Mi exesposa
Alejandro Ocampo
—Espera un segundo—en tipo joven sentado frente a mí me miró con los ojos muy abiertos—¡Eres Alejandro Ocampo! Te reconocería en cualquier lugar.
—Sí, ese soy yo—dije.
Sabía que debería sentirme halagado, y hubo un momento de mi vida en que así lo habría sido. Había sido toda una estrella en ascenso a la edad de dieciocho años. Los patrocinadores desembolsaron millones en publicidad y cuando yo tenía veinticinco años ya era multimillonario.
No era el tipo de famoso que hacía que todos en la calle me conocieran, pero si a una persona le gustaba la vida extrema, sabía quién era. Me encantó ese estilo de vida mientras duró, superando los veinte y los treinta sin ningún efecto duradero. Tenía una cicatriz aquí y allá sobre mi físico esbelto y musculoso, pero nunca me había pasado nada grave.
Cuando nació mi hija, agradecí no haber sufrido ningún efecto nocivo duradero debido a mi estilo de vida, y cuando su madre demostró ser poco más que una psicópata hambrienta de dinero, me sentí aún más agradecido.
Cuando terminamos nuestra reunión, ambos habíamos firmado en las líneas de puntos y él era oficialmente alguien a quien había elegido para invertir dinero.
—No me decepciones— le dije mientras le estrechaba la mano.
—Sí, señor—dijo mientras me daba un firme apretón de manos a cambio—.Me estoy tomando en serio todo.
—Asegurate de llamar a mi agente una vez que tomes esa decisión, y nos aseguraremos de que todo esté conforme al contrato antes de continuar.
—Absolutamente—dijo de nuevo, estrechándome la mano con entusiasmo una vez más antes de soltarme—. Gracias nuevamente por la oportunidad.
—Solo asegúrate de que mi inversión valga la pena—dije antes de que los dos nos separáramos—.Eso es lo que realmente me importa aquí.
Me prometió que lo haría; Luego, tomamos caminos separados.
Tenía un buen presentimiento sobre este tipo llamado Andrew Jones. Pude verlo llegar lejos en su carrera y me alegré de hacer la inversión por mi parte para cosechar los beneficios más adelante. Sabía que pasaría algún tiempo antes de ver algún retorno de esto, pero estaba de acuerdo con eso. Recordé claramente lo que era tener poco más de veinte años y buscar a alguien que creyera en mí.
Poder ser esa persona para otra persona realmente se sentía bien y realmente esperaba ver hasta dónde llegaría este chico.
Pero, una vez que terminó la reunión y me dirigía a la casa de mi ex, mi mente se centró en mi niña y no podía esperar para tenerla en mis brazos.
Superé el límite de velocidad y tomé las calles laterales y los caminos secundarios tanto como pude para llegar a la casa de mi ex. Traté de no dejar que me molestara ver el auto que le había comprado en el camino de entrada o pensar en que casi estaba pagando su hipoteca por vivir aquí.
Había sido un estúpido al casarme con ella.
Con un metro ochenta y un gran ego, estaba acostumbrado a llamar la atención de las mujeres. Mi cabello castaño oscuro estaba afeitado a los lados y crecido un poco en la parte superior; Aunque nunca estaba descuidado, lo mantuve con un estilo coqueto.
El tono de mi piel bronceada resaltaba mis ojos verdes, y el hecho de que siempre me mantuviera bien afeitado parecía volver locas a las mujeres también. Entonces, cuando Johana comenzó a prestarme atención, al principio simplemente me sentí halagado por la atención y pensé que ella era otra de las muchas admiradoras.
Entonces las cosas cambiaron. Había logrado convencerme de que era alguien diferente y que buscaba algo diferente. Actuó como si no fuera una más de las mujeres que se arrojaron sobre mí. Ella era más que eso. De eso me convenció al principio y por eso le puse un anillo en el dedo.
Hay que reconocer que fue una actriz extraordinaria. Ella me había vendido la idea de que estaba enamorada de mí, sólo para darse la vuelta y hacer exigencias irrazonables hacia mí y la relación tan pronto como nos comprometimos. Debería haberlo visto venir. El divorcio había sido feo a pesar de que yo quería terminar el matrimonio lo más rápido posible.
Si no fuera por nuestra hija de tres años, no tendría nada que ver con mi ex después de ese último día en la corte. Pero Luciana era mi mundo, y aunque yo era quien tenía la custodia total de ella, todavía intentaba permitir que su madre entrara en su vida cuando Johana estaba siendo al menos un poco razonable.
