El aire se sentía diferente, o tal vez sólo era ella la que se sentía diferente, nada tenía el mismo color, no los percibía tan brillantes como antes, escuchaba ruidos a la lejanía, no distinguía los aromas del salón, aun cuando sabía que solía oler a madera y romero. No fue hasta que el vizconde se paró frente a ella que Samantha elevó el rostro y lo miró de plano, se encontraban solos y a poca distancia, ella había visto a Maximiliano abandonar la habitación pero no se percató de que el resto de los Lores B también se habían marchado. ‒ Milord ‒ susurró ella en un murmullo poco audible. ‒ Benedict ‒ respondió el vizconde. ‒ ¿Disculpe? ‒ preguntó confundida, dio un paso atrás pero perdió el equilibrio, de no ser porque el vizconde la había tomado del brazo hubiera terminado sentada

