Finalmente llegó un médico, era bastante joven pero no tenía en su rostro una expresión de miedo, más bien parecía que le molestara tanta cosa religiosa, al entrar leyó la historia médica inmediatamente, no hablaba, así que le dije,
Por favor, explíqueme qué pasó y por qué estoy aquí? - fue casi un ruego, no podía juntar mis manos por las esposas pero de haber podido lo hubiera hecho, el doctor no levantaba la cabeza así que repetí con algunas lágrimas- Por favor, dígame, ¿Qué pasó?
En ese momento alzó su cabeza y en sus ojos se reflejó algo de pesar, debió ver el miedo y la confusión que sentía dentro en mi rostro, con un suspiro dejó la historia médica en su lugar y se acercó a revisarme
- De verdad no recuerda nada? - dijo
- No, por favor dígame...
Hace una semana usted atacó a un par de personas y cuando la intentaron capturar también lastimó a algunos oficiales de policía, sufrió al menos 5 descargas paralizantes antes de que dejara de pelear, es francamente increíble que hubiera podido resistir tal cantidad de electricidad teniendo en cuenta su contextura, luego de eso sabemos que tuvo alguna especie de episodio convulsivo y fue traída al hospital donde lleva inconsciente desde ese día, nada de lo que hicimos logró despertarla.
Yo escuchaba atónita, no podía creerlo, jamás había tenido siquiera una pelea o discusión escolar, lo único que sabía de peleas era lo que había visto en las películas de Jackie Chan, no tenía sentido
yo... no.. - intenté decir – la la las personas que me dijo que ataqué, ellas están....? - no podían estar muertas, pero si lo estaban eso explicaba las esposas y los policías, las lágrimas rodaban por mis mejillas, yo no podía haberle quitado la vida a alguien...
Fueron traídas a este hospital y ya se les dio de alta según sé, usted intentó ahogarles al parecer, pero no sufrieron heridas graves sólo algunos moretones y raspones. - En serio no recuerda nada?
No, de verdad que no – dije con gran alivio entre lágrimas, si no estaban heridos gravemente era mejor, y no era una ase...., la verdad no quería pensar en esa horrible palabra.
Por favor abra la boca, respire, cierre, respire, tome aire profundamente, sostenga, exhale, nuevamente – el doctor seguía con su examen – siente dolor en alguna parte?
- Sí
- ¿Dónde siente dolor?
Ahora que me lo preguntaba, otra vez volvía a notar el dolor en todo el cuerpo, era como tener una corriente eléctrica o un veneno en mi sistema que pesadamente intentaba rechazar todo mi organismo.
- En todas partes doctor, me duele todo
- Entiendo, ¿Dónde siente más dolor?
Era difícil pensar donde dolía más pero me ardían en ese momento las muñecas así que es eso le dije
- ¿Alguna otra parte?
Esto me estaba irritando, apenas si había recuperado algo de tranquilidad y ahora me tenía que enfocar en el dolor, no quería pensar en él, sólo quería que se fuera... ahora que lo pensaba me ardían varios lugares en la espalda y el cuello era donde tenía algo como una palpitación del dolor, allí definitivamente era más fuerte – En el cuello, ahí me duele más - intente tocarme la parte donde me dolía pero las esposas no me permitían mover las manos
El doctor procedió a examinar mi cuello palpando una zona en la base, inmediatamente vino una descarga de dolor – Ahhhh- grité - con las manos atadas moví la camilla al intentar alar de forma violenta, no fue buena decisión, las muñecas me ardían, seguramente entre los gritos que había dado antes de volver a quedar inconsciente y la ida de mis padres me había lastimado
- Tranquila, me dijo el médico firmemente, no quiero hacerte daño.
Yo no me dejaba de mover, entonces me tomó firmemente de los hombros y puso su rostro frente al mío.
- Natasha tranquilízate, no queremos hacerte daño pero necesitamos sacar esa cosa en tu cuello, mientras estuviste inconsciente no pudimos tocarlo, pero ahora que estás despierta parece que sí, así que necesitas estar tranquila y aguantar. ¿Entiendes?
