20 de Abril de 1814, Somerset. Samantha y su hermano ya tenían más de cuatro meses trabajando bajo el mandato de la viuda Lady Wrightwood, quien vivía con su hijo, el suntuoso Marqués de Wrightwood, un hombre tan hermoso que Samantha se había quedado de piedra la primera vez que lo vio tras los primeros días de trabajo. Cuando Lady Hughes les entregó la carta que era un pase directo a las filas de los sirvientes de su hija, Samantha sintió un gran alivio, una mezcla entre felicidad y esperanza que no cabía dentro de sí. No dudaron ni un segundo en lo que tenían que hacer, ni siquiera necesitaron explicarse con palabras, sus miradas lo decían todo por ellos. Inmediatamente egresaron a su pequeño hogar, después de darles las gracias un millón de veces a los condes, y recogieron lo necesar

