Capítulo 1: “Ya le llamaremos”
¿Quién soy yo?
Me llamo Zoe Carrasco y tengo veinticinco años. Actualmente, estoy a punto de mudarme de mi departamento junto a mi mejor amiga de la universidad, Emma. Desde que terminamos nuestros estudios, decidimos vivir juntas para independizarnos de nuestras familias y ahorrar en el alquiler. Además, Emma no se sentía cómoda con la idea de vivir sola, así que esa fue otra razón importante por la que decidimos compartir nuestro espacio.
1:54 p.m.
Emma: — Vamos, Zoe — dijo mientras se dirigía a su auto rojo, un regalo de sus padres hace dos años. Yo aún no tenía un auto, pero planeaba comprar uno ahora que tenía mi licencia de conducir desde hace un mes.
— ¿Ya se llevaron todo con el camión de mudanzas?
Emma: — Sí, y si seguimos tardando, nuestras cosas quedarán tiradas en la puerta de nuestro nuevo departamento. ¡Sube! — insistió apresurada.
Veinte minutos después, llegamos a nuestro nuevo hogar en las afueras de la ciudad de Nueva York. Era espacioso, con tres dormitorios, cada uno con su propio baño, lo que significaba que finalmente tendría uno especialmente para mí.
— ¡Muchas gracias! — agradecí al hombre de las mudanzas después de ayudarnos a llevar nuestras cosas al tercer piso de los cinco que tenía el edificio.
Emma: — ¡Estoy exhausta! — exclamó mientras se dejaba caer en el único sofá de la sala.
— Yo también lo estoy
Emma: — ¿Qué tal una noche de chicas para celebrar nuestra nueva casa?
¿Qué te parece? — preguntó con una sonrisa pícara, lo que me hizo reír.
— Pero estoy agotada. ¿Y si vas sola y te diviertes?
Emma: — ¡No seas aburrida! Debemos celebrar que tenemos una casa. ¿Qué mejor manera que ir a bailar? Quién sabe, tal vez encuentres a alguien interesante
— De acuerdo, pero que quede claro que solo voy a embriagarme y a bailar, no para ligar con nadie — aclaré, y ella rio.
9:15 p.m.
Dándome cuenta de que necesitaba otro chupito, me acerqué nuevamente a la barra de la discoteca y le pedí al barman uno más.
— Dame otro chupito, gracias
Richard: — Yo lo pago, invito yo — dijo un chico a mis espaldas, acercándose a la barra.
Tenía el cabello rubio, ojos café y tenía un rostro lindo.
Richard: — Ten — dijo dándome un chupito de tequila.
— No hacía falta, pero gracias — dije y sonreí.
Richard: — Me llamo Richard
— Un gusto
Richard: — ¿Cómo te llamas?
— Zoe
Richard: — Un gusto Zoe — mencionó tomándome la mano y dejando un beso en el dorso, por lo que yo sonreí apenada.
Emma: — Veo que ya conseguiste a alguien — dijo acercándose y tomando de la mano a un chico alto y de cabello n***o.
— Cariño, él es Jacob
Jacob: — Mucho gusto — dijo mirándome con una sonrisa en sus labios.
— Un placer, soy Zoe
Jacob: — ¡Vaya! Estabas aquí, no te encontraba por ninguna parte
— mencionó mirando a Richard.
Richard: — Quería tomar algo y vine a la barra, ya que te vi ocupado — dijo mirando a Jacob y a Emma al mismo tiempo.
Jacob: — Por cierto, Richard es un amigo mío, nos conocemos desde la universidad
— Ah
Emma: — Cariño, Jacob y yo ya nos vamos, ¿vale?
Jacob: — Ahora vuelvo, iré a traer el auto — mencionó y se fue.
— ¿Te lo llevarás al departamento?
— susurré sorprendida en su oído.
Emma: — No, me llevará al suyo
— ¿Y cómo confías en él?
