8 Raphael estaba en la cima de una colina riéndose al ver a Jeremiel correr tras una de las cabras. Su cabello estaba húmedo porque se había bañado en el arroyo por primera vez. Aunque había disfrutado pescando, parecía que lo suyo era nadar. Jeremiel se abalanzó sobre la cabra, pero esta se movió en el último momento y acabó cayendo al barro. Raphael se rió entre dientes. Su hijo tenía una vista, un oído y una fuerza superiores, pero en lo que concernía a la limpieza, era igual que cualquier otro niño de cuatro años. —Quédate quieta. Se supone que me tienes que obedecer —dijo Jeremiel a la cabra—. Padre, ¿por qué no me escucha? —Trata de ser amable con ella. —Pero es que debería hacerme caso. ¿Por qué dices eso? —Porque yo soy más fuerte que ella. —Frunció el ceño—. El tío Lucifer

