Nunca había estado tan aterrado antes y no sé ni cómo cuando ya me he visto envuelto en peleas de las que he huido satisfactoriamente, pero supongo esto era diferente, porque era la persona que amaba quién me gritaba de esta manera y que parecía estar a punto de perder el control conmigo. Daniel nunca me había gritado antes o no así, no con tanto enojo en sus ojos que parecía que pudiese estallar hacia mí en cualquier momento. No pude evitar alterarme a más no poder, mi corazón latía con fuerza en mi pecho como si quisira salirse ante el miedo y no sabía cómo manejar esta situación, cómo lograr que se calmara, que no pensara en hacerme daño si es que lo estaba pensando. —No, no, yo… —titubeé de forma ridícula y él se acercó de forma desafiante hacia mí. Por inercia di unos pasos hacia a

