Mis nudillos destrozan sus pómulos, mis lágrimas recorren mis mejillas —¡Bravo hermano! —Cada una de sus palabras están cargadas de odio y sorna. —Ni para matarme tienes pelotas ¿Qué esperas? —Su voz refleja dolor, inmovilice su otra mano de la misma forma, clavando mi otro cuchillo en su palma, ya está amaneciendo y mis hombres rodearon la zona, les ordené que no metieran sus narices en este asunto, esta cuenta solo puede pagarla Ángel y yo seré su único cobrador. —Dame un cigarrillo bastardo —Es su última petición, sabe que esta vez no lo dejaré ir. —¡Muchachos! —Orlando se acerca coloca el cigarrillo en sus labios y lo enciende, da una calada cerrando los ojos, una sonrisa macabra se forma en sus labios cerrados, mi pecho se oprime al ver su rostro destrozado, los rayos del sol ilumin