Podría hacerte daño, apenas lo conoces
Emma: — ¡No seas dramática!
Solo follaremos, nada más.
Tú tendrías que hacer lo mismo con él
— dijo mirando a Richard, quien se distraía hablando con el barman.
— Ni loca
Emma: — Algún día tendrás que atreverte
— Tal vez, pero ahora no. Cuídate.
Ya sabes, si me necesitas, llámame
Emma: — Lo haré, no te preocupes
Me dio un beso en la mejilla y se dio la vuelta para irse.
— Adiós — mencioné viéndola partir y Richard se acercó a mí.
Richard: — Entonces, solo quedamos tú y yo. ¿Quieres bailar?
— Está bien — respondí y él me cogió de la mano.
Después, al estar bailando, me di cuenta de que de vez en cuando él restregaba su cuerpo al mío a propósito y eso me ponía en alerta porque a decir verdad, yo no quería acabar en la cama con él.
Yo no era como Emma, que se cogía al primero que veía, era todo lo contrario y no me atrevía a hacerlo con alguien a quien no conocía y Richard, no sería la excepción.
Entonces, al acabar el baile, salimos de la pista.
Richard: — ¿Te llevo a casa?
Tengo moto — propuso y obviamente mi respuesta iba a ser un no, pero luego recordé que a esas horas de la noche, andando por las calles de Nueva York siendo mujer y andando sola, no era la mejor idea.
— Vale — accedí a su propuesta y salimos de la discoteca en dirección a mi departamento.
Richard: — Ha sido un placer conocerte. Ojalá nos volvamos a ver — dijo cuando me bajé del asiento trasero de la moto y él siguió mi gesto, poniéndose de pie delante de mí y quitándose el casco.
— Lo mismo digo — mencioné y él me tomó por la cintura sutilmente.
Richard: — ¿Te puedo dar un beso?
La pregunta me dejó paralizada y antes de que pudiera responder, él se inclinó y me besó. Intenté apartarlo, pero al final me dejé llevar por su cálido beso.
Habían pasado más de diez años desde la última vez que un chico me había besado. Aquella vez, el primero en mucho tiempo, había sido alguien enamorado de mí, aunque yo no correspondí a sus sentimientos en ese momento. Sin embargo, no pude resistirme al beso que me robó.
Y ahora, con Richard, reviví una sensación que había olvidado durante tanto tiempo.
— Tal vez nos volvamos a ver — dije rápidamente cuando sentí sus manos sobre mi trasero. Le había permitido el beso, pero más allá de eso no estaba dispuesta.
Richard: — ¿Segura? ¿No quieres que me quede? — preguntó y besó mi cuello.
— No, lo siento — respondí y él me volvió a mirar y en su rostro noté confusión.
Richard: — Bien, hasta luego.
Lo siento si he sido un grosero
— No te preocupes, no pasó nada — dije y él sonrió en tanto se ponía el casco.
Richard: — Hasta luego
Una semana después.
Martes, 8:12 a.m.
Me encontraba sentada en una silla, en una habitación iluminada por la luz natural que se filtraba a través de las ventanas, con mi mirada dirigida hacia un grupo de candidatas que competían por el mismo puesto de secretaria en la empresa textil donde había depositado con esperanza mi solicitud de empleo.
El ambiente estaba impregnado de una tensión palpable, pero en mi caso me sentía tranquila y sobre todo llena de confianza, o eso pensaba hasta que llegó mi turno de ser entrevistada.
Voz: — Siguiente — anunció una mujer de unos cuarenta años. Rápidamente, coloqué mi currículum en la carpeta, intentando calmar mis nervios, ya que era la primera vez que me postulaba para un trabajo.
Entré a la sala y me encontré con una mujer de cabello n***o y liso que me miró de arriba a abajo antes de pedirme que me sentara.
Señora: — Por favor, su currículum
— solicitó, y lo entregué de inmediato.