La verdad era que no, nada tenía sentido y ni el más ordenado relato podía organizar lo que parecía una surrealista escena en un hospital, solo quería saber que tenía en el cuello ahora que lo decía el doctor, quería que me sacaran las esposas.
Tienes que tranquilizarte volvió a decir el médico, no has preguntado por qué todas esas cruces, concéntrate
Tenía razón, no lo había hecho, pero qué más daba, algo me impulsaba a querer sacar fuerza, a soltar las esposas, tenía ira, y esa ira iba creciendo, me sentía más irracional cada segundo
A lo lejos escuche un grito, era de una voz que conocía, era mamá, no veía muy bien pero empecé a distinguir su silueta arrodillada en el suelo, implorando a Dios algo que no entendía.
No quería que mamá llorara, ese pensamiento ocupó toda mi mente y volví a sentir calma, - no, mamá, no llores mamita – fue lo primero que dije
Alcé mi mirada y tenía un montón de rostros asustados dirigidos hacia mí, el médico me miraba con preocupación
- Tenemos que sacar esa cosa en tu cuello Natasha, esas cruces y cuadros están aquí porque cada vez que lo hemos intentado tocar algo extraño pasa, la gente con sus supersticiones cree que eso los mantiene alejados de ellos, pero creo que es una droga en tu cuerpo lo que te hace reaccionar así
- ¿Quién es usted? - Pregunte
- Soy el doctor Francisco Pietro, vi el ataque y quise examinar el caso, luego de que algunas cosas inexplicables pasaran fui el único que accedió a tratarte y ver tu evolución, ahora mismo me interesa saber qué es esa cosa en tu cuello y debo extraerla para examinarla.
- Natasha, deja que el doctor te examine y la retire, yo soy tu abogado - dijo un muchacho tan pálido que parecía que hubiera visto al mismísimo diablo – soy Santiago Avellaneda, vine porque tus padres me comentaron que ya habías despertado y debía hablar contigo para saber qué pasó.
Nuevamente era mucha información en muy poco tiempo, pero mis padres estaban allí, y no los habían sacado y los quería tanto a mi lado que cuando escuche a Papá decir,
- Hija, por favor deja que el doctor haga lo que tenga que hacer, aquí estamos para apoyarte amor, siempre has sido una buena niña y te amamos, sabemos que estás sufriendo pero estate tranquila y aguanta por tu mamá y por mi.
Él se acercó suavemente y tomó una de mis manos, se veía roja, había tirado con demasiada fuerza y me había lastimado hasta que la sangre había brotado, sabía que solo había sido un segundo pero nuevamente no sabía cómo había pasado.
- ¿Qué debo hacer para que saque esa cosa que dice que está en mi cuello?
Debes calmarte, vamos a traer una silla para que sea más fácil acceder a la zona, no puedes salir de la habitación, así que debemos hacerlo aquí, vas a aguantar todo el proceso sin anestesia, ya que no pudimos tocarla cuando estabas dormida, no creemos que podamos hacer algo si no estás consciente, aun así María te va a inyectar algunos analgésicos y vamos a aplicar algo de anestesia tópica para que puedas resistir mejor, sabemos que te duele pero debemos hacerlo lo más rápido posible, ¿estás de acuerdo?
Asentí, solamente veía a mamá y a papá con la esperanza en sus ojos así que no había nada más que pudiera hacer.
Muy bien, tus padres ya han firmado los formatos de consentimiento pero debes firmarlos también.
Sacó de un cajón cercano unos documentos con la firma de mis padres, al ver mis manos llenas de sangre miró a una enfermera que se movió rápidamente.
- María por favor trae la silla que habíamos predispuesto para el procedimiento, agente Gómez es necesario que le quite las esposas, no se preocupe - añadió rápidamente al sentir la protesta saliente del policía- sólo será para que firme una vez laven sus manos y pase a realizar el procedimiento, ahí podrá esposarla nuevamente, sólo serán unos minutos, no está en condiciones de escapar si eso es lo que le preocupa
El agente lo miró con desconfianza y le preguntó - ¿ con eso ya van a pasar las cosas raras?
