ZOE
Dante me estaba dando sexo oral, pero esta vez estábamos en mi oficina, no en la suya, y como ya era tarde no había nadie en la empresa. Todos se habían ido.
— ¡Ah!
Lancé un gemido mientras él movía su lengua por todos lados y con sus dedos hacía movimientos dentro de mi v****a.
Metí mis dedos en su cabello y sentí que había llegado a mi límite, un orgasmo.
Luego, él se detuvo, me miró a los ojos y me dio un beso.
Intenté tomar aire y le volví a besar, dándole un beso con el que supiera, lo agradecida que estaba por el placer que me había dado.
Nos miramos a los ojos, en un silencio que lo decía todo, pero había algo en esa mirada, algo oculto, como si entre sus pupilas se guardara una verdad que no quería compartir. Después, sin decir una palabra, se puso de pie, su gesto tan decidido como si el momento ya hubiera pasado.
Dante: — Mañana salgo temprano para los Ángeles
— Te echaré de menos — dije mientras él desviaba la mirada hacia el suelo, aparentando no haberme oído, y se ajustó el saco en silencio mientras yo me vestía de nuevo.
Dante: — Ya es hora de irnos
— mencionó y abrió la puerta.
Se le veía afectado, como si mis palabras no le hubieran gustado o le hubieran causado una emoción que no sabía cómo expresar.
Salimos de la oficina, bajamos al estacionamiento y nos subimos a nuestros autos sin decir una palabra más. Era extraño, y no entendía por qué Dante actuó de manera tan distante y tan repentina porque todo iba bien minutos antes.
Jueves.
Ya llevaba una semana desde que Dante se había ido a los Ángeles.
Él en ese viaje no me pidió que me fuera con él. Decidió irse solo porque dijo que no me iba a necesitar, ya que solo iba a estar en reuniones y normalmente yo no estaba ahí con él cuando eso sucedía, pues no era mi asunto. Sin embargo, ese distanciamiento me ayudó muchísimo a reflexionar sobre la situación en la que estaba.
Me estaba acostado con mi jefe, no solo una vez, varias veces y eso no estaba bien.
Realmente no me había puesto a pensar en la gravedad de la situación.
Por estar con las ganas que me causaba, Dante no había tenido en cuenta las consecuencias del hecho de estar saliendo con él, más bien, coger con él.
Sí o sí, tenía que dejar de pensarle y más concretamente, dejar de desearle y de tener esos encuentros porque no era lo correcto.
Todos esos encuentros habían surgido a raíz de decirle que me parecía guapo y que lo encontrara masturbándose en su oficina.
Honestamente, durante mucho tiempo, no había tenido una perspectiva clara de la situación, ya que todo había ocurrido muy rápido. Aun así, con el tiempo que tenía ahora para reflexionar sobre todo esto, sabía que era hora de tomar decisiones importantes.
La principal: olvidarme de desearle, de querer estar con él y ya no solo por el aspecto s****l, sino también porque yo empezaba a sentir algo por él.
A veces tenía ganas de amarle, de saber más de su vida y de involucrarme en su día a día, no solo como su asistente personal, sino como alguien importante en su vida.
Sí, lo sé, me estaba volviendo loca por sentir esas emociones hacia Dante, pero como dije desde el principio, estaba dispuesta a superarlo, sin importar lo que sucediera.
No quería que me rompieran el corazón, ya que lo más probable era que él me dijera que no sentía nada más que ganas de follar conmigo, así que no podía seguir en estas.
Tenía que despejar mi mente y sacarlo de mis pensamientos.
2:05 pm.
Ya era la hora del almuerzo, por ello bajé al restaurante de la empresa.
Moría de hambre.
Así pues, pedí mi comida y me encontré con Marcus sentado en una mesa, estaba comiendo solo, por lo que me senté a su lado.
— Hola
Marcus: — Hey
— ¿Cómo va todo?
Marcus: — Bien
Observé a Ximena entrar en el restaurante, pero cuando me vio junto a Marcus, se dio la vuelta y salió de nuevo. Probablemente, lo hizo debido a su relación con Marcus; quizás aún no habían resuelto sus problemas.
Marcus: — Por cierto, ¿estás ocupada?
— No
Marcus: — Es que mañana tengo que ir a Los Ángeles para una reunión, y Karla no puede acompañarme porque está enferma
— ¿Entonces?
Marcus: — ¿Te gustaría ir conmigo? Necesito a alguien que me ayude a organizar documentos y preparar algunas cosas. Sé que no es tu trabajo, ya que eres la asistente de Dante, pero…
— No te preocupes, estaré encantada de ir contigo
Marcus: — ¿No crees que Dante se molestará?