— Veo que no tiene mucha experiencia — comentó mientras lo revisaba y luego me lo devolvió.
— Le informaremos si seguiremos con su proceso más adelante, puede retirarse
— dijo sin rodeos, por lo que salí del despacho, decepcionada, sintiendo que mi currículum no la había convencido. Ni siquiera me había preguntando nada y eso ya me había dejado claro que no iba a ser seleccionada.
10:11 a.m.
Decidí dirigirme a otra empresa textil en busca de una oportunidad.
En la recepción, una recepcionista no muy amigable que masticaba chicle me indicó que podía pasar. Entré a la oficina y me encontré con un hombre regordete y medio calvo.
Charlamos por unos segundos y en seguida me despachó.
Señor: — Bien, le avisaremos si la seleccionamos.
A menos que esté interesada en otras posibilidades — dijo, mirándome de una manera desagradable y tocando mi barbilla con su mano sucia.
— No, gracias — respondí con firmeza mientras me levantaba de la silla y le arrebataba mi currículum de las manos.
Señor: — ¿Estás segura?
Podría ofrecerte un mejor salario si estás dispuesta a considerar mis propuestas
— mencionó, evaluando mi cuerpo nuevamente con una mirada lasciva.
— ¡Pervertido! — exclamé al escuchar sus inaceptables insinuaciones y salí rápidamente de su despacho.
Luego, caminé por las calles durante varios minutos para distraerme un rato y finalmente entré a un restaurante de comida rápida para almorzar, ya que la hora del almuerzo se acercaba y mi hambre era evidente.
De modo que, Después de hacer mi pedido, me dirigí a una mesa que había sido ocupada por dos hombres momentos antes.
Comencé a disfrutar de mi hamburguesa y papas fritas, y fue entonces cuando noté una revista sobre la mesa.
Sin dudarlo, la abrí y comencé a leer.
Entonces, en las primeras páginas, me encontré con un anuncio que me sorprendió:
"Grimaldi's Company busca con urgencia una secretaria".
Leí, por lo que salí de inmediato del local de comida rápida, no antes sin meter la comida en mi bolso para comérmela después, ya que estaba casi intacta y desperdiciar una riquísima hamburguesa no era una buena idea.
Más tarde, llegué al lugar, exhausta, por haber corrido varias cuadras para llegar a tiempo.
— Buenas tardes, ¿aún tiene vacante el puesto de secretaria? — pregunté a la recepcionista.
Recepcionista: — Tiene suerte, porque todavía queda tiempo para hacer entrevistas. Por favor, espere aquí — dijo con una sonrisa.
Tomé aire e intenté arreglarme la ropa para parecer decente, como lo era todo ese sitio, ya que el sitio irradiaba profesionalismo.
— Puede pasar. Mi compañera la llevará a la sala de entrevistas — anunció la recepcionista.
Seguí a su compañera hasta una puerta de madera de tono café. Esperé pacientemente varios minutos antes de que me permitieran ingresar.
Christen Grissom: — Bienvenida a Grimaldi's Company, es un placer conocerle. Soy Christen Grissom, una de las publicistas de la empresa, pero también me encargo de hacer entrevistas — dijo mientras estrechaba mi mano.
«Al fin, alguien con buenos modales», pensé, mientras correspondía a su saludo. Luego, me acomodé en una silla tapizada con terciopelo, supercómoda.
Christen Grissom: — Ahora, ¿cómo se describiría a sí misma? — preguntó mirándome con su mirada tan intimidante.
— Aunque mi historial laboral es breve, ya que recientemente me gradué de la universidad, me considero altamente autónoma, versátil, responsable y dedicada. Además, tengo habilidades en varios idiomas, incluyendo el español y un poco de francés
Christen Grissom: — Sabe, en nuestra empresa, buscamos lo mejor de lo mejor, empleados que puedan cumplir sus tareas de manera efectiva
— Y yo puedo asegurarle que soy capaz de adaptarme a las situaciones y si tengo que quedarme hasta la madrugada trabajando, lo haré.
