La vida es bella

1164 Palabras
Capitulo 2 La vida es bella. Por Duncan McCarthy Hace 5 años atrás… A veces la vida es más bella de lo que uno puede pensar y hoy es uno de esos días para mí. Me veo frente al espejo vestido con mi uniforme de gala preparándome para mi matrimonio con la mujer más bella del planeta. —Eres un verdadero suertudo, McCarthy —le hablo mi reflejo con los ojos llenos de ilusión. Con Alina por fin daremos el sí frente a Dios y a nuestras familias. Han sido cinco años de un hermoso noviazgo. No niego que a veces hemos tenido nuestras discusiones y nos hemos separado, pero el amor que sentimos el uno por el otro ha sido el vencedor y hoy lo confirmo frente al altar. Termino de arreglar la faja de mi pantalón y sonrío como bobo, cuándo tocan a la puerta. —¡Hey, idiota felicidades! Por fin darás el sí frente a todos los estúpidos que no confiamos en el amor. —El idiota eres tú que tiene mal ojo con las mujeres. — Oh, sí claro…cómo no. Yo creo que el más idiota eres tú que no te das cuenta cómo es tu hermosa novia. —No empecemos Christian O’Connor, ya sé que Alina no te cae bien, pero dale un voto de confianza. Ella me ama y yo la amo a ella. —Ya déjalo en paz, Chris. Nadie lo hará cambiar de opinión, aunque las pruebas sean irrefutables. —Gracias por ser tan buen amigo, Aaron. —Todos para uno y uno para todos. Dice mi padrino, el mayor de los hermanos O’Connor, James. —Bueno, ya es hora ¿no? —Aún es tiempo de arrepentirse, hermano. —¡Basta, Chris! O te juro que no te dejo entrar a la iglesia. —Ya qué más da—se encoge de hombros y aprovecha de arreglar su propio pantalón se ve tan tierno así—, pero que conste y quedé en actas que yo siempre estaré para ti, hermano. De verdad que entendí a los chicos Alina y yo, como dije hemos pasado por muchas cosas y entre esas nuestra última separación que duró cerca de un año donde Ella se fue a Londres para seguir con su carrera de modelaje, pero el tiempo hizo que volviera a mí y aquí estoy yo que más fiel que perro guardián la esperé y la perdoné. Llegamos a la iglesia a las once treinta en punto, la ceremonia estaba pactada para el mediodía. Al llegar Me encontré con mi querido tío y padrino Lauren quién vestía sus mejores galas para la ocasión y mis cuatro hermanos, todos ellos junto a sus familias. Agradecía a dios que él estuviera aquí, representando a mis padres que fallecieron cuando éramos unos chiquillos y que él con tanto amor y dedicación se dedicara a nosotros en cuerpo y alma. Nunca sería capaz de pagar todo lo que él ha hecho por nosotros ni tampoco lo que ha hecho el señor James que nos acogió como también si fuera un padre, sobre todo a mí. La nostalgia me embargó y, en vez de saludarlos de mano, les di un tremendo abrazo a cada uno estaba tan ansioso y feliz de verlos conmigo en este momento que no repare en algo importante, los padres de Alina aún no habían llegado. —¿Alguien sabe de la familia Alina? no veo a nadie. Dice en tono malhumorado Christian y es ahí que noto que no hay nadie de la familia de la novia. —Deben venir en camino —lo tranquiliza mi tío, restándole importancia. —Ya ven que a nosotros también nos costó llegar—dice entrando apurado el señor Travis, junto a su bella esposa. —Señores Connelly. Les saludo con cariño, ellos también han sido un gran soporte para mis hermanos y para mí. De hecho, fueron quiénes me apoyaron cuando quise entrar a la academia de policía y han puesto todo de su parte con el señor James para ayudar a cada uno de mis hermanos en cumplir sus sueños. —Eso debe ser—responde Ángela, mi segunda hermana que trae en sus brazos al pequeño Max. —No pongan más nervioso a Duncan, no ven que ya parece alma en pena. Ese es Connor, el que sigue de mis hermanos y yo agradezco su intervención. Pero el tiempo pasa y ya son las doce treinta, el sacerdote ha salido para preguntar qué pasa y ninguno sabe darle alguna explicación. Veo que Chris y Aaron discuten en la entrada y siento que algo me ocultan, pero la llegada de mi suegro me termina de confirmar mis peores temores. Se acerca a mí presuroso y baja la mirada para hablarme. —Lo siento, Duncan, pero ella no vendrá. —¿De qué mierda está hablando, Flannery?—pregunta el señor James molesto. —¡Qué Alina se ha ido y no vendrá! Estira su mano y me entrega una carta mal doblada y yo tengo ganas de partirle la cara a alguien, por lo que de la misma forma que vino salió. No hubo más palabras ni alguna excusa, solo unas cuantas líneas dónde esa maldita mujer decía que no era yo, sino que ella. —Maldita perra, se los dije. No puedo creer que lo haya hecho. Suelta Chris y yo lo veo con dolor, mientras James y Aaron tratan de callarlo. —Ustedes saben algo ¿no? —Más bien lo intuimos, Duncan, pero jamás pensamos que esa loca de patio lo hiciera. —¿De qué hablas, James? —De que ella siempre fue así, sabía que tú siempre estarías para ella, pero a la primera promesa de más dinero se iría. —No estoy entendiendo nada. Digo derrotado sentándome en una de las bancas de la iglesia. —Hermano, esa bruja roja se fue porque uno de mis amigos le ofreció un suculento contrato en Roma. Lo supe porque los vi muy melosos la otra noche en el pub al que fui con una de sus amigas. —¿Por qué no me lo dijiste, Chris? —Porque ella me juró que no se iría, que le importabas y yo el idiota le creí. —Pues ya no hay más nada que decir—me levanté de la banca y me paré frente al púlpito —. Familia, amigos. Como verán no hay boda, pero no vamos a despreciar el gran trabajo que hizo la señora Diana para nosotros. Así que iremos a celebrar, aunque sea mi soltería. Puede que tuviera ganas de llorar y de sentirme el hombre más miserable del mundo, pero si algo había aprendido en la vida era que es lo suficientemente bella para vivirla y no me echaría a morir por una mujer que al final jamás me amó. ------------------------------ Copyright © 2025 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative
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