David estaba completamente frustrado mientras se paseaba por su oficina. Alan Rivera, su mejor amigo y confidente, estaba sentado en un sillón, observándolo con una mezcla de paciencia e incredulidad. Sabía perfectamente de quién hablaba David, aunque este intentara evitar mencionar su nombre. —Tienes que declararte de una vez, David. —Alan rompió el silencio, cansado de las evasivas de su amigo—. Esto no puede seguir así. David se detuvo en seco, girándose para mirarlo con el ceño fruncido. —Es una niña de diecisiete años, Alan. Y además, es prácticamente mi hermana. Alan dejó escapar una carcajada breve, sacudiendo la cabeza. —Por favor, no digas tonterías. Azul no es tu hermana. Y si no te pones listo, alguien más se la va a ganar. Tal vez no sea ese tal Lucian, pero será un compañ

