrificio para unas buenas compras. Sus padres le renovaban su alcancía cada tiempo, por lo que podía romperlo como o quisiera, además de que era un cerdo pequeño. Lo agitó, escuchando algunas monedas moverse, sabiendo que no tenían mucha libertad de movimiento por los billetes. ― ¿Estás listo? ―preguntó Jiho mientras asomaba la cabeza por la puerta, sonriendo cuando vio a su hijo listo, por lo que ambos padres entraron a la habitación. ― ¡Sí! Solo los estaba esperando―dijo mientras corría hasta la alfombra del centro, lanzándose sobre su retaguardia, sabiendo que sus padres harían lo mismo. Los reyes se sentaron junto a su hijo, el alfa llevando un pequeño martillo, con el cual el menor rompería el cerdito de barro. ― ¿Por qué no quisiste que Dongjunie estuviera hoy? ―preguntó Haneul con curiosidad, dándole al menor el pequeño martillo con cuidado, el menor tomándolo despacio. ―Porque quiero que sea sorpresa―admitió concentrado en tomar correctamente el martillo, ansioso por dejarlo caer sobre el cerdo y ver el dinero que había recolectado―Comprar algo diferente. Ambos adultos se vieron con sorpresa y ternura, teniendo bastante curiosidad sobre qué compraría en lugar de dulces varios como siempre. ―Bien, entonces esperamos a que rompas el cerdito. Sehun soltó una risita mientras levantaba el martillo con ambas manos, dejándolo caer sobre el lomo del cerdo decorado, no logrando hacerle mucho daño, por lo que rápidamente lo dejó caer nuevamente, sonriendo cuando comenzó a romperse a la mitad. Dos golpes más, el cerdo comenzó a perder partes, dejando ver el dinero. ― ¡Es mucho! ―chilló emocionado mientras terminaba de quitar los trozos de barro con sus manos, dándole el martillo a su padre omega―Mucho, mucho. ―Muy bien, mi vida. Ahora solamente debemos contar el dinero―dijo Jiho mientras regaba lo mencionado, para que el niño pudiera empezar. Claramente le ayudaron a contar, porque no dominaba números demasiado altos, pero intentaban que fuera participativo para él. 57802,50000 wones en total dentro del cerdito de barro.  ―Vaya, conseguiste más que el mes pasado, eso es muy bueno―comentó Haneul con una sonrisa, dándole al menor un pequeño saco de tela, para que pudieran guardarlo y llevarlo a las compras― ¿Ya tenías planeado comprar algo sorpresa? ―No, pero desde que vinieron los mellizos, Dongjunie se siente mal―comentó mientras terminaba de guardar el dinero, tomando el saco para atar las cintas y que quedara protegido―Así que quiero comprar un regalo. ―Eso es muy lindo de tu parte, cariño―lo felicitó su padre alfa, todos levantándose para poder ir al baño y lavarse las manos―Nos limpiamos e iremos al pueblo. Se limpiaron y colocaron ropa más cómoda, la familia real esperando a los alfas de la tropa que los acompañaría, ya que después de todo lo que había pasado años atrás, no tomarían el riesgo de salir con su hijo sin protección alguna. Pronto pudieron salir, el pueblo claramente prestando atención a la llegada de los reyes y el príncipe, los vendedores preparándose para poder presentar sus productos a la familia real. Sin embargo, ese día no irían a comprar muchas cosas, solamente lo que el pequeño Sehunie viera adecuado comprar. ― ¿Qué has pensado comprarle? ―preguntó el omega rey al menor, quien veía los puestos con atención, sus dos manos aferradas a las de sus padres. ―A Dongjunie le gustan los dulces, galletas de fresa y los osos cafés―hizo un pequeño resumen―Quizá podemos comprar todo ¿Se puede? ―Claro, vamos primero por el oso, que veo un puesto desde aquí. A Sehun le gustaba mucho comprar, pero como el niño que era, no se fijaba mucho en el precio de las cosas, sino que solamente tomaba aquello que le parecía bonito o que cumplía con sus ideas. Un oso con un listón morado en su cuello había llamado su atención totalmente, pidiéndole amablemente al vendedor que lo dejara tocarlo y apretándolo suavemente