36. ú —¿Louisa estás bien? —preguntó Piero. —Lo siento haberte levantado —respondió Louisa por inercia—. Espera ¿qué haces aquí? —Ayer llegamos tarde con Carlos y vimos que te habías quedado dormida, no te quisimos levantar. —¿Y te quedaste durmiendo aquí? —Sí, no te iba a dejar sola durmiendo en la sala. —Podrías haberlo hecho, no necesitaba que alguien me acompañara. —Claro que sí, no dejabas de gritar, me preocupé mucho. —Lo siento, no puedo evitar levantar a la gente con mis pesadillas. —Es tu mente intentando recordar cosas del pasado, no deberías reprimirlas… —No las reprimí, y ahora tengo más claro el panorama sobre mis sueños. —¿Qué has podido recordar? —El chico con el que siempre sueño, es Leonardo, estoy comenzando a recordar cuando estábamos en la secundaria, la pri

