15 Lahash se metió en el arroyo, con cuidado de no alterar al pez. Su cuerpo se movió lentamente por el agua sin dar indicios de que una lanza se alzaba sobre su cabeza. El sudor resbalaba por su frente hasta llegar a sus ojos, provocándole escozor. No se atrevía a secárselo para no hacer ningún movimiento repentino que pudiera espantarlo. Era el décimo pez que intentaba capturar esa mañana; las veces anteriores lo único que consiguió fue ahuyentarlos. Se detuvo un momento con los músculos tensos mientras colocaba la lanza en el ángulo perfecto. Después la sumergió en el agua. —¡Te tengo! —gritó al atraparlo con la lanza. El pez se movía frenéticamente cuando lo sacó de la lanza y lo lanzó en la cesta. —Uno menos. Ya solo quedan tres —dijo tirándose sobre una roca lisa que había junto