para saber si la esponjosidad era suficiente para Dongjunie, sabiendo que el menor abrazaba a la hora de dormir. ― ¿Ese te gusta, amor? ―preguntó Haneul al verlo tan pensativo con la mirada en el peluche, como si lo analizara completamente. ―Es bonito, quiero este―dijo mientras lo levantaba ligeramente―Vendedor Ahjussi, por favor véndame este oso en una bolsa bonita. El hombre mayor asintió con una enorme sonrisa, tomando nuevamente el oso para poder dirigirse a la zona en donde tenía las bolsas para regalo. ― ¿Cuál le gusta más, príncipe? ―La que tiene un oso volando con globos―dijo mientras señalaba la mencionada, haciendo que el hombre asintiera y la tomara, para colocar el oso. Haneul le dio el pequeño saco con el dinero y dejó que el menor le entregara el dinero, el hombre dándoles una reverencia y la familia real también, por lo que pasaron a los siguientes puestos. Pasaron a un puesto de dulces varios, en donde también encontraron las galleta de fresa, por lo que la tarea había sido completada y la familia real regresó al castillo, el menor meneando contento su bolsa de regalo mientras saltaba. ― ¿Qué harás con el dinero que sobró? Quedó mucho, cariño―dijo Jiho mientras meneaba de lado a lado la bolsita con dinero. ―Lo guardaré en el nuevo cerdito de barro―ambos padres asintieron ante su respuesta. Pasaron a la habitación de los padres para poder sacar el nuevo cerdito y colocar el dinero sobrante, dándoselo al menor para que se movilizara rápidamente a su habitación, la cual estaba al lado de la de sus padres, pasando por la puerta interna, la cual se unía desde dentro de las habitaciones y formaban como una. ―Listo―se susurró a sí mismo mientras guardaba la alcancía en el cajón, cerrándolo con cuidado―Tengo mucho dinero. Ignorando completamente que su familia era la realeza, Sehun se sentía millonario con sus wones restantes. Tomó entre sus manos la bolsa de regalo y se dirigió nuevamente a la habitación de sus padres, quienes se habían lanzado sobre la cama por el cansancio. ― ¿Puedo darle el regalo? ―preguntó emocionado, haciendo que sus padres se vieran entre ellos y luego a él. ―Mi vida, le dijimos a Dongjunie que no viniera al castillo hoy, él está en su casa―el menor hizo un pequeño puchero, recordando―Se lo puedes entregar mañana temprano, cuando venga para las clases. ― ¿No podemos ir a su casa un momento? ―preguntó con voz pequeña. ―Estamos cansados, amor ¿No estás cansado también? ―el menor asintió, dejando la bolsa de regalo en la mesita de noche para poder comenzar a subirse en la cama de sus mayores, soltando una risita mientras dejaba caer las chanclas de goma. ― ¿Tomaré una ducha antes de dormir? ―Claro, vamos. ··· Chilló emocionado mientras abrazaba la bolsa de regalo contra su pecho, sabiendo que sus padres le dirían a Dongjunie que fuera a su habitación, así podría darle la sorpresa. Jamás le había comprado algo sorpresa a su amigo, siendo demasiado impaciente como para no decirle a los dos segundos lo que había comprado. Por lo que pedirles a sus padres que le dijeran a los de Dongjunie que no llegara el día anterior, había sido la clave. Su papá había sellado la bolsa, por lo que no se podía ver qué había dentro. De pronto, se escucharon tres toques a la puerta, por lo que el menor se sobresaltó y dirigió su vista a la puerta. ― ¡Pasa, Dongjunie! El castaño asomó su cabeza en la puerta, ambos niños comenzando a reír, por lo que Sehun se bajó de golpe de la cama para recibirlo en un gran abrazo, como si no se hubieran visto hace años. ―  ¡Ayer mis papás y yo tuvimos pijamada todo el día! ―comentó Dongjunie, sin darse cuenta de la bolsa de regalo que había sobre la cama, demasiado concentrado en su emoción―Fue muy divertido y me gustó mucho, papi dijo que pronto haríamos una pijamada nosotros. ― ¡Sí quiero, hace mucho no hacemos pijamada! El castaño asintió rápidamente, pronto logrando ver