Luego del juicio llegó a su casa, la cual estaba fría, silenciosa como un completo cementerio. Se paró en medio de la sala, dio algunas vueltas y lloró fuerte. Estaba sola, había perdido todo. Este era su castigo, ese era su karma por haber mantenido una relación tanto tiempo con su primo. ¿Y que había de él? ¿Cuándo comenzaría a pagar? ¿En qué momento perdería lo que acababa de conseguir? Él tampoco se merecía esa felicidad. Él también fue culpable, incluso más que ella. Porque él la incitó a hacerlo. Fue su culpa que ella se quedará prendada de esos labios y se dejará llevar del momento. Él era el único responsable. Porque a ella no le interesaba hasta que la besó. En ese momento todo cambió, dejó de verlo como el primo que era, dejó de considerarlo como su familia y empezó a verlo c

