MARISOL Me tumbé en su cama esperando impaciente a que llegara a casa. Cerré los ojos lentamente y sentí cómo el cansancio se apoderaba de mi cuerpo. No había tenido pesadillas en mucho tiempo. De hecho, dejaron de aparecer después de mi cumpleaños. No sé por qué, pero la presencia de Tom me ofrecía una especie de protección. Me sentía segura a su lado. Abrí los ojos de par en par para evitar que se cerraran de nuevo al oír pasos delante de la puerta. Me senté rápidamente y esperé a que se abriera la puerta. Cuando se abrió, vi entrar a Tom. —¿Por qué no estás durmiendo?—, preguntó confundido. —Te estaba esperando—, le dije mientras se sentaba en el borde de la cama y me abrazaba. Escondió su rostro en la curva de mi cuello y olisqueó mi cabello. —Echaba de menos esto—, dijo ante