—Ya era hora de que aparecieras— dijo Johana mientras salía de la casa siguiendo a Luciana.
—Te dije que la reunión podria llevar mas tiempo— respondí—¿No te alegra haber tenido un poco más de tiempo con Luciana?
—No estoy nada contenta de que hayas hecho llegar tarde a mi cita de peluquería y uñas esta tarde— ladró—. Por otra parte, nunca pude confiar en ti para hacer una mierda cuando estábamos casados, así que no sé por qué sigo pensando que puedo confiar en ti para una mierda ahora.
–No estoy aquí para discutir—dije—. Sólo vine por Luciana.
—¿Quieres decir que no me vas a compensar por el tiempo extra de hoy?— ella preguntó.
—Me estás jodiendo—dije, mirándola—¿Quieres que te pague por cuidar a tu propia hija durante una hora más?
–Tenía planes y tú los arruinaste— dijo—.Gracias a ti tuve que reprogramar. Quiero una compensación.
Ella me miró fijamente y, por un momento, me pregunté cómo era posible que me hubiera sentido atraído por ella en primer lugar. Ella era bajita y eso me gustaba. Pero donde alguna vez pensé que ella tenía una hermosa sonrisa, solo vi una mandíbula apretada. Sus ojos azules me miraron con desdén, y su cabello teñido de n***o estaba despeinado, como si no pudiera molestarse siquiera en recogerlo en una cola de caballo.
Tenía las manos en las caderas y la longitud y el color de sus uñas parecían llamativos además de la cantidad de maquillaje que llevaba.
Me debatí sobre decirle dónde dejar su opinión, pero decidí que no valía la pena discutir. Podría ahorrarme el dinero y, si eso conseguía que se callara, también podría ceder a sus demandas.
Saqué doscientos dólares de mi billetera y se los entregué; Luego, tomé a Luciana en mis brazos.
–¡Papá!–gritó mientras reía y pateaba las piernas.
—¿Eso es todo?—preguntó Johana.
—Eso es todo– dije—¿No tienes ya también tu cheque de pensión alimenticia de este mes?
—Eso es una mierda comparado con lo que deberías pagarme— dijo—¿Tienes dinero, me mimas con el estilo de vida que llevas y luego esperas que vuelva a lo que no estoy acostumbrada?
—No estoy de humor para discutir— le dije.
—Eres aburrido—respondió ella.
—Soy un adulto; Se supone que debo ser aburrido—dije—. Estaré en contacto, estoy seguro.
—Más te vale. Ella también es mi hija, ¿sabes? —siseó antes de girar sobre sus talones y regresar a la casa sin siquiera despedirse de Luciana.
—Vamos, cariño–le dije—¿Estás lista para ir a casa?
Luciana balbuceó en mis brazos mientras la llevaba de regreso a mi auto, con mi mente en la conversación que acababa de tener con mi ex. Sólo actuaba como si le importara ser madre de Luciana cuando pensaba que iba a obtener algo económico de ello. No había ningún afecto entre ella y Luciana ni parecía importarle siquiera si podía ver lo que estaba sucediendo en la vida de la niña. Si bien eso me pareció frustrante por principio, me hizo sentir que mi hija merecía algo mejor. No necesitaba dejarse influenciar por una mujer que actuaba como lo hacía Johana. Como su padre, sabía que mi trabajo era asegurarme de que ella estuviera solo al cuidado de personas que querían lo mejor para ella.
Tenía dinero para contratar ayuda. No siempre tuve tiempo para cuidar de Luciana por mi cuenta, pero tal vez podría encontrar una buena niñera que lo hiciera. Mientras salía del camino de entrada y me dirigía a casa, la idea me acogió cada vez más.
Luciana sacó las piernas de su asiento de seguridad para niña grande y felizmente miró por la ventana mientras yo conducía a casa, tarareando la música de vez en cuando. Mi corazón se llenó de amor por ella y en silencio me prometí a mí mismo que encontraría a alguien que la hiciera feliz cuando yo no estuviera presente para hacerlo yo mismo.
A decir verdad, no sabía nada sobre cómo encontrar una niñera, pero pensé que no podía ser tan difícil. Especialmente con mi presupuesto.
Podría permitirme el lujo de ser exigente. Y después de cometer el enorme error que cometí con la mujer con la que me casé, sería mucho más exigente a la hora de traer otra mujer a mi vida.
Incluso si fuera puramente profesional.