Fiorella.
No he podido dormir ni un poco pensando en lo que vi ayer, seguramente el profesor piensa que se lo contare a alguien, pero no soy tan estúpida, me interrogaran, y yo no tengo pruebas, además Nadir es un ángel viviente en los ojos de los demás, nadie parece darse cuenta de su verdadera personalidad, aun así, debería tener cuidado.
Cuando el sol sale, me levanto porque no puedo permanecer más tiempo en la cama y voy directamente a la cocina, veo a mi abuela cocinando, y tarareando una canción, la misma que le cantaba a mi madre cuando era pequeña y a mí, pienso por un momento y eso solo podría significar que han llegado.
-Mi bella Flor.- mi padre dice entrando por la puerta principal,
-¡PAPA!.- brinco los escalones que me hacían falta por bajar y brinco a sus brazos, el me carga y las lágrimas amenazan con salir
-Te he extrañado tanto.- la voz de mi padre siempre me ha tranquilizado.
-A mí también me gustaría un abrazo.- mi madre entra por la puerta del patio trasero.
-¡Madre!
La abrazo también, huele a limón y vainilla, no me había dado cuenta de la falta que me hacían hasta hoy.
Cuando terminamos los saludos y el desayuno, es casi hora de ir al colegio, pero no quiero, no quiero separarme de mis padres aún.
“Y tampoco quieres enfrentarlo”
Le resto importancia a mis pensamientos con la mano y me convenzo de que solo quiero quedarme en casa para pasar mas tiempo con mis padres.
-¿podría quedarme con ustedes hoy? No quiero ir al colegio.- mi tono suplicante es el arma que siempre he utilizado con mi padre, me ama tanto que sería imposible no cumplir mis caprichos.
Mi abuela y mis padres se miran entre sí, y con un suspiro mis padres terminan aceptando.
***
Durante la tarde hemos decidido salir a comer e ir de compras, todos incluyendo a mi tita, quien no ha parado de hablarles de lo mucho que he crecido y de mis notas, además de su jardín y claro que no podía faltar el nuevo vecino.
-Es un chico encantador.- dice mi abuela.
-¿Es joven?.- pregunta mi madre.
-Tiene unos treinta y tantos, olvide preguntárselo, pero no es demasiado mayor, y es profesor, me ha invitado una taza de té cuando lo visite, me parece encantador.
No puedo evitar rodar los ojos, claro que si supieran quien es en realidad lo encontrarían de todo menos encantador.
-Mas bien peligroso.- sale de mi boca antes de que pueda notarlo.
-¿Lo conoces Fiorella?.- mi padre me observa fijamente y parece preocupado, unas cuantas palabras lo han puesto tan alerta, es por eso que nunca les diré lo que he visto.
-¿A quién?.- pregunto fingiendo no haber escuchado la conversación.
-Al vecino del que habla Adelaia.- mi padre siempre le ha hablado por su nombre a mi abuela así que no me sorprende escucharlo, aunque casi nadie la llama así.
-Me refería a esto.- levanto un vaso de cristal fino que estábamos observando mi padre y yo.- el vendedor ha dicho que es hermoso, pero creo que es peligroso tenerlo en casa.
-¿Un vaso de cristal?... Fiorella, deberíamos dejarte menos tiempo con la abuela, es pura sugestión.- mi madre le quita importancia a mis palabras y lo agradezco, casi me meto en problemas.
-Eva, no olvides que soy tu madre.- mi abuela y mi madre han comenzado sus peleas de rutina y mi padre a quien estoy tomando del brazo y yo nos damos la vuelta ignorando la escena.
***
El sábado llega mientras el sol golpea mi ventana, el día de ayer me divertí tanto con mi familia que me dormí en cuento mi cuerpo toco la cama, cuando bajo a la sala de la casa mis padres están trabajando, y mi abuela está en el jardín, es su actividad favorita, no había notado que era tarde, es pasado el mediodía.
-Flor, estas despierta.- mi padre me dice, ha terminado de hablar por teléfono.
-¿Por qué nadie me ha despertado?
-Estabas dormida tan profundamente que no quise molestarte, además hoy no tienes que ir al colegio.
Le agradezco y me siento a tomar el desayuno que ya estaba preparado para mí.
