Fiorella.
-¿No les parece que el profesor Nadir es un poco extraño?
Mi pregunta parece desconcertar a mis amigos quienes están al igual que yo devorando un helado.
-No, me parece que es una buena persona, notaste como en ningún momento vio a las chicas, él sabe lo que hacen, pero aun así no las miro ni una vez.
“Claro porque ese depredador estaba esperando a tener el aula sola”
pienso para mí misma.
-Siento que lo he visto antes, pero no me lo parece tampoco.- La respuesta de Abel me hace pensar que soy la única extraña, ¿soy la única que puede ver un lobo disfrazado de oveja?
-¿Por qué lo preguntas?
-Por nada, es solo que siento curiosidad.
-Fiorella Rinaldi… ¿sientes curiosidad por un hombre?
La cara de Romina es un poema y me hecho a reír.
-No de esa manera Ro, es más bien… olvídenlo, debo estar volviéndome loca.
Mis amigos ni siquiera me lo discuten y lo dan por sentado, no sé si estar agradecida o verdaderamente enojada por su indiferencia.
***
-¡Tita, llegue!.- grito cuando dejo mi mochila en una silla del comedor.
Veo bajar a mi abuela por las escaleras, tan tranquila como siempre.
-Flor, hazme un favor y llévale esas galletas al vecino, la última vez parecía disfrutarlas, se terminó todas con una sola taza de té.
Quiero decir que no, pero entonces tendría que explicarle todo lo que vi y no quiero que mi tita se horrorice y me encierre en mi habitación por culpa de ese hombre, así que asiento con la cabeza y tomo el contenedor de cristal, salgo de la casa y solo tengo que dar unos veinte pasos antes de estar en su puerta.
Me paralizo un momento, de verdad no quiero verlo, no sé cuándo tiempo he estado ahí, hasta que abre la puerta y me permito verlo más de lo necesario antes de hablar, no hay vestigios de barba y su cabello está perfectamente peinado, lleva el mismo traje que estaba usando en el instituto pero sin la bonita americana, solo una camisa negra informal de manga corta, las mangas abrazan sus brazos fuertes lo que le da un toque más juvenil, su delicioso aroma me confunde un momento, un escalofrío recorre mi espalda.
Sus ojos clavados en los míos, sin hablar, solo esta recargado en el marco de su puerta con los brazos cruzados, mis ojos recorren su cuerpo y debo aceptar que no está mal para ser un hombre mayor, rápidamente vuelvo la mirada al frente esperando que no note mi indiscreción.
-Mi abuela me pidió que le entregara esto.- estiro el frasco de galletas y sus largos dedos tocan los míos en un accidente, puedo sentir una especie de electricidad recorriendo la punta de mis dedos, es extraño, jalo mi mano rápidamente, quiero irme, no puedo evitar sentirme en peligro cuando estoy cerca de él.
-Me gustaría agradecerle por esto, y las delicias del otro día, por favor, envíale mis saludos a Adelaia.
¿Llama a mi abuela por su nombre?
Puedo ver su falsa sonrisa, sus ojos color miel invaden completamente los míos, su aura intimidante cumple su objetivo, me repito que no tengo miedo, pero mis piernas tiemblan, y mis manos sudan, aun así, sigo mirando sus ojos, me hipnotizan.
-Se lo dire.
Me obligo a darme la vuelta, necesito volver a mis sentidos, pronto estoy caminando a mi pequeña morada, pero su voz, nada amable, más bien desafiante, advirtiéndome… amenazándome, me detiene.
Se acerca a mí, puedo escuchar sus pasos en mi espalda, puedo sentir como su aliento se posa justo sobre mi oído, esta tibio, es tan... cálido.
-Fiorella, ¿sabes guardar secretos?.- No me muevo.- muchas de las cosas que ven nuestros ojos, deberían permanecer en secreto, solo así podemos estar a salvo… solo así puedo mantenerte a salvo Cariño.
Se que lo dice por lo que vi, su mirada encendida tomando a esa rubia mujer por el cabello vuelve a mi mente y cierro los ojos para olvidarlo de mi memoria.
"Como si fuera posible"
camino más rápido a mi casa, antes de entrar giro la cabeza para verlo una última vez, él ha vuelto a parase en el umbral de su casa, mirándome con una mano en el bolsillo de su pantalón y con la otra en el frasco de galletas, entro rápidamente y al fin puedo respirar, no note cuando deje de hacerlo, es verdad que este hombre estaba comenzando a robarme el aliento, pero no de una manera agradable.