No sé por qué en mi mente creí que los días que seguirían serían más fáciles, que la ruptura sería lo más doloroso y lo demás lo podría sobrellevar, pero no, qué jodidamente equivocado estaba. No sabía qué me dolía más, si el tener que verlo cada día sabiendo que no estará más conmigo, que no tendré a su cuerpo cálido a mi lado cada noche, ni sus brazos rodeándome o por dios, sus besos intensos llenos de deseo… pero no, no era solo eso, su dolorosa ausencia aún teniéndolo cerca, era también el hecho de estar inseguro, de no saber si hice lo correcto, si pude darle una oportunidad una vez más o… ¡no! Maldición, ¿a quién engaño? Si seguía siempre dejándole pasar por alto las cosas que hacía volvería a lo mismo, a él usándome, pasando sobre mí, pero ahora, después de varios días en que deci

