"Y el dijo:
— ¿Por qué lloras, bebé? No voy a disculparme — entonces dije:
—Cállate y mejor bésame— "
- -
Las llaves no aparecieron por ningún lado. William pensaba que o del plano tenía muy mala suerte o que sí era muy idiota. Brice ya no mostraba sentimiento alguno, pero tampoco quería hablarle, sabía que solo empeoraría las cosas y por ese motivo que estaba sentado muy lejos de él. Daba mucho miedo, ya había hecho algunas llamadas donde maldecía a todo el mundo e incluía él también ya había sido maldecido más de lo que había sido en su vida. Ahora comprobaba que era verdad el sentimiento de irse a su cama para hacerse bolita y llorar
Aún faltaba tiempo para que su hermana llegara a casa y al parecer a sus padres tampoco se dignaban a llegar. La mala suerte lo venía a visitar de nuevo como su vieja amiga. Era tan incómoda la situación, ¿Debía disculparse? ¿Debía darle igual? No tenía idea de qué hacer.
- ¿Tienes hambre? —Will por fin se atrevió a preguntar.
- ¡Cierra la boca! —Le ordenó el contrario.
Y así fue como lo hizo. Se calentaron y sirvió comida para sí mismo mientras la calentaba en el microondas, lo mejor era no hablar cuando alguien estaba así de molesto. No iba a mentir y decir que no parecería culpable, porque al parecer el chico no-mojigato estaba arrastrando por su mala suerte, ya iban dos veces en que arruinaba algo a pesar de la última ocasión ya le había prometido no volver a medir en su vida
El tiempo que antes pasaría demasiado rápido ahora mismo era tan lento que quería llorar, ¿En qué momento llegaría alguien a salvarlo? Iba a ser brutalmente asesinado por el loco controlador y engreído de Brice. ¿Por qué diablos su hermana se enamoró de alguien así? ¿No pudo guiar su corazón hacia alguien normal?
Ah ... las mujeres buscan tipos tan extraños.
- Mira, lo que pasó no fue mi intención, yo te juro que la llave la coloqué en mi bolsillo pero cuando desperté de mi mini sueño, ¡La llave ya no estaba! Dime, ¿Tú crees en duendes? Deben de haber duendes por aquí, eso fue extraño, hash, me dio escalofríos.
- ¿No te han dicho lo patético que eres? —Ni siquiera lo miró pero esa oración bastó para herir los sentimientos de William.
El menor siempre fue alguien muy sensible que tomaba muy en cuenta lo que las personas solían decir de él, por esa razón siempre se sentía afectado por comentarios que no debía tomar en cuenta pero que al final terminaba haciéndolo.
— ¿Quién eres tú para decirme eso? Ni siquiera me conoces, y sí, puede que yo sea patético pero tú lo eres aún más, maldito idiota —pero esa vez no quería quedarse callado.
— ¿Soy yo el estúpido que perdió las llaves? ¿Tu capacidad cerebral no da para tanto? ¿Enserio? Me sorprende que alguien como tú haya llegado hasta la universidad, lamento que haya personas que te soportan todos los días.
— ¡También digo lo mismo de ti! Yo no soportaría tener a mi lado a alguien tan engreído que va por la vida haciendo inferior a las personas por pequeños errores que pueden pasar— William comenzó a ponerse rojo de coraje— ¿Tu vida es tan perfecta? Qué aburrido debe ser tú, lamento que seas un apestado social pero, ¿qué crees? Yo no soy tu empleado, no soy tu amigo o alguien que deba respetarte, para mi no eres nadie y por tu actitud no me imagino a cuantas personas hipócritas debes tener a tus pies hablando mal de ti.
Y había cruzado la línea. Brice no dijo nada y solo miró hacia la puerta, podía asegurar que estaba enojado pero también emanaba otro sentimiento del cuál no estaba seguro. Otro silencio incomodísimo se hizo presente, ¿Por qué mejor no huía a su habitación? Ah... se sentía verdaderamente mal.
Ambos estaban ahora sentados en el sillón, uno al lado del otro pero aún no decían nada. Ambos se habían pasado de la raya, no eran cercanos para haber hablado de la vida del otro como si lo supieran. William quería disculparse porque tampoco quería que la futura relación de su hermana se viera afectada por su culpa pero no se arrepentía de haber sacado su frustración.
— Brice, escúchame —suspiró— Tú y yo no somos cercanos, no nos conocemos para nada en absoluto, no te voy a pedir que me entiendas pero ten en cuenta que los errores le pasan a todos, yo en verdad lamento que por mi culpa no hayas podido llegar a esa reunión importante pero eso no te daba derecho de insultarme, ¿Entiendes?
— Dos veces, por tu culpa he fallado en mi trabajo dos veces.
— Nunca lo hice intencionalmente, la primera vez debiste haberme dejado tirado ahí, eventualmente iba a despertar en algún momento.
