CAPITULO IV

1376 Palabras
Fiorella. Mis padres vienen de visita este fin de semana, y hoy es jueves, los he extrañado tanto que el deseo de que estén a mi lado solo crece con cada minuto que pasa, me alisto para ir al instituto como todos los días, y no puedo evitar sentir los ojos de mi profesor en la nuca, como si todo el tiempo estuviera observándome. “Ugh” Un desagradable escalofrío me recorre y me deshago de la idea. Bajo las escaleras y ahí está mi tita como siempre sonriéndome ampliamente. -ayúdame con esto.- sus manos señalan el estante en donde guardamos las tazas, saco un par, y mi tita sirve té con leche, preparado con las flores y hierbas de su jardín, una delicia que solo ella puede hacer. -Tus padres me llamaron esta mañana, dicen que han terminado antes y estarán mañana aquí.- su voz tranquila me llena el pecho de alegría. -¡¿De verdad?! Asiente con la cabeza y yo salto de alegría, no puedo creer que esta vez hayan pasado seis meses desde la última vez que los vi, recuerdo que cuando era pequeña siempre me aferraba a las piernas de mi padre, no quería que se marcharan, ambos son abogados, su despacho es una leyenda en Nueva York, cuando decidieron que nos mudaríamos a Italia, no pensé que solo seriásemos mi abuela y yo, aun así los amo y me emociono cada vez que están aquí para pasar unos días, con el tiempo me he acostumbrado. Cuando el desayuno termina, camino hasta la escuela, nuevamente encontrándome con mis amigos, reímos y Abel nos ha traído helado, el clima realmente se está poniendo insoportable así que Romina y yo se lo agradecemos. El primer periodo de clases transcurre normal, los chicos y chicas riéndose entre sí y guardando silencio cuando los profesores explican, lo que se repite indefinidamente durante cuatro horas hasta que suena la campana para el almuerzo. -¡Vamos! Hoy darán tapas españolas.- Abel nos arrastra a mí y a Romina a la cafetería, se vuelve loco con la comida española, la ama. Cuando entramos al comedor, la fila ya es demasiado larga, así que Romina usa su encanto con un chico y nos deja pasar antes, Abel no dice nada porque está concentrado en lo que pedirá, yo solo puedo mirarlos y sonreír, hacemos un gran equipo, aunque yo no haya hecho mucho. -Míralos, parece que esos tienen algún tipo de conexión.- los ojos de Romina se posan al otro extremo del comedor, un área exclusiva para profesores. Lo veo entonces, el profesor Nadir está charlando y sonriendo, mostrándole esos perfectos hoyuelos a la profesora de ciencias, es una mujer guapa, alta, esbelta y con el cabello rubio perfectamente ondulado, que bien podría ser una modelo, pero decidió robarse los corazones de sus alumnos, aunque jamás he visto que ella tenga otras intenciones, esta tan metida en su trabajo que rara vez la vemos por aquí, hasta que llego ese hombre. Los dos se ríen y ella lo toca tímidamente de vez en cuando, Nadir permanece quieto, pero aun así se divierte con ella, se le ve sumamente amable.  la profesora de ciencias parece darse cuenta de las miradas y me dedica una sonrisa sincera, me conoce por mis padres, se encargaron de una demanda en su contra, la que obviamente ganaron, así que desde ese momento me convertí en alguien que ella aprecia, le devuelvo la sonrisa y Nadir voltea, me mira fijamente puedo sentir como sus ojos me atraviesan, le sostengo la mirada por un momento, solo hasta que Abel me jala para elegir la tapa que quiero, así que me veo obligada a ignorarlo. Nos sentamos y comemos lo suficientemente rápido para poder ir a por un poco de café frio, pasados unos veinte minutos, las clases se reanudan y las últimas dos horas están frente a nosotros historia del arte y el caliente profesor, así es como le dicen las chicas Mis amigos y yo entramos al salón tomamos nuestros respectivos lugares y a los segundos entra el profesor, con su atuendo completamente n***o, empiezo a pensar que tiene un fetiche con ese color. “Y con otras cosas…” Una risa aparece en mi rostro. -Debería ser menos egoísta y compartirnos la broma, señorita Fiorella.