— Nah. Además, es importante, y estoy segura de que ni siquiera se dará cuenta de que no estoy
Marcus: — Perfecto. Serán solo dos días, de todos modos
— Muy bien
Marcus: — Te estaré esperando en el estacionamiento a las siete
— Vale
Le sonreí a Marcus, quien continuó comiendo, y yo estaba a punto de hacer lo mismo, pero me vino a la mente Ximena.
— ¿Me disculpas?
Marcus asintió: — Claro
Me levanté y recogí mi plato antes de dirigirme hacia donde estaba Ximena, a quien encontré en su escritorio comiendo.
— Oye
Ximena: — Hola
— ¿Por qué te fuiste?
Ximena: — ¿Irme?
— Sí, no te hagas
Ximena: — Vale, está bien. Es que aún no he hablado con Marcus
— Ah, entiendo
Coloqué mi plato de comida en su escritorio y ella siguió hablando.
Ximena: — Quiero hablar con él, pero me da miedo. Tengo ganas de decirle lo que siento por lo que pasó la última vez, cuando me negué a besarlo
— Pues hazlo
Ximena: — Es que me da miedo, ¿qué tal si solo me ve como una amiga?
— preguntó, y solté un suspiro.
— Bueno, yo podría ayudar. Él me pidió que le acompañara a Los Ángeles porque tiene algunas reuniones, así que le puedo preguntar cosas
Ximena: — ¿¡En serio!? — preguntó emocionada.
— Sí, y así sabremos si siente lo mismo por ti
Ximena: — De acuerdo, pero no le digas que yo quiero saber sobre él
— Está bien. ¿Y qué has hecho en todo este tiempo? ¿No le has hablado?
Ximena: — No, le he ignorado por completo
— Pobre
Ximena: — Lo sé, y me siento mal por ello. Sé que él pretendió darme un beso, pero eso no significa que me ame, y no quiero salir lastimada
— Te entiendo
Era comprensible, yo estaba en una situación similar con Dante, pero al menos ella tenía una oportunidad con Marcus, mientras que yo con Dante… bueno, eso era un asunto completamente diferente.
Sábado.
Siguiendo nuestro acuerdo, Marcus y yo nos dirigimos a Los Ángeles.
Nos alojamos en un hotel cercano al lugar de su reunión, un lugar verdaderamente impresionante. Nunca antes había estado en un sitio tan lujoso aparte de la empresa.
Cumplí mi parte y acompañé a Marcus a la reunión, donde necesitaba mi ayuda para realizar una presentación sobre nuestra empresa. Se trataba de un proyecto nuevo para atraer inversores, especialmente para las sucursales que planeábamos abrir en todo el país.
6:22 pm.
A esa hora regresamos de la reunión, la cual había ido bastante bien. Algunos inversores presentes parecían interesados en apoyar nuestro proyecto, lo cual me llenó de alegría, ya que significaba un posible crecimiento para nuestra empresa.
Marcus: — ¡Uf!
— ¿Cómo te sientes?
Marcus: — Preocupado, espero que les haya gustado nuestro proyecto
— Tal vez, debemos tener fe
Marcus: — Claro, de todos modos, mañana tengo que volver, y si prefieres, no necesitas venir. Solo estaré esperando y viendo si alguien llega para firmar algún acuerdo
— ¿No necesitarás mi ayuda entonces?
Marcus: — No
— ¿Estás seguro?
Marcus: — Sí, lo haré yo
— Está bien, pero me quedaré igualmente, por si acaso
Marcus: — Puedes tomar el día libre.
No le diré nada a Dante — dijo con una sonrisa.
— Está bien. No me delates
Marcus: — Pásala bien
— Gracias. ¿Nos vemos mañana a las siete?
Marcus: — Sí, recuerda que a las ocho sale nuestro avión
— Perfecto
Marcus: — Hasta mañana
— Hasta mañana, buenas noches
Ambos sonreímos y él entró a su habitación, que estaba cerca de la mía. Así que, me dirigí a la mía y lo primero que hice fue tomar una ducha antes de ir a dormir. Aunque aún era temprano, tenía sueño.
Mientras me ponía el pijama, recordé que Dante también estaba en la misma ciudad, por lo que busqué en mi Laptop la dirección de su hotel, ya que yo había hecho la reserva del hotel.
En definitiva, encontré la dirección, que no estaba muy lejos de donde estábamos, lo cual podría ser una ventaja para mí.
Tenía en mente buscarlo, aunque tampoco podía hablarle si nos cruzábamos, porque él no estaba al tanto de que había salido de la oficina, no se lo había comunicado. Sabía que si se enteraba de que había salido sin su autorización, podía esperar lo peor. Dante era conocido por su arrogancia y rigidez en el trabajo, y no dudaba que podría tomar medidas drásticas, como despedirme. Así que no estaba dispuesta a correr ese riesgo.