7 Después de besar a Raphael y decirle adiós a su hijo, Rebecca entró en la casa y reunió lo que necesitaba para realizar su viaje diario al pozo de agua de Ai. Tarareando, salió de la casa con un jarro de agua que había colocado cuidadosamente sobre su cabeza. Cuando Lucifer se fue, sintió como si se quitara un gran peso de encima. No podía decir exactamente qué era lo que le hacía ponerse tan nerviosa cuando él andaba cerca. Cuando lo conoció pensó que sería alguien tan humilde y agradable como lo era Raphael. Ambos tenían la misma belleza sobrenatural que suponía que tendrían todos los ángeles. El cabello oscuro de Lucifer, así como sus rasgos físicos no tenían nada que envidiarle al cabello rubio de Raphael ni a sus rasgos. Pero eso era todo. Por lo demás, no tenía nada que ver con é

