Azul estaba sentada a la mesa, cenando con su familia, pero su mente no dejaba de divagar. Mientras compartían la comida, Mía, su madre, notó que David parecía estar más tenso de lo habitual, su rostro sombrío y los puños apretados mientras cortaba su carne. —David, ¿qué te pasa? Estás muy callado —preguntó Mía, mirando a su hijo con preocupación. David levantó la mirada y respiró profundamente antes de hablar, su tono cargado de frustración. —Es ese imbécil de Lucian —dijo, refiriéndose a Lucian Parker, el hombre que había aparecido de repente en sus vidas después del asalto—. No puedo creer que se haya metido en todo, como si fuera parte de la familia. Primero en el centro comercial, luego en la oficina de papá... Y ahora este tipo le manda flores a Azul. ¿Qué se cree, que tiene derec

