Entró a la habitación de su hijo, lo vio dormir profundamente en la cuna. Estaba largo y muy bien alimentado, ya tenía tres años, ya había crecido, era muy inteligente, muy hermoso. Muchas veces, cuando lo veía dormir pensaba en aquel que no nació. Pensaba en ¿cómo sería? ¿tendría el mismo temperamento del que dormía o sería totalmente diferente? Eso no podía saberlo porque ella le arrebató la vida. Aunque se mostró feliz ante el mundo, sus familiares y esposo, el peso de su conciencia por lo que había hecho la arrollaba por las noches obligándola a llorar silenciosamente. Con un nudo en la garganta acarició el cabello de su hijo al cual amaba con todo su corazón y siempre pedía que Dios le diera vida para verlo crecer, sano y fuerte. Que las acciones de su pasado no afectaran a su h