— ¿Cómo mierda iba a dejarte tirado? Te veías tan lamentable y asustado.
Cuando Brice dijo esas palabras la perspectiva de William cambió un poco, al parecer el mayor sí era un poco amable pero eso no le quitaba lo idiota que se había comportado. Estaba apunto de hablar nuevamente cuando el sonido de la puerta abrirse hizo a ambos voltear, ¡Sus padres habían llegado! Por fin, se sintió como un perrito al ver a sus dueños, iba a quitarse de encima al hombre de coraje horrible.
— William, ¿Un amigo tuyo? —su madre sonrió con bolsas en sus manos.
El nombrado no sabía que decir, ¿Cómo le explicaba a su mamá todo lo que había pasado? No iba a decirles algo como: Él es el chico que le gusta a mi hermana pero al que también lo he arrastrado conmigo y mi mala suerte, me desmayé frente a él y oh, también nos quedamos encerrados 3 horas en la casa. ¡Claro que no diría eso!
— Sí, soy amigo de William —pero respondió Brice.
— Mucho gusto —sonrió— No sabía que mi hijo tenía amigos que sí parecieran responsables.
— El gusto es mío y si me permite debo retirarme, solo he pasado a dejar unas cosas.
— Claro, espero verte pronto —sonrió y lo despidió— William, acompáñalo a la puerta.
¿AMIGOS? ¿ÉL Y ESE IDIOTA? Pero... ¿No se suponía que iba a venir justo ese día para cenar junto con su hermana? Oh... ahora, ¿Cómo se lo explicaba a su hermana? Idiota, idiota. El mayor se fue de inmediato y solo se quedó él frente al portón de la casa pensando en alguna solución para el problema. Bueno, si su madre preguntaba iba a decir que lo conoció gracias a su hermana. Suponía que el no-mojigato iba a contarle todo a ella así que ya lo pensaría más tarde.
Pero las cosas no fueron así... su hermana regresó de mal humor a casa y sin el idiota ese, es claro que le había cancelado, ¿Y cómo no? No iba a querer regresar después de lo sucedido. Ahora la culpa lo carcomía todavía más
— ¿Puedo pasar? —llamó a la puerta de su hermana pero no hubo respuesta— Syn, déjame entrar.
— Haz lo que quieras.
— Oye, tranquila —se adentró a la habitación y la encontró acostaba boca abajo con la cara hundida en su almohada.
— ¿Qué quieres?
— Vengo a disculparme contigo, no fue mi intención... —no pudo terminar su oración cuando su hermana se levantó de inmediato y le miró.
— ¿Por qué te disculpas? —preguntó— Solo estoy triste porque hoy Brice fue regañado de una manera muy fea, se desapareció todo el día, cuando le pregunté dónde había estado no me lo quiso decir... ¿Había algo mucho más importante que su empleo? Eso me causa conflicto, pienso que pudo pasarle algo pero él es tan impredecible que no me lo diría, después de que fue reñido parecía estar tan molesto que no quise ni preguntarle acerca de venir a cenar, solo me fui.
Otro problema más se sumaba a la lista que no parecía tener final, ¿Por qué Brice no simplemente se lo dijo? Ahora debía batallar con eso, también era importante destacar que eso empeoraba todo, gracias a él una persona había sido regañada, tan terrible... no tenía ni idea del cómo se sentiría si al no-mojigato le quitaban su empleo.
— Tranquila, hay ocasiones en que hay cosas que no se pueden evitar, ya llegará el momento en que él te cuente lo que le pasó —le sonrió— Yo he visto en sus ojos que te tiene confianza, no te ocultaría las cosas, quizás solo estaba muy enojado o estresado y por ese motivo no te habló, intenta entenderlo.
— Tienes razón —Syn sonrió— ¡Eres tan lindo, William, Will! —le aplastó las mejillas.
— Supongo —sonrió incómodo.
Ahora eso era como una cadenita. El haber hecho enojar a Brice había hecho hacer sentir triste a su hermana. De ahora en adelante iba a alejarse de él siempre que lo viera cerca, era peligroso.
Los días habían pasado, parecía que el agua comenzaba a calmarse, ya no había visto al no-mojigato y eso lo aliviaba, sentía que su vida volvía a la normalidad, sus amigos dándole ánimos y su novia amándolo mucho. Todo estaba tan bien. Pero una llamada en su teléfono lo hizo dejar de prestar atención a su entorno.
— Syn, ¿Qué pasa?
— Dejé un folder muy importante en casa, lo necesito para mi trabajo, ¿Puedes venir y dejarlo para mi? —su hermana se escuchaba verdaderamente desesperada.
— Claro, solo que vas a tener que esperarme, aún estoy en la universidad.
— Sí, no hay problema, puedes traerlo cuando puedas, solo que sea antes de mi hora de salida.
— Te veo en un rato.