- su voz invade el salón de clases y yo borro la sonrisa, siento como el calor sube por mis pálidas y pecosas mejillas, nunca me ha gustado la atención y ahora todos están mirándome, mi respiración comienza a hacerse más rápida y la vista se me vuelve borrosa, quiero vomitar. -Lo siento, he sido yo quien le ha hablado, por eso se ha reído.- Abel se interpone y las miradas ahora se dirigen a él, la mirada de Nadir es terriblemente matadora, pero a mi amigo parece no importarle -Es una advertencia, la próxima vez tendrán que salir juntos del salón de clases El profesor da la vuelta y comienza a escribir en la pizarra. -Gracias.- le digo a Abel y él me sonríe, Romina quien está a mi lado me toma de la mano para que me tranquilice, este maldito trauma nunca me dejara tranquila, ni si quiera los psicólogos han podido ayudarme. Durante lo que queda de clase el temblor de mis manos y el constante pensamiento de salir corriendo han desaparecido, cuando la campana vuelve a sonar todos salen corriendo, lo que es normal considerando que es hora de volver a casa y como siempre Romina y su necesidad de ir a orinar cada vez que termina una clase me hacen sonreír, esta vez Abel duda en dejarme sola pero yo le digo que está bien y va tras ella, nuevamente me he quedado sola, pero esta vez no hay nadie más, tomo mi mochila lista para salir del lugar pero veo el móvil del profesor en el escritorio. “Maldita sea” Si fuera un poco menos entrometida lo habría dejado ahí. Me encamino a su oficina con el móvil en la mano, cuando estoy casi ahí escucho un grito ahogado. “Dios mío, ¿A quién estará torturando ahora?” Pienso en dejarlo en la puerta con una nota, pero quizá no sea la mejor opción, toco, pero nadie responde así que solo entrare y lo dejare. Abro lentamente la puerta de la oficina y ahí está el, con los ojos cerrados sentado en su cómoda silla de piel con los pantalones abajo, hundiendo los dedos en el enmarañado cabello de Rachel con una mano y apretando el brazo de la silla con la otra, mientras ella está de rodillas agachada con movimientos constantes de atrás hacia adelante, Nadir abre los ojos y su mirada esta encendida, llena de placer… Sus ojos están pegados a los míos y mis labios se entreabren un pequeño jadeo sale de mi garganta, mi respiración se vuelve pesada y la sangre se me va a los tobillos “¿Qué me pasa?” Puedo verlo mostrar una sonrisa ladeada como si le complaciera mi presencia y el medio hoyuelo que me regala con ella se queda grabado en mi mente, ninguno dice nada, pero no hace falta, mis piernas se derriten y puedo sentir la humedad en mis bragas de encaje, no se cuanto tiempo he pasado observando como Rachel le da mas placer del que me gustaría aceptar a Nadir, pero cuando vuelvo a mis sentidos me reprendo a mí misma. “Mierda, Carajo Fiorella.”  Con las manos temblorosas cierro la puerta y salgo del lugar. Me quedo un momento ahí tratando de recuperar el aliento, recuerdo a lo que venía y saco de mi mochila un post-it “Lo olvido” La pego en el móvil y lo dejo frente a su puerta, mis piernas parecen huir del lugar porque estoy caminando más rápido de lo normal, escucho pasos a mis espaldas hasta que mi cuerpo choca con el de Abel. -¿Qué pasa Fiorella? ¿estas bien? -Si, es solo que pensé que me habrían dejado.- miento. Me toma un momento recomponerme y cuando mis amigos y yo nos vamos volteo para encontrarme con un profesor Nadir observándome, sus manos en los bolsillos y la cabeza ladeada, tan intimidante como siempre.
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