la bolsa de regalo que estaba sobre la cama, sus redondos ojos enfocándose en él mientras tomaba las manos de su mejor amigo., ― ¿Y eso sobre la cama? ―Sehun sonrió, soltando una de las manos para poder dirigir a su amigo hacia la bolsa mencionada. ―Para ti, un regalo. Dongjunie sintió mucha sorpresa y emoción, porque realmente no se esperaba el recibir un regalo ese día, mucho menos de parte de Sehun. ― ¿Para mí? No es mi cumpleaños aún―sonrió de lado, moviéndose sobre su lugar ante las ganas que tenía de tomarlo y ver qué era, pero tenía que ser paciente. ―No importa, yo quería darte un regalo, para que te sientas mejor―el castaño soltó un suspiro, abalanzándose sobre el pelinegro para darle un gran abrazo, haciendo que la bolsa se aplastara un poco―Los mellizos molestan mucho, pero no quiero que estés triste. Dongjunie se separó y tomó la bolsa, sintiéndose afectado. ―Gracias, Sehunie. Tú me haces feliz, no es necesario un regalo, pero gracias―Sehun asintió con el pecho cálido, amando esa sensación. Ambos se subieron a la cama y el castaño colocó la bolsa al medio de ambos, comenzando a quitar la cinta adhesiva que había colocado el padre del pelinegro Dongjunie se sentó sobre sus tobillos, revisando la bolsa desde más arriba, soltando un jadeo encantado mientras tomaba la cosa café que logró observar, sacando al oso de la bolsa, quien tenía su moño morado acomodado. ― ¡Qué bonito oso! ―dijo con voz aguda, abrazando al mencionado como si fuera a escaparse, haciendo que Sehun sintiera alivio por saber que había elegido muy bien― ¡Me encanta mucho! ―Qué bueno que te guste, quería elegir el mejor―Dongjunie asintió, gateando sobre el colchón para darle otro abrazo a su mejor amigo, manteniendo el oso entre la muestra de afecto. ―Es el mejor, gracias―terminó de agradecer y volvió a sentarse sobre sus talones, porque sabía que había más cosas en la bolsa y no quería dejar nada dentro― ¡Galletas de fresa y dulces! ¡Rico! Sacó los dulces y las galletas, colocándolas sobre el colchón, ambos viéndolos con bastante hambre, aunque Sehun no pensaba comerse nada sin que el castaño le entregara, porque era su regalo. ―Vamos a comer dos galletas cada uno, porque si comemos más, papi me regañará en el almuerzo―comentó mientras colocaba el oso entre sus piernas, tomando uno de los paquetes con galletas e intentando abrirlo, no lográndolo tan fácilmente. Le tendió dos a Sehun, quien las tomó con gusto. ―Las galletas son muy ricas―asintió el castaño, Sehun encontrándose de acuerdo, ya que las había terminado en poco tiempo―Gracias, gracias. ―De nada, de nada. Mientras Dongjunie terminaba de comer sus galletas, Sehun pudo notar que estaba ligeramente preocupado o al menos se notaba raro, ya que veía sus pies mientras acariciaba al oso con una de sus manos, no hablando mucho. ― ¿Qué pasa? ¿Sigues triste? El castaño negó rápidamente, haciendo que Sehun se animara al ver sus rizos moverse de lado a lado. ―No, es solo que me estoy preocupado, no quiero que los mellizos le hagan daño y quiero que nos acompañe―compartió su inseguridad, haciendo que Sehun comprendiera, porque conocía lo malo que eran los mellizos. ―No dejaremos que le hagan daño, nunca―se comprometió, colocando su mano sobre la del castaño, quien sonrió de lado con migas de galleta en la comisura de sus labios―Seremos muy valientes y vamos a proteger. El ánimo regresó casi de golpe al cuerpo de Dongjunie, por lo que tomó el oso y lo estiró hasta Sehun, quien no comprendió qué era lo que quería, por lo que solo inclinó ligeramente su cabeza de costado. ―Dale un beso. ―Oh―asintió, estirando sus labios para darle un beso en la nariz al bonito oso, haciendo que Dongjunie sonriera en grande. El oso fue abrazado nuevamente por su dueño, recibiendo otro beso en la nariz, esta vez de parte de él. ―Nos vamos a proteger siempre.
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