-Fiorella, esta noche saldremos a cenar, el vestido que te compre ayer, usa eso.- la voz de mi madre, es firme pero cariñosa.
-¿A dónde iremos?
-Un nuevo restaurante español abrió en la ciudad.
Asiento con la cabeza y espero con ansias a que llegue la noche.
***
Me miro en el espejo, y el bonito vestido n***o que me compro mi madre, me queda ajustado y por primera vez no parezco una niña de doce años como me hace ver el uniforme escolar, me veo como una chica de casi 19 años, mis redondos pechos se muestran en un escote en V y mi trasero bien formado se resalta por lo ajustado de la tela, tiene mangas largas, y está muy ajustado de la cintura, de verdad hasta para mis ojos me veo increíble. Mi padre toca mi puerta
-Wow, ¿Cuándo creció tanto la flor de mi jardín?
-Basta papá.- le digo con una gran sonrisa en mi rostro mientras le doy un golpe en el brazo.
-Está bien, está bien.- levanta sus palmas en señal de rendición.- vamos, tu madre ya está esperándonos y sabemos lo que pasa cuando la hacemos esperar.
Tomo a mi padre del brazo y bajamos las escaleras, lo cual se me dificulta con los zapatos de tacón de quince centímetros que llevo y que solo he usado unas pocas veces.
Mi madre se ve espectacular, como siempre, no parece una mujer de 52 años, su vestido verde olivo parece que fue hecho para ella, y mi padre quien ahora está parado junto a ella ha combinado su corbata, la gente que los conoce dicen que son una pareja hecha en el cielo, son perfectos juntos. Tita también se ve bastante bien, una mujer de 70 años muy conservada es genética, creo.
Cuando estamos en el auto de mi padre, tita habla animadamente, de lo mucho que los extraño y la falta que nos hacen, mis padres sin embargo hablan de trabajo como siempre hasta que en medio del camino mi padre recibe una llamada y se estaciona para responder.
-Si, soy yo… ya veo… no, está bien… hasta pronto.
Termina la llamada presionando la pantalla táctil y voltea a vernos
-Bueno chicas parece que hubo un cambio de planes, la reservación ha sido cancelada, ha habido un error y se ha llenado el lugar, me han dicho que nos compensaran con una comida gratis, pero no hay nada que podamos hacer ahora.
Mi padre parece decepcionado y mi madre triste.
-¿Deberíamos ir a otro lugar?
-Esta tarde para reservar cualquier buen restaurante, Eva.- le dice mi padre a mi madre.
Ambos parecen molestos y yo estoy un poco desanimada, tenía la ilusión de divertirme esta noche, pero como siempre mi tita habla para salvar la situación.
-Volvamos a casa, preparare algo deliciosos y podremos cenar, escucharemos un poco de música, y abriremos un vino, saben que cocino mejor que un chef de 5 estrellas.
Todos aceptamos la idea y mi padre conduce a casa, y tal como salimos de mi hogar entramos después de que mi padre aparcara el auto.
En la casa mi abuela prepara una deliciosa lasaña y saca del horno un pan de ajo pre orneado, el salón se llena de olor a albaca mientras suena la canción que mi padre puso en el viejo tocadiscos que le regalo mi abuelo cuando era un adolescente, mi madre se acerca a nosotros y mi padre le estira la mano, ambos comienzan a bailar al ritmo de Menuet una canción hermosa de Toshifumi Hinata, yo los veo desde el sofá y me parecen muy felices, sonrió para mis adentros solo hasta que el sonido del timbre me interrumpe, mis padres detienen su baile y yo evito que se acerquen.
-Yo abriré.
Nunca creería esto si me lo hubieran contado, pero lo estoy viendo con mis propios ojos, el profesor Nadir está parado frente a mí con un elegante traje azul, tengo que levantar la vista para verlo a la cara aun con mis zapatos altos. Su olor a Armani invade mis fosas nasales y mi cuerpo tiembla por un breve segundo, ¿Qué hace el aquí?
-Profesor…- consigo decir.
-¿Puedo pasar?
-No…
La sonrisa amable de Nadir se borra de su rostro y me mira desafiante yo me quedo ahí como una tonta sin hacer nada y puedo sentir como la noche que pintaba como una cálida velada, ha pasado a ser la peor de mi vida.