MARISOL
Dos meses después
Hoy he hecho mi último examen final. Estos últimos meses han sido, sinceramente, un infierno. Solo he estudiado y me he centrado en los estudios, en lugar de en cualquier otra cosa. Mientras tanto, toda la escuela sabe que estoy comprometida. Nadie sabe con quién, pero saben que lo estoy. Logan me odia desde ese día. Pero, sinceramente, no me importa. No voy a estar triste por un chico que es violento conmigo en mi cumpleaños y me hace llorar.
Tampoco he sabido nada de Tom. Solo nos hemos visto unas cuantas veces en estos dos últimos meses para hablar de la boda. Se mantiene distante conmigo y, sinceramente, podría explotar de rabia. Sus cambios de humor son peores que los de una mujer embarazada. En cierto modo, le echo de menos. Su presencia dominante y su aroma fresco. Lo detesto, pero también se me ablanda el corazón cuando pienso en él. Tiene una coraza dura, pero en cuanto se relaja se convierte en una persona muy divertida. Sinceramente, no sé cuáles son sus verdaderas intenciones para ser tan distante conmigo.
De camino a casa, compré un café antes de volver a casa. Lo necesitaba. Nuestra boda es dentro de una semana. Sí, decidimos casarnos antes, ya que todo el mundo lo sabe. Hoy, su madre y su hermana nos van a recoger a mí, a las chicas y a mi tía para ir a comprar vestidos.
Busqué muchos vestidos, pero ninguno me quedaba bien. La madre de Tom, Teresa, me dijo que eligiera dos vestidos. Uno para la ceremonia y otro para la fiesta. Ahora es un reto mucho mayor. Me hicieron vestidos a medida. Me probé uno de ellos y me enamoré. Este podría ser el vestido que voy a llevar en la ceremonia. Era blanco, con capas de tela fina y mangas largas sin hombros.
Salí y todos empezaron a halagarme. Estaba tan feliz, me encantaba el vestido y me sentía muy cómoda con él. El siguiente vestido que elegí fue para la fiesta después de la ceremonia. Era mucho más cómodo porque era más fácil moverse con él. También era blanco y amplio, con un corte en la pierna.
Me enamoré de los dos y me los compré. Teresa pagó los vestidos porque dijo que era una costumbre cultural que tenían. La familia del novio pagó el vestido de novia. O los vestidos. Después fuimos a cenar y luego a casa de Teresa para relajarnos un poco.
Todos tomamos unas copas y nos lo pasamos bien hasta que Tom llegó a casa estresado y agresivo. Cerró la puerta de un portazo, lo que nos hizo gritar a todos. Ni siquiera miró quién estaba en el salón y subió corriendo las escaleras lleno de ira.
Miré a Teresa, que me hizo señas para que fuera a verlo. Perfecto. Esto iba a ser incómodo. Subí las escaleras y llamé a su puerta, que era la última del largo pasillo.
—Adelante—, le oí susurrar. Abrí la puerta y lo vi sentado en el borde de la cama con la cara entre las manos.
—¿Qué ha pasado?—, le pregunté mientras me acercaba lentamente a él después de cerrar la puerta detrás de mí. Respiraba rápido y con dificultad.
—Cálmate. Respira—, le dije mientras me sentaba en la cama a su lado, buscando su mirada. Le guié en su respiración y vi cómo se relajaba. —Pshht—, le dije mientras le acariciaba la pierna. Levantó la cabeza y me miró.
—Gracias—, dijo con aspecto de estar agotado.
—De nada. ¿Qué ha pasado?—, le pregunté de nuevo.
—El trabajo es j0didamente agotador. No he dormido en dos días y ahora la empresa para la que trabajaba quiere dejar de trabajar conmigo—, dijo con ira.
—Cálmate. Puedes manejarlo. ¿No hay forma de que puedas recuperarlos?
—No. Ya tomaron su decisión. Mi padre se va a enojar, hombre—, se quejó y dejó caer su cuerpo en la cama.
—Es interesante ver a un hombre tan aterrador como tú quejándose de su padre—, dije sonriendo y él se rió.
—No sabes lo aterrador que puede llegar a ser—, dijo mirándome.
—Me lo imagino—, dije riendo.
—¿Cómo te fue el examen final?—, preguntó. Me preguntó cómo me había ido el examen. Eso era justo lo que necesitaba. Se acordó, a pesar de tener tantas cosas entre manos.
—Bastante bien. Hice todo lo que pude. —, le dije, y él sonrió ampliamente.
—Enhorabuena. Estoy muy orgulloso de ti—, dijo mientras me abrazaba. Su afecto me ponía nerviosa. Ahí estaba él otra vez. El simpático Tom. Nos tumbamos allí abrazados, sin decir nada, simplemente disfrutando de la compañía del otro.
—He estado muy ocupado estas últimas semanas. Siento si te he tratado mal—, dijo mientras se giraba para mirarme a la cara. Me puso una mano en la mejilla y me rodeó la cintura con la otra, acercándome a él. Su tacto me hizo estremecer, ya que no podía apartar la mirada de sus ojos, bajándola hasta sus labios.
Volvíamos a estar muy cerca. Más cerca que nunca.
—Yo...—, empecé a decir para detener cualquier cosa que ambos fuéramos a lamentar.
—Shhh. No digas nada—, dijo contra mis labios mientras nuestras puntas de la nariz se rozaban. —¿Has encontrado tus vestidos?—, preguntó mientras su pulgar rozaba mis labios haciéndome flaquear las rodillas.
Asentí suavemente mirando sus ojos, que estaban fijos en mis labios.
—Estoy deseando verte con ellos puestos—, susurró contra mis labios antes de darme suaves besos en el borde de los labios. Cerré los ojos y exhalé con placer. Sus provocaciones no eran tan útiles como él pensaba. Mi paciencia ganó.
—Tu paciencia me está matando.
—El contrato—, susurré.
—Que se pudra ese contrato—, estalló y me atrajo hacia él por la cintura antes de posar sus labios sobre los míos. Tardé un momento en corresponder al beso. Se empujó sobre mí, atrapándome entre sus brazos. Su lengua rozó mis labios mientras yo abría la boca para que entrara.
Nuestro beso fue lento, pero también salvaje. Lleno de pasión. Fue muy tierno conmigo. Envolví mis brazos alrededor de su cuello y le agarré del pelo corto. Tiré de él haciéndole gemir. Sus besos viajaron desde mis labios hasta mi mandíbula, a mi cuello, provocándome un gemido antes de volver a subir a mis labios. Después de ¿qué? 15 minutos de besarnos sin un solo momento para respirar, se apartó. Nuestros cabellos estaban revuelto y nuestros labios hinchados cuando nos miramos después.
Se dejó caer en la cama a mi lado y me atrajo hacia su pecho. Disfruté de su presencia porque sabía que pronto volvería a ponerse su fría coraza.