La boda de Rodrigo y Victoria fue, lejos, el evento más esperado de la zona. Todo el pueblo había sido invitado. Sin excepción. El abuelo y Rodrigo, no escatimaron recursos para organizar la fiesta la más linda de todos los tiempos en el predio de Enrique. Una semana completa de celebraciones que no pararían ni de día ni de noche. El vino, la comida y la música no faltarían en esos siete días de dicha y felicidad. Los novios, la primera noche de celebración, se escaparon al fundo de Rodrigo para tener su luna de miel. Ya demasiado habían esperado para seguir esperando siete días más. ―No sabes cuánto deseé tenerte en mis brazos, hacerte mi mujer ―expresó con emoción el hombre. ―Yo también anhelaba esto ―confesó ella sin pudor. Sin decir más, él la besó, pasional y dulce. Comenzó a
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