Noah se encontraba en una reunión, cuando salió todos empezaron a mirarlo extraño. Él no lo había notado hasta que llegó a una sala más grande dónde los murmurios se hicieron más claros. Aunque no se detuvo pasó mirando de un lado a otro sin entender porque los empleados cuchicheaban. Al doblar en el siguiente pasillo donde se encontró con su asistente cuestionó. —¿Alguna novedad? —¿No lo ha visto aún, señor? —negó sin darle importancia—, señor, creo debe ir a su casa. —¿A mí casa? ¿Por qué? —ya empezó a preocuparle —¿Qué ha pasado para que digas que debo ir a mi casa? Colocando la tableta en frente de Noah dio clic y el vídeo empezó a rodar. El ceño de Noah se frunció al escuchar la descabellada mentira. Porque para él eso era una mentira, una gran mentira sobre su esposa. Desco