He escuchado muchas cosas buenas de su empresa y para mí sería un honor trabajar aquí.
Si me da una oportunidad, en verdad se lo agradeceré
Christen Grissom: — De acuerdo, nos pondremos en contacto con usted. Déjeme su currículum y lo tendremos en cuenta
— mencionó, y su tono indicaba que mi súplica no había sido convincente.
Aunque su respuesta no mostraba un entusiasmo inmediato, me aferré a una tenue esperanza. Sin embargo, no podía evitar que la incertidumbre me abrumara: ¿Y ahora? ¿Cuál sería mi próximo paso? ¿Qué pasaría si no conseguía ningún trabajo?... Seguramente no recibiría esa llamada tan anhelada.
Así pues, salí de esa gran empresa millonaria mientras reflexionaba sobre si todo lo que había estudiado para convertirme en secretaria tendría algún valor. Me preguntaba si tenía alguna posibilidad de ser contratada en un lugar tan prestigioso y reconocido como este.
Un mes después.
Sábado, 5:34 p.m.
Emma: — Voy a dar un paseo con Jacob, nos vemos luego. Cuídate
— Claro, ¡diviértete! — respondí antes de que mi teléfono comenzara a sonar, por lo que rápidamente contesté la llamada.
Ximena: — Buenas tardes, ¿es usted Zoe Carrasco?
— Sí, ¿quién habla? — pregunté, mientras Emma se sentaba a mi lado en el sofá.
Ximena: — Soy Ximena, recepcionista de Gimaldi's Company. Hace algunas semanas, usted solicitó el puesto de secretaria en nuestra empresa.
¿Sigue interesada? — preguntó y yo quedé en shock.
La emoción dentro de mí creció al darme cuenta de que finalmente podría conseguir un trabajo, y no uno cualquiera, sino en la compañía inmobiliaria más prestigiosa de la ciudad y el país.
— ¡Por supuesto! — respondí emocionada.
Ximena: — Muy bien, el próximo lunes vendrá para una prueba a las diez de la mañana, aunque, viendo su currículum, es muy probable que obtenga el puesto, especialmente considerando que el Sr. Grimaldi necesita urgentemente una secretaria
— Está bien, estaré allí — dije, tratando de no mostrar lo emocionada que estaba, aunque me resultaba difícil.
Ximena: — Excelente, adiós
— Hasta luego
Colgué la llamada y miré a Emma, que tenía las manos cubriendo su boca. Ambas estábamos emocionadas y sorprendidas.
Emma: — ¿Entonces, conseguiste el trabajo?
— ¡Sí! — exclamé saltando de alegría.
Emma: — Estoy muy orgullosa de ti. Finalmente, tendrás un trabajo importante, no como el que teníamos antes. Ven aquí — me pidió y me abrazó.
— Gracias, de verdad
Emma: — Esta noche lo celebraremos
— Pero, ¿qué pasa con Jacob? ¿No ibas a ir donde él?
Emma: — Tienes razón, lo invitaremos. Pero ahora tengo que irme porque me estará esperando.
— Está bien, adiós
Emma: — Adiós, cariño. Me alegra mucho por ti — dijo mientras me lanzaba un beso al aire, al cual correspondí. Luego se encaminó hacia la casa de Jacob, su novio desde hacía un mes, a quien conoció en una discoteca.
Con una sonrisa en el rostro, esta vez llena de certeza sobre conseguir un trabajo digno, reflexioné sobre lo lejos que había llegado. Había pasado por tantas respuestas vacías en los lugares donde dejé mi currículum, siempre prometiendo "ya le llamaremos", lo que en muchos casos resultaba ser una gran mentira. Pero por fin, una empresa se había fijado en mí.