William se despidió de sus amigos y su novia para correr a su casa. Ya era tarde, casi las cinco, debía darse prisa si quería alcanzar a llegar a tiempo. Había decidido tomar una motoneta como medio de transporte debido a que si iba en autobús iba a tardar horas para poder llegar. Cuando arribó frente a su casa fue de inmediato a buscar aquél folder, no demoró demasiado en encontrarlo pero ahora tomó un poco más de tiempo para ir hacia allá aunque no estaba tan lejos de su casa, una distancia considerable.
Cuando llegó a la zona de grandes edificios le vino un deja‐vú de lo que hace dos semanas había sucedido con el idiota ese, el tan solo mencionar su nombre le daba cólera, no quería volver a verlo. Eso esperaba pero al llegar ahí volvió a verlo con su teléfono en mano ignorando todos a su al rededor, ¿No tenía otra cosa qué hacer más que ver su teléfono todo el día?
Detente William, ibas a ignorarlo. Su mente se cuestionó y se autoregañó, le dejaría los documentos a su hermana y se iría, sí, eso es.
Ingresó al gran edificio y pasó de largo al de piel bronceada, debía subir al cuarto piso, ir a la oficina de su hermana, dejarle los documentos, decirle si quería que la esperara o de lo contrario salir huyendo. El estar cerca de Brice todavía le causaba mala espina, pensaba que era como un amuleto de mala suerte.
Cumplió con todo al pie de la letra, su hermana le agradeció pero corrió hacia la oficina de otro compañero dejándolo solo. Debía esperar a que la hora de salida llegara de su hermana llegara y Syn le dijo que podía esperar ahí mismo, que no era necesario irse a otro lugar. La oficina no era tan grande pero tampoco estaba sofocante, parecía ser un buen lugar para dormir. Tomó el abrigo de su hermana, el cuál se encontraba cerca, y se lo colocó encima de todo su cuerpo para apoyar su rostro sobre el escritorio. Durmió.
Podía sentir que alguien lo agitaba tranquilamente pero no estaba seguro. Cuando una respiración constante fue percibida eso lo hizo despertar por completo.
"Lindura, no duermas aquí" Fue lo que había escuchado.
¿Lindura? Mmm, esa no era la voz de su hermana. Fue un movimiento repentino el que hizo cuando quitar el abrigo de su rostro sus ojos se encontraron con los del bastardo que más odiaba. Iba a gritar pero solo lo empujó, mala idea.
Se le había caído todo el café encima.
Juraba que había visto un tic en el ojo de Brice. Sí, él también se estaba volviendo loco, ¿Qué clase de karma estaba pagando? Ahora sí que tenía compasión del pobre chico.
— Te dije que no te acercaras a mi de nuevo.
— ¡No lo hice! Solo vine a dejarle unas cosas a mi hermana.
El menor notó como toda la camiseta de Brice estaba ahora sucia, fue un alivio que el café estuviera tibio o de lo contrario un accidente más grave sucedería. Ya no iba a hablar más con él, hacer aquello significaba problemas... muchos problemas. Solo se quitó su suéter color guinda para ofrecérselo al mayor.
— ¿Planeas que me ponga eso?
— Combina con tu pantalón.
— ¿Sabes? Eres fenomenal, nunca nadie me había hecho tanto daño, ¡Bravo! Te ganaste un premio.
— Cállate —William quería llorar. No entendía para nada por qué esas cosas le seguían pasando, nunca jamás había sido tan torpe.
Brice tomó el suéter guinda y se lo colocó, le quedaba bien. Pensaba que ya no valía la pena seguir discutiendo aquello pero también le inquietaba no arreglar el asunto.
— No quiero discutir contigo, solo... aléjate de mi, ya no te quiero cerca.
— Dicen que cuando alejas algo más lo atraes —soltó y Brice le miró feo— Bueno, eso dice mi tía.
— ¿Es así? Bien, supongo que si quiero algo lo alejo... entonces de ahora en adelante no te evitaré, estemos unidos, quiero que eso solucione el problema.
— Debes estar bromeando —William comenzó a reír.
— Para nada.
William siguió riéndose mientras Brice le miraba de mala forma. Fue hasta que otra persona llegó a la oficina que el menor reaccionó, era su hermana.
— Veo que están los dos aquí, ya salí de trabajar, ¿Quieren ir a comer? —Syn tomó sus pertenencias para guardarlas.
— Mmm —Brice dudó— No lo creo.
— ¿Ya comiste? —cuestionó su hermana nuevamente.
— No, iré con William al centro comercial, prometió acompañarme a comprar ropa nueva —suspiró— Ya sabes, cosas de hombres.
Syn se echó a reír.
— ¡Eso es genial! Entonces, los veo después, solo acompáñenme a la parada del bus.
William no tuvo tiempo de protestar, ¿Eso era enserio? ¿Iba a pagar eso tan caro? Ya estaba harto.