La puerta se abrió y yo temblé, todo mi cuerpo hormigueaba y eso, no era buena señal porque de comenzar a zumbarme los oídos caería en una crisis de pánico; algo que pensé había superado... pero, me sentía igual ya me falta el aire y tenía las manos sudorosas. De pronto un aroma conocido llamó mi atención y caí al piso tumbado por un par de huracanes que me sacaron de mi estado de casi pánico, mis hermanos menores gritaban mi nombre: —¡Nap, Nap, Naaaaap llegasteeeee! - Besos y abrazos de parte de mis enanos favoritos. ¡Me sentía en la gloria! —¡ Holaaaa enanos! Cómo están ? Dios están gigantescos ¡como han crecidooo, ajjajajajaj! ¡No Deténganse, deténganse! - y me giré para quedar sobre ellos y hacerles cosquillas. ¡Ja! De eso soy el terror. — ¡Stella, Steven, por Dios deje

