El comienzo de mi desgracia.

901 Palabras
Capítulo 1 El comienzo de mi desgracia. Por Paris Jones. ¿Este es mi fin? Veo todo rojo cuando ese maldito golpea a París y me lanzo contra él sin importarme nada, necesito salvarla, ella es mi único objetivo. —¡Maldito, te voy a matar! Comenzamos una pelea cuerpo a cuerpo y los gritos de todos a nuestro alrededor eran como un pitido en mis oídos, pero su voz no la escuchaba. ¿estará bien? ¿le habrá provocado algo ese imbécil con uno de sus golpes? —¡Ella es mía! ¡Mi mujer!—me grita ese maldito animal, sus ojos están rojos y su fuerza es sobre humana. Es como si estuviera en un estado de extasis al golpearme y recibir mis golpes. —Estas loco de remate, París no le pertenece a nadie. Su mirada ahora era de burla, por lo que no me cansaba de golpearlo, hasta que me dio un certero golpe con su rodilla en las costillas, comenzamos a forcejear y de la nada estábamos rodando a las faldas del precipicio. Caigo junto a ese maldito y espero lo peor, cierro mis ojos y pienso, mierda, ni siquiera sé en lo que pienso… Solo escucho el grito de París llamándome y luego la nada… Despierto como cada mañana en este hermoso pueblo, respirando el aire limpio y escuchando a los pajaritos trinar afuera de mi ventana. Ahora que veo tras mi ventana el nuevo amanecer, recuerdo por todo lo que he pasado en mis cortos veintiocho años y no puedo negarlo. Cada uno de mis actos ha sido por mis propios motivos, salvo esto. Estar en Cork, fue una decisión a la que me arrastró mi gran y único amigo, Christian O'Connor ¿Me quejaba? por supuesto que no. Era una agradecida por que la vida lo hubiese puesto en mi camino... Pero a veces... solo a veces me miraba al espejo y me preguntaba ¿por qué a mí? ¿Por qué tuve que vivir esas cosas? ¿Qué daño le hice a la vida para que me pasaran tantas cosas que una mujer normal no resistiría? He tenido una vida fácil, eso no está en discusión, siempre fue así. Tenía lo que quería y cuando quería, disfruté de lo mejor y de los mejores, pero eso fue un arma de doble filo, para una persona como yo que creía tener el mundo a mis pies y eso solo lo supe cuando ya fue demasiado tarde y lo había pagado con creces... Mi madre había muerto después de dar a luz a mi hermano y desde ahí las cosas fueron distintas, mi padre se casó con Emily y aunque ella era una buena mujer, no le bastó y pasó de cama en cama, mientras ella nos cuidaba como una madre, hasta que se aburrió y le pidió el divorcio. Ya no llevaba la cuenta de cuantas mujeres habían sido la señora Jones, me olvide de eso creo que con Justine, que si no me equivoco fue la cuarta, para esa época yo vivía la vida que siempre quise, estudiaba lo que había soñado, tenía mi “independencia económica”, gracias a las tarjetas de Papi y vivía sola en mi propio departamento. Ahí fue que lo conocí a él. André Lima, un chico brasileño, hijo de una de las familias más destacadas de Río de Janeiro(eso fue lo que me dijo y yo le creí), que con su sonrisa jovial y su piel bronceada me deslumbró. Nos hicimos novios en menos de dos meses y al tercero estaba recibiendo la mejor propuesta de matrimonio a los pies de la estatua de la libertad. Todo era perfecto, a él le di todo, mis primeras veces, mi amor y mi billetera. Tarde fue cuando lo conocí realmente… Su familia por supuesto que era adinerada, pero era porque se dedicaban al tráfico y no solo de drogas, también de personas. Cuando todo se destapó, mi hermoso castillo de naipes cayó como si una suave ventisca lo hubiera azotado y desplomado y… sufrí, lloré y me maldije y los maldije a todos. Los Scott, lo había hecho y en algún punto pensé que era todo por salvarle el pellejo a uno de sus hijos y “amigo” de mi marido, pero cuando comenzaron las audiencias me enteré de todo lo que había hecho ese hombre, al cual juraba conocer como la palma de mi mano. Mi marido. Qué ilusa fui, pero ahí entendí muchas cosas, como el hecho de que no tuvieramos hijos, el muy maldito tenía mujer y dos niños, yo solo era su chequera y cohartada perfecta para llegar a la élite de la sociedad Neoyorquina y vender su mierda. Mi padre, lo obligó a firmar el divorcio, mientras estaba en la cárcel y por primera vez agradecí que hubiésemos firmado ese acuerdo prenupcial y la separación de bienes que me liberó de ese sujeto. Sé que André pidió verme más de una vez, pero yo me negué, su familia lo había abandonado a su suerte y yo… también. Hoy, después de casi siete años miro hacia atrás y me siento orgullosa de la mujer que soy, ya no soy la niña mimada, tampoco soy la mujer engañada, soy solo yo… París Jones. ------------------------------ Copyright © 2025 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative
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