
Christine es escritora, ha publicado miles de libros, tiene una carrera exitosa, un novio perfecto, padres juntos, tiene mucho dinero. Si, efectivamente todo lo dicho anteriormente no es cierto, ¿A quién le gustan esos clichés? A mucho público juvenil, menos a ella.
Es escritora, pero no ha publicado ni una sola línea. Su padre, que además de ser un pedófilo, la comprometió a estar con el hijo de unas personas que pueden meterlo a prisión. Y por si la vida de Christine no les ha parecido lo suficientemente rara aun, hablemos de Adam, el chico que se metió por la ventana de su habitación; lo convirtió en su personaje principal, si, en el protagonista de su historia.
El príncipe azul no existe, ni ha existido nunca, y Adam no nos comprueba lo contrario, a menos que el príncipe azul siembre drogas, salga con una chica trans, casi mate a sus padres de una paliza y, por supuesto, se interese en otra mujer, una mujer como Christine. Él no es perfecto, y eso es lo que hace especial.
Christine tiene un acuerdo con su padre, pero si ella lo rompe, el ira a prisión, se quedaran sin dinero, sin la empresa, y ella no ira a la universidad, se quedaran en la calle y su padre morirá, porque a nadie le falta su condena espiritual; le diagnosticaron cáncer.
Todo esto parecerá chiste, pero es anécdota.

