Corrí hasta la calle, pero estaba tan oscuro, que pocamente podía diferenciar algo. Adam ya se había perdido entre las sombras, eran nulas las probabilidades de encontrarlo; el hizo su ida dramática dejándome sin señal de él. El frio resbaló por mis brazos y entré al restaurant nuevamente. Cogí el ramo de rosas y olfateé un divino aroma. Definitivamente había sido el mejor detalle. Aún estaba algo confundida, es decir, lo había visto con su novia, y de repente llegó acá como si nada, me daba este ramo, me deseó feliz San Valentín y se fue sin explicar nada. Mi mente estaba por echar chispas, y no de chocolate. Tenía que pensar las cosas bien, él lo hacía parecer un juego. A poco rato, el taxi llego por mí. Veía las luces de la ciudad pasar, los clubes llenos, los restaurantes un poco

