Llegamos hasta los vehículos oficiales. Varios estaban corriendo de un lado a otro, pocos se dieron cuenta de nuestra presencia, pero ninguno nos prestó una atención especial, algo poco común. — ¿Uso mis poderes?— le susurré a Alian, al ver a la alguacil acercándose que al parecer no venía muy seguido. Alían masculló por lo bajo una maldición, pero sonó más a un gruñido —Qué lindo lobo— dije sarcásticamente. —Yo no te eduque así Helian— murmuró, resople, a Alían no le parecía correcto usar nuestros poderes con los humanos a nuestro favor, a excepción de las misiones, allí era indispensable usar nuestros poderes en ellos para protegerlos a ellos mismos. Mire un poco al cielo. Confundida me giré hacia Alían. — ¿Cómo me educaste realmente?— deje la pregunta en el aire, como si fuera un eni