- No puedo asegurarlo, al menos va a ayudarla.
Está bien, asintió el uniformado, lo haremos> - mi comandante no lo va a aprobar dijo el otro policía. - Cállate, ellos dijeron que había que hacerle guardia por seguridad de los otros pacientes y la de ella, y qué no debía salir de la habitación, si no sale está bien, estoy cansado de estar aquí con todas esas cosas
El otro policía se quedó pensando, parecía que también quería salir de esa tarea. - Está bien si no sale del cuarto.
Perfecto está decidido - dijo el doctor -, gracias María, por favor limpia las manos de Natasha
Sí doctor - respondió María - la silla viene en camino, Miguel y Alejandro la están trayendo.
Ni siquiera había notado el momento en que había llegado con un platón grande lleno de agua y una toalla, la pobre enfermera me miraba con terror, me acosté lentamente para que se sintiera mejor, dolía mucho así que mamá y papá tuvieron que ayudarme, el abogado se veía como alguien que no sabía qué hacer allí.
La puerta de la habitación volvió a abrirse y entraron un par de hombres que llevaban cargada una silla parecía de esas en las que uno se pone de espaldas y la cabeza le queda entre dos paletas en las que uno no puede mover nada.
Los policías se acercaron y quitaron las esposas, con dificultad me ayudaron a levantar, cada pequeño movimiento era como una corriente de dolor, la enfermera lavó mis manos más cómodamente, sentirlas sin las esposas era a falta de otra palabra muy liberador, dolían pero una vez estuvieron limpias y el papel firmado pude darle un abrazo a mis padres, aferrarme a ellos me hacía sentir segura.
Lentamente caminé los tres pasos hacia la silla, para hacerle espacio habían quitado parte de la religiosa decoración, me hacía sentir más normal, por qué estaban allí y qué eran esas cosas extrañas que el médico había dicho, eran preguntas que tendrían que ser respondidas después.
El instrumental de cirugía había llegado, lo conocía de las series de televisión. ver esas cosas que cortaban me hacía sentir pavor, pero ahí estaban mis padres dándome ánimo, parecían aliviados.
Quise llevar una mano a esa zona de mi cuello que en poco iban a operar, me sorprendí cuando sentí un pequeño bulto allí.
Una vez acomodada y atada en la silla, con los analgésicos fluyendo por la intravenosa y el spray anestésico mis padres tomaban mis manos bajo la silla y me daban ánimo, verlos ahí me infundía valor.
Es necesario desinfectar la sala - decía el doctor- todos los que no hagan parte del personal médico salgan, Miguel, Alejandro, por favor sigan el procedimiento para cirugía.
Yo no quería que mis padres se fueran, pero sabía que iba a ser desagradable para ellos ver, tendría que resistir, lo que fuera que viniera debía ser mejor que manejar el dolor.
Vamos a intentar adormecer un poco más la zona, dijo el doctor mientras sentía una aguja que me quemaba cerca al bulto en mi cuello, era como poner la piel magullada al fuego y a limón y sal al mismo tiempo.
Mis gritos no se hicieron esperar, el líquido inyectado me quemaba cada vez más conforme pasaban los segundos.
Eso no funcionó muy bien – dijo el doctor - Vas a tener que aguantar un poco más Natasha, voy a empezar a abrir.
Sólo hágalo!!. - Algo en mi me decía que aguantar este dolor me iba a liberar de algo peor, era como si necesitara sacar veneno de mi sistema.
Sentir el corte en la piel fue aún más doloroso, pero lo peor fue experimentar que algo se removía en la incisión, empecé a entender que tenía un parásito en mi cuerpo y fuera como fuera éste tenía que salir, yo tenía que sacarlo, nunca había experimentado un dolor tan grande hasta ese momento, sentía que ya no solo quemaba el cuello sino todo mi cuerpo.
Tan fuerte como empezó, se desvaneció, era indescriptible la sensación que me llevaba hacia la paz.