Capítulo 27

3110 Palabras

Rodrigo volvió a rozar sus labios con los de ella. ―Rodrigo, no... ―Sí, pequeña, podemos estar juntos, no hay impedimento alguno, mi amor. ―¿Qué dices? ―Eso, mi amor, que no somos hermanos de sangre. ―Pero... Pero... ¿Cómo? El doctor apareció en aquel momento y el hombre tuvo que ceder su lugar para que el profesional la revisara. ―Hay que llevarla a una cama. Necesito hacer una curación ―indicó el médico. ―Claro, yo la llevo ―ofreció Rodrigo con la mujer en sus brazos―. Don Enrique, ¿me enseña su cuarto por favor? ―Sí, sí, ven, por aquí es su dormitorio. La casa era de un solo piso, muy amplia y bien cuidada. Al final del pasillo del lado norte, se encontraba la habitación de la nieta, era un cuarto precioso, muy femenino, en el que Victoria se debía sentir muy a gusto. E

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